Parte 1 Sin Título

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El sol apenas estaba saliendo, su rojiza luz se desliza por encima de las estructuras de roca que coronan el paisaje desértico salpicado por pequeños cúmulos de vegetación que crecen en las laderas del rio. En una de las estructuras de roca, en una concavidad interna, un animal se despierta. 

Bosteza, se despereza y se acicala las plumas. A su alrededor sus compañeros de clan permanecen dormidos. El animal mira hacia la alfa del grupo que duerme apaciblemente, sabe que es demasiado temprano aun, pero esta sediento.

El animal se dirige hacia la entrada del refugio sin hacer ruido. Sale hacia la luz del sol y contempla el amanecer, observa la fina capa del horizonte donde se perfilan nubes de tormenta, las tormentas son raras en esas tierras, pero el animal ya ha visto varias primaveras y, como sus heridas ocultas en sus terrosas plumas demuestran, está demasiado curtido en ese ambiente para preocuparse por el clima. 

Baja por un camino empedrado oculto entre varios arbustos y justo al girar se encuentra de cara con uno de sus vecinos. Las estructuras de piedra están cubiertas de concavidades que dan refugio a diversas criaturas, este en particular pertenece a un clan muy próximo en localización al suyo, ambos se parecen, pero el segundo animal está cubierto de plumas azabache y tiene grandes ojos con pupilas alargadas, ambos se avalúan, siendo el primero de hábitos diurnos y el segundo nocturno, no era frecuente que se encontraran en esas condiciones. Sin embargo, ambos están solos y sin la influencia de los alfa, ninguno de los dos está interesado en competir por lo que sencillamente deciden seguir cada uno por su camino sin romper el ambiente de hostilidad contenida.

El animal llega a la orilla del rio sin muchos problemas. Un pequeño animal herbívoro gorgotea ante el depredador y huye hacia las patas de los herbívoros más grandes, uno de ellos, coronado con una gran cresta carmesí, levanta la cabeza despreocupadamente ante el ruido, expulsa lentamente el aire mientras mastica una rama de helecho con su boca en forma de pico y vuelve a bajar la cabeza ignorando al pequeño animal, sabiendo que este, en solitario, no representa una amenaza para él y su clan. El pequeño depredador no presta atención y agacha la cabeza para beber del arroyo. La clara y fresca agua entra en su garganta refrescándola, el animal cierra los ojos de placer mientras disfruta del momento de calma. 

El animal sale de su ensimismamiento al oír un sonido familiar a su espalda, se gira lentamente y observa a su clan, la alfa sacude su cresta azul a modo de saludo y al mismo tiempo de reproche, el animal se aparta de su camino permitiendo que la hembra dominante beba. Se coloca al lado de otro miembro del clan con el que intercambia un par de golpes de cabeza amistosos y dirige su mirada a la manada de herbívoros, el más grande del grupo no parece perder de vista a la alfa mientras la protuberancia de su nariz enrojece paulatinamente. Pero la alfa no esta interesada en este tipo de presas, algo ha llamado su atención.

En la orilla opuesta hay un herbívoro solitario, este se mueve de forma lenta e irregular mostrando signos de avanzada edad. La alfa emite un gorgojeo y se mueve por la ribera del rio, aprovechando los arbustos para cubrir sus movimientos, los demás animales le siguen en formación, ensayada por millones de años de evolución, cruzan el rio sin hacer ruido, apenas creando pequeños anillos en el agua, mientras la hembra se sitúa cerca del confiado herbívoro que es viejo y esta distraído, pero su espalda está cubierta de placas óseas y espinas por lo que aun podía ser peligroso. La alfa sisea de forma inaudible para el herbívoro pero perfectamente clara para los tres miembros del clan que se han quedado en la orilla del rio, estos al captar la señal atacan. 

Los tres animales cruzan el rio estrepitosamente alertando al herbívoro acorazado y provocando que el macho de la manada de herbívoros guie a los suyos lejos de la zona de caza. El herbívoro acorazado, ruge en respuesta al ataque y se sitúa lateralmente, exhibiendo sus púas y la maza ósea que corona su cola, golpea la maza contra el suelo levantando una nube de polvo e insectos. Los tres depredadores chasquean sus mandíbulas, el acorazado animal se prepara para el envite cuando siente una enorme fuerza cayendo contra su flanco expuesto. Varios miembros de la manada se sujetan del flanco del aturdido animal, los dientes y garras de los depredadores se hunden en las partes expuestas entre sus placas. El acorazado se sacude cuando los tres cazadores de su frente atacan hacia su otro lateral, las garras perforan sus patas haciéndolo caer. De entre las sombras surge la hembra con los dos miembros restantes del clan y embiste hacia el animal acorazado, cuyas debilitadas patas no pueden sostenerle y cae de costado. El clan se dispersa al ver al oponente caído, saben que la alfa es la que debe dar el golpe de gracia. El herbívoro acorazado solloza en el suelo, cubierto de su propia sangre mientras la alfa avanza hacia él, la depredadora pone una pata trasera sobre el suave vientre del herbívoro, sisea una última vez antes de destriparlo con un rápido corte de su garra anular.

Vida cruelWhere stories live. Discover now