—Elaine, baja ahora mismo. Vamos tarde.
La voz de mi madre atraviesa la casa con una firmeza que no admite discusión, pero hay algo en su tono que me hace detenerme un segundo antes de salir de mi habitación, como si detrás de esa urgencia hubiera algo más profundo, algo que no está diciendo. Aun así, respondo que ya voy, aunque mis manos tiemblan ligeramente al acomodar mi ropa, incapaces de ignorar esa sensación extraña que lleva horas instalada en mi pecho.
Hoy cumplo 18 años. Hoy descubriré mi poder... o al menos eso debería ser lo único en lo que pienso. Pero no lo es. Hay algo más, algo que no logro explicar, una especie de presentimiento que se arrastra por mi mente como una sombra persistente, como si una parte de mí ya supiera que este día no será como los demás.
En Luxo, todos nacemos con un don. Es parte de nosotros, tan natural como respirar. A los 18, ese don despierta; a los 19, lo dominamos; y después, cada uno cumple su propósito. Es lo que siempre nos han enseñado, aunque hay algo en esa explicación que nunca se siente completo, como si faltara una pieza que nadie quiere mencionar en voz alta.
Cuando bajo las escaleras, mi madre ya está esperándome. Me observa en silencio, recorriendo cada detalle de mí con una intensidad que me hace sentir incómoda, como si intentara memorizar este momento. Finalmente asiente.
—Estoy lista —digo.
Ella no responde de inmediato, pero su mirada se suaviza apenas un segundo antes de girarse.
—Entonces vámonos.
En la cocina, todo parece normal... demasiado normal. Papá está terminando el desayuno, Trock sonríe como siempre y Jack permanece tranquilo, pero hay algo en el ambiente que no encaja, como si todos estuvieran actuando una escena que ya no les resulta natural.
—Buenos días —saludo.
—Hola, hermanita —dice Trock con una sonrisa que me hace rodar los ojos.
—Hola —añade Jack.
Papá levanta la vista un segundo.
—Hola, pequeña voladora. ¿Emocionada?
La pregunta queda suspendida entre nosotros, y aunque la respuesta fácil sería decir que sí sin pensarlo, la verdad se siente más compleja, mezclándose con ese nerviosismo que no desaparece.
—Sí... y también nerviosa —admito al final.
Papá asiente, como si entendiera más de lo que dice.
—Es normal.
Comemos rápido, casi sin hablar, como si todos evitáramos detenernos demasiado en el momento. Cuando mamá vuelve a aparecer, su mirada se dirige al reloj.
—¿Todavía no terminan? Llegaremos tarde.
—Estamos listos —respondemos casi al mismo tiempo, lo que provoca una pequeña risa compartida que aligera el ambiente... pero solo por un instante.
Salimos de la casa y subimos a la nave. Mientras avanzamos, me quedo mirando por la ventana, observando la ciudad de Luxo con más atención de lo habitual. Siempre me ha parecido impresionante, pero hoy noto cosas que antes no veía: más vigilancia, más movimiento, una sensación constante de control que me hace fruncir el ceño.
—¿Por qué no nos teletransportamos? —pregunto—. Hubiéramos llegado más rápido.
Papá tarda un segundo en responder.
—Tu madre lo prefirió así.
Miro a mamá, pero ella evita mi mirada, y esa pequeña evasión es suficiente para que la incomodidad en mi pecho crezca un poco más.
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Atrapados en otra dimensión
FantasyNo todos los portales se abren por accidente... algunos te eligen. Elaine Havencroft siempre sintió que no encajaba del todo en su mundo. Hasta que la realidad se rompe frente a sus ojos... y descubre que no pertenece a él. Un error. Un portal. Y ah...
