~Seguir adelante~ #Fordacio

1.3K 69 2
                                        


La única señal de que la comisaría no estaba abandonada era que todos los días se reponían las provisiones para el FBI, junto con las armas y cartuchos. Pero, en general, Horacio parecía ser el único que iba a trabajar.

Hacía semanas que Gustabo estaba descansando, lidiando con sus propios problemas personales (y mentales) o simplemente perdiendo el tiempo vagando por la ciudad; recientemente había comprado una moto de montaña y le gustaba dar largos paseos por el norte de Los Santos. Conway tampoco se aparecía mucho por la comisaría, pero Horacio sabía que asistía un par de días a la semana en el turno nocturno, justo cuando él se iba a dormir. Así, el de la cresta estaba acostumbrado a trabajar por su cuenta sin depender de los demás.

Todos estos años completamente solo desde que internaron a Gustabo en el psiquiátrico lo habían hecho bastante independiente y decidido a seguir adelante sin importar quien estuviese a su lado. Sufrió bastante para superar su dependencia emocional de quien consideraba su hermano, pero ahora era capaz de poner primero sus propios intereses personales, aunque lo consideraran egoísta. 

Así, terminó uno de sus largos días de trabajo como agente especial del FBI: dejó la pistola reglamentaria en la armería, se quitó el chaleco antibalas y se cambió de uniforme por ropa cómoda mas no menos llamativa, como ya era su estilo. Suspiró guardando todo en su casillero y miró a su alrededor: recordaba las risas y hasta las peleas que había tenido en los vestidores del CNP, las veces que le mostró a Gustabo sus nuevos bailes cuando ambos eran Subinspectores... O simplemente cuando convivía con los demás policías, ordenando la malla e instruyéndolos en códigos 3.

Tomó su chaqueta de cuero y caminó hasta la salida de la comisaría, algo nostálgico por aquellos momentos donde era feliz, cuando vio un coche estacionado fuera. No creyó que lo estuviera esperando a él, pero justo cuando bajaba las escaleras y giraba hacia el garaje donde había dejado su coche de dos plazas, se escuchó un clackson.

Horacio regresó sobre sus pasos y pudo ver quien lo esperaba dentro de aquel vehículo. Una sonrisa apareció en su rostro, no de cortesía, sino era de genuina felicidad por ver a aquel hombre. Entonces se acercó a él, quien bajó la ventana y dijo:

-¿Que le parece un par de cervezas, Horacio? Ya no estamos de servicio... -lo invitó, pero al ver que el de la cresta parecía dudoso, agregó:

 -O un vodka, lo que usted quiera.

Horacio abrió los ojos, asaltado por el recuerdo de cierto ruso invitándolo hace años a beber un vodka, y algo en su pecho le dolió.

-Cerveza están bien, no me gusta el vodka -dijo subiéndose al vehículo del comisario Ford, quien se alegró de que aceptara su invitación y puso su auto en marcha hacia una de las mejores cantinas que conocía en el Norte.

Love is love in Los SantosStories to obsess over. Discover now