𝙉𝙖𝙧𝙧𝙖 𝙊́𝙨𝙘𝙖𝙧
Desperté esa mañana bastante irritado, al mirarme al espejo lo primero en lo que me fijé fue en que me faltaba una cosa... ¡Claro, las gafas! Fui hacia mi mochila y de dentro saqué el estuche de las gafas, coloqué estas sobre el puente de mi nariz y fui de nuevo al baño para seguir mirándome un rato en el espejo, al fin y al cabo, nunca iba a decir que tenía inseguridades sobre mi cuerpo, sin embargo lo que sí me iba a decir a mí mismo era...
-Eres un desgraciado...-susurré como últimas palabras antes de salir del baño, me vestí con ropa un poco ancha, no era mucho de que se me marcara la barriga, debía admitir que era algo que tampoco me gustaba de mí mismo.
Miré la taza que tenía en frente, la galleta flotaba en la leche, usé la cuchara para sacarla y comérmela.
-Adiós mamá, nos vemos.-me despedí de mi madre para finalmente juntarme con Oriol en la esquina de siempre, me miró de arriba abajo y rió.-¿Qué problema tienes tío?
-No sabía que los pantalones de pijama era una moda.-me dijo, observé mis pantalones y me había olvidado de cambiármelos. Me cago en la puta.
-Con suerte nadie lo notará.-observé al final de la calle se iba a comprar una señora al Pakistaní. Me había olvidado el bocata. ¿¡Es que nada me podía salir bien esa mañana!?
-Óscar, hoy estás demasiado dormido.-mencionó mi amigo de al lado mientras subíamos la cuesta hacia "el infierno".
-No he dormido bien, me he pasado la noche en vela.-dije rascándome el ojo con cansancio tratando de quitar las legañas.
-Bueno, por suerte estamos al lado del insti y ya no vas a caminar más.-dijo haciéndome asentir.
Llegamos a la puerta y vimos como el Ricard y el Frederic nos esperaban allí, joder si tan solo supiera el por qué en ese momento me importaba tanto que el Ricard se hubiese reído de mí por haber venido con pantalón de pijama. Por suerte no duró mucho.
Habíamos entrado al aula y como siempre el Ricard incumplía las normas de sentarse y se ponía detrás mío, en parte me gustaba que lo hiciera para poder hablar conmigo.
-¿Hoy qué toca?-pregunté, el Ricard inmediatamente sacó su agenda y observó el horario.
-Toca sociales, con la Laura, esta clase no te podrás dormir cabrón.-dijo riendo y contagiando su risa al Frede y a mí.
-Joder tío, al menos cúbreme un poco.-sonrió, nunca me había fijado en lo mucho que me gustaban sus dientes sin brackets, se veía más... Atractivo.
-Está bien capullo, pero luego me pasas los deberes de inglés.-asentí poniéndome contra la pared y cerrando los ojos para descansar un rato.
Abrí los ojos lentamente por escuchar el timbre del patio, otra vez la música era una mierda.
-Tío ¿Y si nos saltamos clases?-me sorprendí ante lo dicho del Ricard, sin embargo inmediatamente pensé en pasar el día a solas con él ¿Por qué me había sonrojado al pensar en eso? Mejor dicho ¿Por qué había pensado en eso?
-Venga.-dije inmediatamente y noté como me pilló de la mano, usualmente si hubiese sido otra persona le hubiese dado un manotazo, sin embargo a él le dejaba hacerlo, era como una droga antidepresiva su mano, era cogerla y instantáneamente sentir felicidad al hacerlo.
Estábamos escondidos en el baño, en un mismo pupitre solo para que no nos pillaran, tanta cercanía me ponía nervioso.
-Muy bien, ¿Qué quieres hacer?-me sorprendió que lo primero que me viniera a la mente fuera decirle "besarte", sin embargo por suerte siempre pienso antes de hablar y le contesté totalmente diferente.-Jugar con el móvil, fijo no nos pillan.-sonrojado y extrañado por haber pensado eso saqué el móvil de mi bolsillo y lo encendí poniendo el Brawl Stars.
-Venga va.-dijo sonriendo e imitando mis acciones. Observé su cara, ¿Por qué estando en cuarto de la ESO me enamoro de alguien como él? Es decir, en tercero tenía muy claro que era hetero, sin embargo algo brotó en mi al ver como reaccionaba ante lo que hacía o decía el Ricard. Era estúpido decírselo ahora cuando ya habían pasado cuatro años de nuestra amistad. Odiaba sentirme así, lo rechazaba, rechazaba el hecho de que me gustaba un hombre, me negaba a que me gustara. Sin embargo... En algunos momentos la vida te da una patada para que reacciones y te des cuenta de que te equivocas al no ver tus sentimientos y empeñarte en negarlos.
Vale, sí, lo admito, el Ricard me gusta, me gusta mucho, lo puto amo.
Aún que... Sería mejor ser capaz de decírselo a la cara... A su hermosa y detallada cara...
𝙍𝙞𝙘𝙖𝙧𝙙... 𝙈𝙚 𝙜𝙪𝙨𝙩𝙖𝙨
Lástima que yo a tí no te guste... Realmente te amo... Puto niñato... No te atreves a robar una chuche pero sí que te atreves a robar mi puto corazón.
-Vamos tío, casi le gano.-dijo frustrado, simplemente reí incómodo, después de haber pensado en eso, no sabía como reaccionar al estar a dos putos pasos de él. ¿Qué hago, lo beso?
Sonó la campana de irse, ¿Tan rápido? Menos mal, podré irme a casa y darme una ducha de gua fría para quitarme estos pensamientos del Ricard.
Aún que... Seamos sinceros... ¿Quién no se enamoraría de él? Es más o menos alto, tiene la cara ovalada, tampoco abusa del ejercicio pero se nota que sí lo hace, tiene unos ojos avellanas más puros y brillantes que un diamante y un pelo más esponjoso que la esponja que uso para bañarme. Repito, después de esto ¿Quién no acabaría a sus pies?
-Pues todos Óscar, solo te gusta a tí, a nadie más que a tí, imbécil...-susurré a lo lejos yendo a mi casa, los días duros eran jodidos de soportar, pero en ese momento tenía un día duro y por pensar en el Ricard la entrepierna igual de dura.
𝙋𝙪𝙩𝙤 𝙍𝙞𝙘𝙖𝙧𝙙
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El último beso de Diciembre
RandomÓscar es un chico que asiste a un instituto de España muy poco conocido, dentro de este instituto tiene a su mejor amigo Ricard, un chico con el que comparten gustos desde primero de la ESO, sin embargo el pobre chico debe de descubrir qué hace que...
