Realidad

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Los lunes son, para mí, el día más arduo de la semana. No sólo son el arranque de una nueva jornada, sino que, trabajando en uno de los hospitales más prestigiosos de Londres, la carga laboral se triplica. Aunque me encanta mi trabajo, ser auxiliar de enfermería puede ser una tarea abrumadora. Llevo dos años cuidando de los demás y, a pesar de encontrar satisfacción en ello, la exigencia y la presión no cesan. Aquí, en este hospital, no se permiten errores.

Ah, permítanme presentarme. Mi nombre es Eleanor, pero todos me llaman Elle. Es más fácil y corto, aunque no estoy del todo segura de por qué. Mis padres decidieron llamarme Eleanor, un nombre que no odio, pero que tampoco amo. A veces, las bromas sobre mi nombre pueden ser un poco ridículas, pero me he acostumbrado a ellas.

—Elle, ¿me escuchas? —me giré para encontrarme con Théo, uno de los enfermeros que trabaja conmigo. Nos llevamos muy bien y disfruto trabajar con él. Théo es joven, al igual que yo, y tiene un atractivo innegable: alto, rubio y con unos ojos verdes que a menudo nos llevan a compararlo con Zac Efron, aunque él deteste esa comparación.

—Lo siento, Théo. Estoy muy cansada. Anoche volví a quedarme viendo mi serie —me froté los ojos, riendo un poco. Es un hábito del que siempre me arrepiento por las mañanas, pero no logro cambiarlo.

—Te estaba diciendo que en la habitación número cuatro tenemos a un hombre que acaba de tener un accidente. Nada grave, sólo algunas heridas y una fractura en la tibia. Deberías ir a verlo, tomarle las constantes vitales y preguntarle sobre el dolor.

Intenté despejarme antes de dirigirme a la habitación. Bebí un shot de cafeína y entré en aquel pequeño espacio.

Como en todas las habitaciones, había una cama en el centro, y el hombre estaba recostado con los ojos cerrados. No quería molestar si estaba durmiendo, así que me acerqué al dispositivo para medir sus parámetros vitales. Todo estaba sorprendentemente bien, demasiado bien para alguien que acaba de tener un accidente. Me giré para ver su rostro y buscar algún signo de alarma. Para mi sorpresa, el hombre estaba sentado en la cama, mirándome fijamente.

—Buenos días, señor Cray. No quiero molestar, sólo necesito saber si siente dolor en algún lugar —me sentía un poco confundida ahora que él estaba despierto; había algo intrigante en su mirada.

—Liam, llámame Liam, Eleanor...

No tenía idea de cómo este hombre conocía mi nombre. No recordaba haberme presentado. Lo miré, curiosa y algo nerviosa.

—No le he dicho mi nombre, Liam. ¿Nos conocemos?

El hombre estalló en una carcajada al ver mi expresión de confusión y señaló mi blusa, donde estaba claramente escrito mi nombre y apellido.

—Me siento como una idiota.

Después de esto, mi intención era salir de la habitación lo más rápido posible y no volver a cruzarme con él. Debía pensar que lo había juzgado, algo que no suelo hacer.

—No es nada, Eleanor. No quiero molestarla más, pero estoy seguro de que nos volveremos a ver.

¿Qué quiso decir con eso? ¿Por qué sus palabras parecían estar cargadas de promesas?

Elle {Primer capítulo}Stories to obsess over. Discover now