Ven, pero sin detenerte, despójate de tus dudas, que yo desnudaré tus miedos. Si me permites, voy a arrancarte todas esas cicatrices que han dañado tu espíritu, toquemos nuestros deseos y deja que mis labios le susurren a la intranquilidad que acecha cada uno de tus días, que mis ojos te conviertan en protagonista, que mis manos recojan todo el daño que te han hecho. Porque voy a recorrer cada esquina de tu cuerpo, desde tu primer suspiro consciente cada amanecer hasta tu última respiración acelerada en la cama, permítete que te regale confianza sin intereses, no vaya a ser que continúes sufriendo más ya que sé que por esos falsos impostores terminaste hipotecando tu alma.
Me pido ese momento en el que vuelvas del trabajo, con mil historias que contar, agotada, triste, enfadada, satisfecha. Me dará igual. me comprometí con la paciencia y yo, soy de aquellos que cumple sus promesas, me fascina imaginarte en pijama, cocinando lo poco que sabes y demostrando lo mucho que eres. Tumbada en el sofá, viendo una y otra vez lo mismo y por último deseo aquel momento en el que te debatas entre las olas de la conciencia y el sueño, aquel en el que dejes de ser tú y, sin embargo, seas más auténtica que nunca.
Por eso, si algún día todo cambiase y el domingo me golpeara la cara, uno de aquellos domingos de invierno en los que se te hielan antes los recuerdos que las mano, y lo único que puedes avanzar es la distancia del olvido que se sienta a tu lado preguntándote como. Como quiero hacerlo, que pasos he de seguir hasta llegar a mi destino y conseguir mi objetivo tan triste, olvidarte. Porque sin memoria no hay identidad, y por eso, no quiero olvidarte, no quiero renacer sin las decisiones que un día tomé, sin las sonrisas que un día vi y sentí y por supuesto esos días en los que verte era energía suficiente. Lo siento, porque luché durante demasiado tiempo por cumplir tus necesidades y nuestros planes sin darme cuenta que no cumplí las promesas importantes, las que ha día de hoy me doy de bruces con mis pensamientos nocturnos, matándome por si de verdad luché hasta el final porque un futuro nunca se convirtiera en pasado. Así que imagínate cuanto dueles, que por mucho que parto de cero aparezco en el infinito intentando descubrir el camino hacia el futuro donde tu solo seas una imagen borrosa de la claridad que un día fuiste.
Perdona por haberme aferrado a la idea de que un nosotros teníamos que ser un sí o sí, perdona por haber creído que en la idea de que un para siempre podía ser nuestro apellido y perdona, sobre todo, por no haber cumplido nada de lo que acabo de decir. Ayer vivía en un presente libre de un pasado, pero hoy vivo en un futuro muy distinto al que pensé, un futuro que de repente no cabe tu nombre, un futuro lejos
de coincidir con los sueños que tenía. Lo aposté todo, lo tenía en tus manos y puse en ellas mis sueños contigo, un futuro a tu lado y el compromiso más importante de todos, un lucharé hasta el final. Lo siento, siento sentir aún tu último abrazo, el soñarte sin querer despertarme con la respiración entrecortada y llorando, que se me desgarre el alma y que cada uno de tus recuerdos me arañe el corazón, porque me da pena, pena de que no haya podido ser la que nos merecíamos algo mejor, la de que la
felicidad no cansara con nosotros y la de que todas nuestras virtudes no eran suficientes para compensar todo el daño que hice.
Aunque a día de hoy si todavía estuviera contigo, probablemente te despertarían mis besos antes que el despertador, treparía con mis labios hasta tus pestañas y dejaría la huella de un sonido en tus párpados, si yo estuviera contigo ahogaría todas las sílabas de los te quiero que aún me quedan por decirte. Si hoy estuviera contigo prepararía el desayuno entre tu boca y la mía, le pararía el tiempo al reloj para marcar el compás de mi corazón con el tuyo, aceleraría la pasión, probablemente te pediría perdón tras cada te quiero, por ansiarte tanto, por depender mi felicidad de tu sonrisa y por coincidir el brillo de tus ojos con mi forma de mirarte, te pediría perdón por haber querido tanto contigo que me olvidé de ti, por la realidad de la que no quise despertar y me llevo al abismo a base de silencios.
Si hoy estuviera contigo, nos estaríamos celebrando, lo bueno y lo malo, por lo mejor y lo peor de mí, por todo lo que hubiera pasado y no fue, por haber seguido de la mano a tu lado hasta final aun habiendo bromeado con soltarnos, hoy hubiéramos celebrado en que nuestro futuro sería siendo el lugar al que llegar, pero nunca dejar de huir. Y es que hoy si yo estuviera contigo te daría las gracias por permitirme soñarte aun durmiendo en un bucle constante a tu lado, celebraría seguir enamorado de ti, de la única persona que consiguió que metiera el corazón en una maleta para despedirme de una sensación a la que pensé, que nunca volvería. Por eso hoy eres el motivo de mis lágrimas, pero ya no de mis sonrisas, hubiera sido capaz de entregar todo por recuperar tan solo un ápice de una persona que me hizo sentir único, especial y que la vida no tenía que ser todo pena porque no hubo adiós, ni palabras bonitas. Te fuiste dejando tras de ti solo el recuerdo de tú aroma en el aire, el tacto húmedo de tus labios en mi mejilla por culpa de una lágrima suicida que quiso quedarse atrás. No hubo adiós, ni palabras bonitas, es lo único que olvido de tu huida. Eso y devolverme el corazón, te lo llevaste contigo, quizá no te diste ni cuenta pero todavía sigo enamorado y difícilmente dejaré de estarlo solo porque te hayas ido. Somos así de idiotas a veces nos enganchamos a alguien que ya ni siquiera está y nos cuesta avanzar, aunque piense que tu recuerdo es solo un espejismo de la realidad que aún no me he atrevido a romper.
No me arrepiento de ti porque te quise con todo lo que tenía, lo di todo y, simplemente, no funcionó. No hay nada malo en perder un amor, solo cierto dolor que, con el tiempo, sanará. Porque estamos hechos de errores y aciertos, y en el amor no íbamos a ser menos. Hay que tropezar muchas veces hasta que aprendes a caminar, a pisar donde debes, ya que si me arrepintiera de ti, me estaría arrepintiendo de mí mismo, de las decisiones que arriesgué por estar todo el tiempo posible contigo, y ojalá ser capaz de dejarte atrás, no te mereces doler así porque nunca hiciste lo suficiente para ganarte este derecho y, aun así, has conseguido doler más que ningún pasado. Pasa el tiempo, pero todavía me duele pensar en ti, pensar en todos esos momentos, en las noches a la vera de un banco helado, por cada momento especial que vivimos, ojalá hubiese leído en tus labios un por qué, aunque fuera mudo, quizá así habría sido menos doloroso aquel adiós. No puedo evitar pensar en ti como algo que he perdido, un vacío que nada llena pero que, estoy seguro, no estará ahí mucho tiempo.
Y ahora que ya nos hemos deprimido un rato, mira el reloj, no te voy a pedir que sonrías, pero sí que confíes en ti. Que confíes en la posibilidad de volver a estar bien, en "las malas rachas", porque eso es justo lo que estás pasando por tu vida. Por eso, tan solo te permito y te concedo que te deprimas si entiendes que después de haber llorado y después de haberte hundido el tiempo de recuperación lo marcas tú.
