-Parte I-

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El reluciente manto del sol despedía el día con sus últimos rayos, que parecían bañar los montes con brillante oro. Por encima de las gigantescas montañas, entre el espeso follaje y bajo las inflexibles ramas de los más corpulentos árboles, paseaba la fresca brisa de la tarde y el horizonte resucitaba en una maravillosa combinación de colores vivos. Como en cualquier tarde a mediados de otoño, los cadáveres de hojas marrones y crujientes pululaban como inquietas mariposas cuyas alas frágiles se habían roto, pero nada de la magnificencia de aquello distraería a los cazadores de la molestia que sentían porque uno de sus integrantes había perdonado la vida a un vampiro, otra vez.

-¡Quién lo entiende!- Se burló Kamei, llevándose un trozo de pan a la boca. -Se dedica a cazar chupasangres y en cuanto ve la oportunidad, los deja vivir. Es hasta gracioso.-

-Si no fueras tan bueno en tu trabajo, te echaríamos del regimiento, Haru.- Añadió el coronel Takei, cuya amabilidad en el tono no coincidía con sus rudas palabras.

Kato sostuvo una mirada cansada y se mojó apenas los labios con un trago de aguardiente. Estaban reunidos a lo largo de una gran mesa rectangular de madera en una casita que solían usar como punto de reunión luego de un cansador día de cacería. La sangre seca y olorosa se había oscurecido en sus manos y algunas heridas recibidas palpitaban de dolor, pero estaban acostumbrados. El uniforme consistía en camisetas blancas de tela delgada y tejida a mano, pantalones oscuros, botas negras y un abrigo que, como una capa, los cubría hasta los pies. Las ballestas reposaban en el terroso suelo infértil y la humedad del recinto hizo de la atmosfera una intensa nube caliente.

-¿El lunes intentaremos matar a los que quedaron heridos?- Quiso saber Teppei. -Serán fáciles de vencer ahora que están débiles.-

-Es lo más conveniente.- Respondió Takei amasándose los ojos, como si estuviera agotado. -Pero creo que debemos concentrarnos en proteger a la mujer embarazada que vive a pocas calles de aquí, en la periferia de la aldea. Los miserables de seguro esperan el nacimiento con ansias para robar el niño y devorar a la madre.-

-¿Pero dejaremos desprotegidos a los demás?- Dudó Hoshino, sentado junto a Haru.

-Claro que no. Solo digo que ese día en especial nos concentraremos en proteger a la madre, luego nos reuniremos todos para matar a los que nos atacaron hoy.-

Se hizo un silencio interrumpido solo por ruidos de los hombres tragando licor y Chosuke, el más viejo de todos, repensó el plan y dio su visto bueno además de algunos aportes. Era importante para ellos considerar la opinión de los ancianos, puesto que eran muy pocos los que lograban llegar a una avanzada edad.

-Como sea, por ahora solo quiero disfrutar lo que queda del día.- Se relajó Tappei en su asiento de madera. -Mañana es domingo. En otro momento veremos cómo acabar con esos malditos. Ahora tratemos de hablar de otra cosa.-

El grupo se distendió y empezaron a charlar con mayor liviandad, cada dos personas de un tema diferente, mientras Haru veía el sol descender por la ventana, ansioso porque cayera de una vez por todas y las tinieblas nocturnas envuelvan al pueblo. Paradójicamente, ya que por las noches era cuando los vampiros tenían la ventaja, pero por fortuna para los demás y por desgracia para Haru, todavía era temprano.

-¿Estás bien, Haru?- Chasqueó los dedos Hoshino ante el rostro de su colega.

-¡Ah! Claro.- Parpadeó dos veces. -Lo siento. ¿Estabas diciéndome algo?-

-¿De verdad te sientes bien? Te noto algo distraído.-

-Tengo sueño pero estoy bien.-

-¡Y lo peor de todo esto es que todavía no pudimos con Kambe!- Se quejó Takei golpeando un puño contra la mesa, todavía hablando del tema con Kamei. -Si lo matáramos, se reduciría el peligro considerablemente. Aquel desgraciado controla a los demás. Es degradante que seamos tantos y que aun así no podamos contra él.-

Sangre y corazón - DaiharuStories to obsess over. Discover now