El movimiento rápido por las calles, solo algunos se paran a observar su obra, a pesar de los años convulsos tras el fin de la guerra y el movimiento pacifista, artístico, social y cultural que le acompañó, no era un buen día para vender sus cuadros. Tenia paisajes de la ciudad, algunos mas abstractos y por un módico precio te podía hacer un retrato.
Pasaron varios días, algún dinero consiguió, a aquella chica con falda y blusa hippie le gustó un paisaje de la ciudad durante un mercadillo de artesanía, se lo dejó rebajado. Ella mientras miraba de reojo su cabello rizado y rasgos exóticos. Tras esto Joe recoge sus cosas y se marcha, quien sabe donde. Ella vivía justo enfrente, en unos pisos de apartamentos con varios compañeros que iba y venían, actualmente eran dos chicas y tres chicos, pasaban el rato creando melodías, escribiendo poesía, pintando, fumando y bebiendo, eran tiempos bohemios y felices, idealistas. Ella pintaba y pronto expondría su obra en una galería.
Al día siguiente Joe, con unos pantalones bombachos y una camisa de flores, se dispuso a seguir pintando, dispuso sus cuadros, algunos curiosos se paraban, eran verdaderamente hermosos, sus manos diestras llevaban años perfeccionando la técnica, aunque su arte era innata. -Hola-. Saludo la chica del día anterior. - Les gusto mucho tu cuadro, a mis amigos-, continuó. Una pareja con una tímida niña de unos cuatro años les interrumpió, estaban interesados en un retrato para la pequeña. -Disculpa, parece que tengo trabajo-, se despidió amablemente.
Ella esa misma noche, entre porros y risas, le hablo a sus compañeros del pintor callejero, le intrigaba muchísimo y sentía que seria un gran aporte para su comunidad de artistas, tenía todo para ello. Así que al día siguiente acompañada de dos de sus amigos, uno de los chicos y la otra chica se presentaron en su modesto puesto de pintura. Mantuvieron una animada conversación sobre donde vivía, cuando comenzó a pintar, que opinaba sobre la vida, sus ideales, la paz. Era ideal, podía comenzar con tomar algo con ellos.
Había pasado un mes, eran días divertidos para Joe, pasaba el tiempo charlando, leyendo y lo que le apasionaba, pintando. Porque le gustaba tanto pintar aquellos paisajes urbanos, desde aquella quinta planta, pensaba ella. Ellos decían que malgastaba su talento, pintando esas calles, esos edificios desde aquella ventana donde se pasaba horas y horas, día tras día, fiesta tras fiesta, poesía, pintura, música desbordaban aquel apartamento. Completamente integrado con sus nuevos compañeros, tan amigable, tan pacifico, ella cada vez más intrigada por aquellos ojos negros, apasionados, su cabello enroscado, salvaje. Su acento no tan marcado, podría ser de cualquier parte del mundo, el amor era libre en aquella época. Mientras seguía pintando a través de aquella ventana, ignorando cualquier intento de flirteo , lo que le hacia cada vez mas irresistible.
Una llamada de teléfono desde una cabina cercana, seria en una semana, ya estaba reservado el vuelo, parece que haya pasado una eternidad, cada día sin él eran dolorosos, la dirección estaba clara, la agónica espera llegaría a su fin. Mientras seguiría pintando desde su ventana.
Era de madrugada, todos dormían resacosos por la jornada de fiesta del día anterior. Joe tumbado en su cama, bocarriba mirando el techo, absorto en sus pensamientos, su mente de casi 900 años seguía tan aguda como el día de su primera muerte a manos de ..., sonó la puerta, tres suaves golpes que se perdieron en la noche, fue como tres palpitaciones de su corazón. De un salto se levanto, en silencio como un gato, para no molestar el sueño de los otros, abrió con cuidado la puerta del apartamento. Una sonrisa y dos ojos azules le esperaban, su rostro anhelado. Recogió su equipaje, lo dejo pasar entre las sombras, cerro cuidadosamente y hizo que lo siguiera a la habitación, una vez dentro se lanzo a sus labios como si no los hubiera besado hace un siglo. No tenia espera, un escalofrió le recorrió toda su espina dorsal, ni el pasa do los siglos harían que su cuerpo no vibrara en sus brazos. Nicoló, su Nicky era solo para él, en aquella habitación por fin solos, sus cuerpos sedientos el uno del otro, se tomaron como el que encuentra un oasis en desierto, con sus lenguas exploraban las del otro. Nicky disfrutaba deslizando sus rizos entre sus dedos, desviándose por su nuca, luego hacia delante por sus clavículas buscando los botones delanteros de su pijama, desabrochandolos uno a uno dejando al descubierto aquel cuerpo fuerte y formando, todo un espectáculo que hacia que dentro de su pecho su corazón latiera con fuerza. Suavemente con leves empujones lo acompaño hasta que Joe quedo tumbado en la cama, de la misma postura que hacia un rato, pero su visión en lugar de un triste techo, estaba él, su amor, quitándose la chaqueta y la camisa soltándola en cualquier sitio con una sonrisa en sus labios y una mirada que lo devoraba apasionadamente, acomodándose sobre él, con un abrazo