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Tormentosas noches de soledad, el aire se filtra por las heridas abiertas que ahora ya no duelen, prácticamente no siento nada.

He fantaseado con el final de mi vida y lo añoro cada día que pasa, es una cruel decepción abrir los ojos y enfrentarme al mismo infierno al que estoy acostumbrado, pero, no puedo hacer nada al respecto, no tengo el control sobre mí.

El bullicio y los descuidados susurros que bien podrían considerarse revoloteo de aves diurnas sobre la copa del abedul atrofian mi tranquilidad, es un sonido que no extraño, era inquietante, molesto y no creía que pudiera volver a atestiguarlo. Resulta muy curioso despertar tal como lo hacía antes, es una interesante experiencia que espero no volver a repetir.

—¿Quién incendia la cocina? —Grité aún recostado sobre la cama apenas alzando la voz unos cuantos decibeles, me permití el lujo del escándalo pues este ya predominaba en casa antes de que contribuyera.

—E... eee, ¿ya estás despierto? —Preguntó una voz en tono de preocupación y evidente asombro, con el ajetreo que interrumpió mi sueño y la temblorina de su voz desde que comencé a percibir el molesto y chillón sonido carente de afinación y con tan poca discreción que emite siempre que abre su hocico ya me hice una idea de lo que se esta gestando allá arriba.

—No, sigo dormido

—Bien, no te despiertes aún

Me quedé en silencio contemplando el abismo, pensando si aquello fue una respuesta sarcástica y graciosa, pero descarté inmediatamente esa deducción pues aquella bestia, pulgosa, maloliente, ruidosa, fastidiosa, sucia, ¿ya dije ruidosa?, era incapaz de identificar la izquierda de la derecha, los colores, los días de la semana... No podía hacer nada solo, completamente inútil, era el tipo de ser vivo que se tomaba todo literal así que no era de sorprender que esto también lo hubiera entendido así «Mozart, eres un pendejo», pensé para mis adentros y procedí a cerrar mis ojos con la esperanza de poder quedarme dormido nuevamente, no logré mi cometido ya que a penas dejé de hablar, el caos reinó nuevamente.

Contemplaba mi impoluta imagen frente al espectro reflejante una vez más antes de enfrentarme al mundo de arriba custodiado por la estúpida criatura infernal con la que cohabitaba, era verdaderamente poderoso y sumamente fuerte pero también era un imbécil ignorante, no sé si aquello último potenciaba más su poder, pero igual me manejaba con cuidado como siempre solía hacerlo con los de su especie.

Al mirar el desastre que había por todos lados desee no haberme quedado en la cama un rato más pues me llevaría toda la noche regresarle el orden a la humilde morada de un rey que era incapaz de preparar un simple sándwich de queso sin quemar nada y eso contemplando que no era tan necesario usar la estufa para elaborar tal platillo, al ver las mechas atascadas por una viscosidad amarilla quise retractarme de inmediato de haber especificado "derretido" a la hora de nombrar cuál era mi comida favorita pero ya era demasiado tarde.

—¡FELIZ CUMPLEAUGHgjksuld...

Coloqué rápidamente ambas manos sobre su boca y la impresión en conjunto con la fuerza y velocidad de mi movimiento provocó que mi compañero callera de espaldas y yo encima de él, con algo de vergüenza dejé de tocarlo.

—Feliz cumpleaños, colmillos —Me susurró pícaramente provocando ardor en mis mejillas, "colmillos" era el apodo cariñoso con el que se refería a mí.

Movió sus dos brazos para que notara lo que sostenía, unos cuantos globos dorados y negros brillantes con forma de estrella que ponían "Felicidades Graduado" inflados con helio en su mano derecha y en la izquierda un plato con un único sándwich tostado con jamón de pavo y queso derretido apuñalado en el centro con una vela vertical aún encendida.

Desde Las SombrasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora