Mateo
El frío me pegaba en la cara; el olor a humedad de la lluvia se mezclaba con el vapor que salía de mi boca cuando respiraba. Trataba de borrar todo lo que me jodía por dentro: la bronca con mi viejo, la rutina, la sensación de no encajar. Hoy me había peleado con él otra vez. Quería largarme de esa casa de una vez, pero no sabía a dónde ir. Estaba tan metido en mis pensamientos que me sobresalté cuando una mano tocó mi hombro.
—¿Venis? —preguntó Valentín con voz cansada.
—En un rato —respondí, sin ganas de entrar. Era el cumpleaños del viejo de Valentín y, como con Camilo, nosotros éramos de los que iban a "hacerle la segunda". Además, nuestros viejos se conocían desde hace años; siempre terminábamos en las mismas casas.
—Dale, que me estoy pegando un embole —insistió.
—Ya voy —le dije, más cortante de lo que pretendía.
Me quedé afuera un rato más, apoyado en la reja fría, viendo las gotas resbalar por la vereda. Dentro la música amortiguaba las voces, pero no lograba tapar el ruido en mi cabeza. Cuando entré, la temperatura cambió; el calor humano me pegó de golpe y me sentí menos a la intemperie. Vi a los chicos sentados en la mesa de la cocina y fui hacia ellos.
—Más tarde nos vamos —dijo Valentín, tomando un fernet.
—¿A dónde? —pregunté.
—La Hanna pone casa para joda —dijo Valen. Cuando nombró a Hanna, lo miré de reojo.
—No creo que vaya la Gabi —me dijo Camilo, con un gesto.
—¿Qué no va a ir? Esta no se pierde ni una joda —respondí. No tenía ganas de encontrarme con mi ex; lo habíamos dejado todo mal la última vez y la idea me clavó una especie de nudo en el pecho.
—Bueno, la ignorás y listo...
—Porque es re fácil, dale —le contesté a Valen.—No sé. Si me pinta, voy; si no, vayan ustedes —dije.
—¿Y esa? —preguntó Camilo, mirando a una piba cerca del living.
—Creo que es la hija del Tete —respondió Valentín. El Tete es un amigo del viejo; me sorprendió no haberla visto antes. Se notaba que no quería venir: la cara de obligación la delataba desde lejos.
—Está buena —dijo Camilo, como si eso resolviera algo.
Me di vuelta y la miré por encima del hombro; tenía razón Camilo: estaba buena, pero demasiado arreglada para una joda en casa. Pensé que se había vestido para otra cosa —o para impresionar— y sonreí con algo de desdén.
—Debe ser re mili —murmuré, dándome la vuelta y mirando a los chicos.
—Mirá el lomo —insistió Camilo.
—Uhh, banca, alzado —contesté.
—Tiene razón —añadió Valen con esa indiferencia que encubría que en el fondo le importaba.
Yo los miré a los tres y volví a concentrarme en el celular. Tenía mensajes perdidos de Gabriela; notificaciones que me taladraban el pensamiento. Los borré sin abrirlos. No quería saber nada de ella.
—Ya fue, le hablo —dijo Camilo y se levantó de la mesa.
—¿Vos decís? Mira que el Tete se pone re celoso —le advirtió Valentín.
—¿Y vos qué decís? —me preguntó, mirándome a mí.
—Que qué sé yo. Hacé lo que quieras. Si querés perder el tiempo con la cheta esa, andá—respondí sin ganas.
—Qué mal humor, viejo —dijo Camilo y se fue hacia ella.
—Esto va a terminar mal —comentó Valen en voz baja.
—Sí —respondí. No lo dije con seguridad, lo dije porque sonaba lógico.
Más tarde, mientras la música subía y bajaba, caminamos por el salón con vasos en la mano. Valentín trataba de calmarme.
—Eh, no le des más vueltas al tema. Ya está, no vale la pena —me dijo, mirándome a los ojos.
—Ya sé, boludo —contesté—. Pero fue una relación larga, y que la haya terminado así me jodió en serio.
—Y claro que te va a joder; pero lo vas a superar. Estas cosas siempre pasan.
—Qué hija de puta, boludo. Yo estaba re enganchado —dije y las palabras me sonaron peores cuando las pronuncié.
—Bueno, ya está. En una semana vas a ver que te olvidas —insistió, convencido de su propia fórmula mágica.
Lo miré, medio indignado por la simpleza de lo que decía, y apagué el celular. Había entendido que seguir mirando la pantalla solo servía para traerla de vuelta a mi cabeza.
—¿Y? —preguntó Valentín cuando Camilo volvió a la mesa.
—Bien —respondió Camilo, encogiéndose de hombros.
—¿Bien bien, o bien...? —insistió Valen.
—Te sacó rajando —intervine.
—Y... más o menos —respondió Camilo.
—¿Pero qué le dijiste? —preguntó Valentín.
—Nada. Primero le pregunté el nombre...
—¿Cómo se llama?
—Olivia —dijo—. La invité a la joda, la wacha me rebajó y me dijo que apague la peli.
—¿Qué se cree? —dije, riéndome con rabia—. Ya vengo.
Agarré el vaso de fernet y fui hacia donde estaban. El corazón me latía un poco más rápido: no por la chica, sino por la necesidad de hacer algo que me sacara de adentro la impotencia del día.
—Hola, Tete —saludé, y busqué con la vista a la cheta esa; por suerte estaba lejos del viejo.
—Hola, Mateo. Cada vez más alto vos —dijo el Tete, con su tono de siempre; que chamuyero que era, si sabia que yo era un re tapon.
—¿Viste? —contesté con una risa corta, y me fui hacia donde estaba ella.
Me acerqué despacio, el teléfono en la mano, fingiendo que grababa un audio o que estaba ocupado. Cuando estuve lo bastante cerca, sin pensarlo demasiado, le tiré la bebida en la ropa.
No fue un plan; fue impulsivo, un gesto infantil pensado para humillarla, pero también para sacarme algo de encima. El líquido le empapó la parte delantera del vestido; un segundo después los pibes se rieron.
En ese momento se oyó una voz corta y desde atrás, que me aturdió como una cotorra.
—¡Sos un idiota!
Que voz de Milipili.
Me di vuelta. Por un instante, entre la risa y la música, todo se quedó quieto alrededor mío. Sentí que había pasado una línea y no me gustó lo que vi en los ojos de los demás.
Voten si les gusta❤️
Capitulo editado.
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Ocho Cuarenta|| TRUENO
Fanfiction"••ella multimillonaria, y del mas alto niveel, termino la secundaria con un promedio de diez, sus amigas sorpendidas, no lo podian creer, que una noche distraída, del baile se fue con el••" ella, que vive colgada de las redes, pensando en siempre q...
