Prólogo

97 8 0
                                        

Ser una Rosier actualmente es difícil, antes significaba respeto, estar en la cima de jerarquías junto a otras familias; ahora, después de la primera guerra mágica estábamos tachados de traidores. Todo este tiempo estuve viviendo con mi tío Félix, el cual debía viajar mucho por su trabajo, es dragonologista, fue hasta que cumplí 11 años que dejé de desplazarme tanto, ya que al estar en la escuela me debía mantener el año dentro de esta, claro que esto no impidió que cambiara de escuelas. Es la primera vez que estaré en Hogwarts, debido a todo lo que podía causar mi apellido, mi tío quería que creciera en un ambiente sin esa presión.

Si soy sincera hay una parte de mí que se siente segura al estar aquí, y eso es gracias a una familia, los Malfoy, que en distintas ocasiones me visitaban gracias a su amistad con mi padre, fue grandioso tenerlos presentes en mi vida, navidades, cumpleaños, me hacían no volverme loca, y ahora estaré con ellos en Inglaterra, se ofrecieron a cuidarme y quedarme con ellos hasta que entráramos a clases, ya que, muy pocas personas en aquí saben de mi existencia.

Mi tío me acompaño hasta Inglaterra, para después llevarme hasta la mansión Malfoy.

- ¿Cómo te sientes Kath? – me pregunto mi tío mientras yo miraba por la ventana del auto. – Aun no es tarde, puedes regresar conmigo si no te sientes segura de ir a Hogwarts.

- Estoy bien, y ambos sabemos que no hay nada que hacer, tengo que ir – dije algo triste por saber que me tengo que separar de la única figura paterna que he tenido.

- Se que los Malfoy cuidaran muy bien de ti.

- Nos vamos a ver en Navidad, ¿cierto? – pregunte nostálgica por tener que sepárame de él

- Claro que si, pequeña – me abrazo – Si no, con quien me voy a pelear por la tarta de melaza.

Seguimos hablando hasta que el chofer anuncio que habíamos llegado a nuestro destino, la mansión Malfoy, en donde en la entrada ya nos estaba esperando Draco, Narcissa y Lucius. En cuanto nos bajamos Draco fue a abrazarme, el pequeño dos años menor que yo siempre ha sido como un hermanito para mí.

– Es bueno tenerte aquí, Katherine – saludo Lucius.

- Yo igual los extrañe – dije mientras soltaba a Draco, obtuve solo una pequeña sonrisa de su parte, siempre he sido un poco irreverente cuando estoy sola con ellos, pero a él le parece cómico, supongo que de otra persona le molestaría, pero teniendo en cuenta que me conocen de bebe supongo que su cariño por mi hace que omita esta parte de mí.

- Estas hermosa, mi niña – Narcissa tomo mi rostro entre sus manos para después abrazarme, ella es la única figura materna que he tenido.

- ¿Quieres pasar un rato Félix? – pregunto Lucius.

- No muchas, gracias, tengo que hacer unas cosas antes de volver a irme – se acercó a mí. – Cuídate mucho y pórtate bien – me miro seriamente.

- Si tío, te voy a extrañar – lo abrace y el me respondió.

- Recuerda lo que te dije antes de venir – susurro en mi oído. – Te quiero pequeña.

Los cuatro nos quedamos en la puerta viendo como mi tío se iba, sentí correr una lagrima por mi mejilla, lo cual noto Draco provocando que me abrazara.

- Bueno Kath, vamos, te mostrare tu habitación – Narcisa tomo mi mano y le hablo a uno de sus elfos para que llevaran mis maletas.

La mansión era un lugar ya conocido para mí, llegue a venir algunas veces, sin embargo, el cuarto al que me llevo si era algo nuevo y no contrastaba con la casa para nada.

- Lo arreglamos para ti – Narcisa estaba mirándome, esperando una reacción mía. – Se que falta poco para que entren, pero también están las vacaciones.

- Me encanta – la verdad la habitación era muy femenina y había muchas cosas que me gustaban, pero conservaba un toque minimalista – es perfecta – voltee a ver a Narcisa la cual me miraba ya con una sonrisa.

- Que bueno que te haya gustado.

- De verdad es maravillosa, gracias.

- Bueno te dejo, iré a asegurarme que todo vaya bien para la cena.

Paso apenas un minuto de que Narcisa se fue cuando entro Draco y se aventó a mi cama.

- ¿Me extrañabas?

- No tanto como tu a mi por lo que veo – dije tomando asiento a lado de él. – Ahora, quiero que me cuentes todo, ¿qué tal Hogwarts?

- Es difícil estar en la misma escuela que San Potter, todos los años tiene que hacer algo para llamar la atención y nos quitan la copa de las casas, a veces quisiera haber ido a Durmstrang – dijo con molestia.

- Tu madre te habría extrañado – lo abrace – además, tómalo de alguien que estudio allá, hace demasiado frio.

- Lo hubiera preferido que estar en la misma escuela que Potter.

- Estoy segura de que eres mil veces mejor que él, si no fuera por sus padres nadie lo tomaría en cuenta.

- Que suerte que este año estarás ahí, y ya veras a lo que me refiero – volteo los ojos.

- Señorita Rosier, mi nombre es Tipsy, vengo a ayudar a la señorita Rosier a instalarse – en la puerta se encontraba una pequeña elfa.

- Tipsy no te preocupes, también en unos días nos iremos a Hogwarts, no tiene caso desempacar.

- No no no, a Tipsy le gusta ayudar, Tipsy después puede hacer la maleta otra vez – entro a la habitación y comenzó a arreglar todo. Draco y yo decidimos salir en lo que ella terminaba.

- Sabes que no tienes que ser amable con ellos, ¿verdad? – dijo refiriéndose a la pequeña elfa.

- No pienso discutir eso contigo – dije sonriendo - ¿En dónde está Dobby?

- San Potter – lo mire confundida – De alguna manera libero al elfo.

- ¿Y dónde está ahora?

- Trabaja en las cocinas de Hogwarts, y además le pagan ¿puedes creer eso? Un elfo al cual le pagan, que tontería.

Si nos ponemos a pensar si es una tontería y no porque no se lo merezcan, si no porque es muy raro ver a un elfo que quiera eso, pero una parte de mi estaba feliz de saber que Dobby era libre y que además lo podre ver en Hogwarts. 

THE TRAITORSDonde viven las historias. Descúbrelo ahora