para seguir sirviéndose de sus labios. Joe sentía todo el peso sobre su cuerpo, todo lo que era él, su mundo, su mundo entero. Abandono sus labios, Joe intento seguirlos siendo detenido solo con la mirada, Nicky comenzó descender besando, mordiendo todo lo que se encontraba a su paso, primero su cuello, luego siguiendo la línea de sus clavículas hasta lamer uno de su pezones, ya Joe no controlaba su respiración, tensaba sus músculos, encorvando levemente la espalda, Nicky seguía jugando con su lengua sobre el cuerpo de su amante, siguiendo la línea alba. Joe solo podía agarrar las sabanas, lanzando gemidos sordos, casi silenciosos como los que el paso de los siglos les había enseñado a esconder, su pasión en las noches más oscuras, en silencio, escondidos de ojos y oídos inoportunos. Cuando el italiano comenzó a retirar los pantalones de su amante, de su todo, dejando al descubierto su objetivo totalmente izado, vibrante solo para él, con media sonrisa y mirando fijamente a los ojos de su Joe totalmente entregado lamió primero su inflado glande de la que sobresalió una gota, como una lágrima, tomada con un beso, se relamió los labios como si fuera el néctar mas dulce, comenzó a introducirlo en su boca dulcemente, despacio al principio, tomando ritmo al notar que sus caderas realizaban leves movimiento, Joe creía que se le iba la vida, su boca seca, notaba como sus terminaciones nerviosas hacían correr la electricidad a través de su médula, no podía pensar en nada, solo en lo que su cuerpo le daba, seguía mas, y mas, la saliva chorreaba por los lados húmeda en todo su sexo. Paro en el momento justo, cuando la excitación había llegado un punto que le pedía mas. Se la saco de entre sus labios, la entrega era total, en ese momento podría hacer todo lo que le pidiera, pero quería más, mucho más, quería sentir más, mas cerca, mas adentro. Suplicando a sus ojos azules que perdió por un momento mientras comenzó a desabrocharse el cinturón despacio, y lo que le pareció una eternidad, se deshizo de los pantalones y botas. Ambos amantes completamente desnudos, admirándose el uno a otro, jamás se cansarían de mirarse cada rincón, cada curva de sus cuerpo. Joe se giro mientras Nicky lo miraba divertido, saco del cajón un pequeño tarro de lubricante lo vertió en su manos y lo unto sobre el pene de Nicky con un masaje, era suave y estaba firme. Joe se volvió a echar sobre su espalda suplicando con la mirada, Nicky sabia perfectamente cual era su necesidad, tomo sus piernas elevándolas sobre sus hombros, quedando Joe con las caderas elevadas y su abertura expuesta, echa su cabeza hacia atrás curvando su espalda, acomodándose. Comienza a rozarse desde la base del escroto siguiendo la línea perianal, presionando y luego pasando de largo, Joe para satisfacer su necesidad toma su polla con movimientos de masturbación, no podía evitarlo, era una necesidad, quizás fuera lo mas cerca de morir que estaría nunca. Nicky disfrutando del espectáculo, seguía rozándose bien lubricado comenzando a empujarle con su glande. El de abajo acomodando sus caderas por fin sentía lo que todo su cuerpo le pedía, poco a poco comienzan a empujarse, introduciendo el pene un poco más en cada envestida, hasta que todo se introduce dentro, muy adentro de su amor. Paró un segundo, mirando, Nicolò con su bondad característica para cerciorarse que su Yusuf se encuentra bien, que con ojos suplicantes le pide que continué. Rítmicamente, ambos cuerpo como uno se tratase, hacia detrás y hacia delante, tomando poco a poco, muy poco a poco velocidad. Mirándose a los ojos, aquellos ojos en los que les gustaba zambullirse, tomándose el uno al otro, respirando, gimiendo, sintiendo hasta que Nicky vio como Joe soltaba su polla, el placer, la excitación era suficiente tener su trasero lleno. Sus dos cuerpos sudando, sobre aquella cama, como si no existiera nada mas sobre la faz de la tierra, solo ellos dos en su baile, Nicky apretaba con fuerza sus glúteos, con su pene dentro y el del otro tieso y chorreante, estaba en su límite, sentía como le temblaban las piernas, rápido más rápido, fuerte más fuerte, gotas de sudor de su frente caían sobre el cuerpo de Joe, que llegando al límite de su excitación comenzó a emanar el líquido blanco disparado cayendo sobre sus abdominales marcadas, cuando al instante el pene introducido igualmente se derramo en su interior. Llegando casi al unísono al orgasmo, se quedaron quietos por un segundo, con la respiración entrecortada, el corazón palpitando y la boca seca. Nicky saco ya algo mas flácido su pene notando una pequeña descarga, descendió las piernas de Joe tumbándose junto él. Quedándose así, desnudos, húmedos, uno junto al otro, mirándose a los ojos, sonriendo, enamorados.
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Boston 1976
FanfictionEs un fanfic en el universo de "La vieja guardia". Centrado en uno de sus personajes Joe. Está ambientada en la ciudad de Boston un año después del final de la guerra de Vietnam.
