Taiga Melancólica

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El lúgubre chirrido de los chotacabras, cual ritmo se comparaba al último aliento de un moribundo, se sobreponía al canto del carpintero y daban una cruel y perturbadora apariencia al espinoso bosque. Comparable a los Grandes Antiguos Lovecraftianos o a los ebrios relatos de Poe, los arboles excretaban una espesa sabia color ámbar que hacían ver una extraña pero hermosa mezcla de colores.

El corderillo más audaz se estremecía ante el aullido del lobo, tanto que su pelaje reflejaba los horrores del estrés que sufrió, en su momento, María Antonieta.

El lobo Alfa, no era más que un solitario animal que se encontraba arraigado a las costumbres de sus antepasados. Aulló en presencia de la luna llena, apenas visible entre la niebla.

La niebla, difuminando la visión de todo ser vivo, escondía sus propios horrores. La desaparición de los hombres en su opaco estómago causaba el más triste e irremplazable dolor a sus seres queridos.

Los hombres eran presa de la curiosidad, causa de ansiedad en cualquier edad.
Curiosidad peligrosa, que al gato mató.

Y el gato gris como la niebla, ágil como corderillo, maulló a la luna por última vez; ha vuelto al bosque, ha regresado a su hogar.

SECCIÓN DE RELATOSWhere stories live. Discover now