A nadie le regalan el dinero, es una realidad. Es como cualquier padre le diría a su hijo: "el dinero no nace de los árboles". Cuauhtémoc López lo sabe perfectamente, quizás, es la persona que más lo tiene en consideración.
Buscar cómo preservar el dinero es una necesidad del ser humano promedio. Todos lo hacen. A pesar de ser algo tan común, esa es la razón por la que Cuauhtémoc no logra entablar relaciones afectivas con ninguna persona. Y aunque no lo creas, eso le provoca alivio y satisfacción; así no tiene por qué gastar en amigos ni en parejas. Sí, es que probablemente aquello de "ahorrar" lo ha llevado a un extremo completamente radical.
Pero las diversas situaciones de la vida lo ponen a cualquiera en conflicto con las de otros. Las personas no entienden a Cuauhtémoc, ni Cuauhtémoc los entiende a ellos. A él le parece una barbaridad la vida cotidiana de los demás, tanto como la suya a cualquiera. Porque, aunque no está de acuerdo, su vida es un tanto... extraña. La gente dice que es un tacaño, él prefiere el término de administrador de gastos consciente; la verdad es que, este inusual joven, es un ahorrador compulsivo. Y como sea, Cuauhtémoc se siente orgulloso de eso, lo presume incluso como su mayor cualidad.
Vive en un pequeño departamento al sur de la Ciudad de México, en una zona bastante bonita en la alcaldía de Coyoacán. Puede darse el lujo de vivir en un lugar no tan modesto y en una ciudad concurrida y nada barata, sólo porque el departamento le pertenece, pues su abuelo —en paz descanse— se lo heredó. Y claro, el lugar además le resulta conveniente por la cercanía con su trabajo.
No tiene coche, ¿cómo podría? considerando el gasto colosal que representa tener uno, jamás se atrevería, no, él lo ve innecesario y, además, lujoso. Prefiere desplazarse a cualquier lugar que necesite en su bicicleta; es vieja y quizás está un poco deteriorada, pero eso sí, siempre bien presentada, con pintura azul celeste encima de la corroída, además de una hermosa canastilla que adaptó al frente del volante para darle un toque propio. Puede parecerte necedad que desista de comprar una más decente, pero él mismo lo ha dicho: ¿Para qué conseguir otra si está prácticamente nueva?
Y si el concepto de nueva para él son las más de cien reparaciones que le ha hecho, entonces seguro es una nueva, y de las buenas.
Que no te sorprenda, este no es el hábito más ahorrador que tiene, de hecho, es probable que sea en lo que más se permite gastar.
El departamento y su administración es todo un caso. Jamás ha gastado en un sólo mueble, todo lo que tiene es un antiguo sillón que le perteneció a su abuelo. Lo demás se compone de un sencillo juego de comedor, integrado por una mesa de madera y una única su silla. Cuenta con un par de sillones viejos para la sala y una mesita de centro tan antigua como el resto de los muebles. También está la cocina, con una estufa, el fregadero y un refrigerador. Para las dos habitaciones, ambas venían integradas con un closet, cada una con el mueble de la cama y un colchón. Si cuenta con éstos, es porque ya estaban dentro del departamento cuando se compró. Los demás muebles complementarios los consiguió en diferentes basureros de la Ciudad, así como la mayor parte de sus pertenencias.
Siempre se sorprende de encontrar objetos que considera casi nuevos y en perfecto estado dentro de los basureros y depósitos a los que acude con regularidad. Los lleva a su departamento, los limpia, y los usa como si nada. Así es como se hizo de una tele, una vieja aspiradora, un reproductor de música, bocinas, espejos, entre una diversidad de artículos diferentes. Realmente no le importa por qué fueron desechados, ni que estuvieran en el basurero, o donde fuera que lo encontrara. Si están en buen estado, le sirve. No concibe la idea de comprar muebles nuevos y los miles de pesos que, en palabras suyas, tira la gente.
En cuanto a sus gastos, lleva libretas, enormes e interminables, de la contabilidad y administración de cada cosa en la que debe gastar. Tampoco cuenta con muchos servicios que administrar, no pienses en televisión por cable, servicios de streaming o membresías, por supuesto que no. Mantiene lo indispensable, luz, agua e internet; y sólo cuenta con éste último porque lo necesita para su trabajo y porque ya lo tenía antes de cancelar el servicio de telefonía. Sobre servicios cancelados, solía tener gas, pero según sus cuentas administrativas, cobraban demasiado, así que se consiguió una parrilla eléctrica y se deshizo del gas; ahora ahí cocina y, de vez en cuando, calienta el agua con la que se baña, porque leyó por ahí en algún lado de internet los beneficios de bañarse con agua fría, y con eso, se ha sentido mucho más consciente de haber cortado ese servicio. Sobre la telefonía, la considera innecesaria pues no recibe ni hace llamadas, en todo caso, utiliza su celular, y le carga el mínimo de crédito cuando es necesario; si alguien tiene que llamarle, lo hará a ese número.
ANDA SEDANG MEMBACA
Al estilo del ahorrador ; aristemo
Fiksyen PeminatCualquier persona que lo conozca, le llamará "Tacaño", pero él prefiere definirse como un administrador de gastos consciente. ¿La verdad? Cuauhtémoc es un ahorrador compulsivo. Desde muy pequeño aprendió a honrar el valor y el esfuerzo que conlleva...
