Después de la cacería, Marcos y yo, nos hicimos grandes amigos, aunque este se ausentara muchos días, siempre disfrutábamos los días en que estaba, su hijo Claudio, había cogido mucha confianza conmigo, después que dijesen que estaba maldito todos se alejaban, menos yo, que no creía en tales historias. Pasaron muchos meses, entonces, al comenzar el invierno, supe que ya era momento de regresar al fuerte de Licinio, después de todo, le prometí que regresaría, el día que iba a partir, en el primer mes del 304 D.C, Marcos me pregunto si yo, quisiera ir acompañado con sus guardias hasta que llegase al Rin, no me negué, los inviernos siempre son traicioneros.
Salimos de Roma, tardamos pocos días en llegar al norte de Italia, tardamos igual cantidad de días en cruzar los Alpes, el hielo estaba conquistando todo, no fue sino, una semana después, cuando casi todos los bosques, por donde pasamos, estaban cubiertos de hielo… todo este tiempo, me sentía triste por mis padres… ¡¿Porque me dejaron solo?!, el dolor me abrumo en mi estancia en Roma, intente que nadie se percatase pero… al ver a la madre de Claudio… no, ya no quería pensar en ello, era un soldado, debía de actuar como tal.
Una vez que llegamos al cuartel, quise encontrarme con Licinio, el cuartel estaba tal y como lo había dejado cuando volví a Hispania, unos minutos después, fui a la torre de mando, estaba ahí, ya era viejo cuando lo conocí, pero ahora la edad estaba haciendo mella, lo veía escuálido, mientras lo veía, sentí que alguien tocaba mi hombro, vire y era… Valerio, la impresión y la felicidad me llenaron completamente, fue lo mismo con Valerio, me dijo que nos sentásemos a platicar sobre nuestra separación, lo cual no dude, hablamos por horas y… aún faltaba mucho que decir, está claro que Valerio tuvo el mismo trato que yo pero, me había olvidado de él, no me creyó nada de mi estancia en Roma, el jamás había ido, eso fue lo primero que me dijo cuándo nos conocimos, después de esas horas Licinio salió de su torre, estábamos hablando cerca de la puerta, al ver Licinio a Valerio lo paro, al verme me quedo mirando y después, supo quién era yo ,después de un saludo, le pedí que me pusiera un puesto en la fortaleza, Valerio era guardia, no era de extrañar, le pedí que me pusiese con él y, como era de esperarse, aceptó.
Pasaron semanas cada día pensaba en mis hermanos… ¿Qué habrá pasado con ellos? ¿Estarán enterados de lo que me ocurrió? Ellos siempre se preocupaban por mí, quizá su legión estuviese muy lejos para recibir noticias, no tenía entendido si había una campaña en el este, mientras pasaban esas noticias, llegaban noticias de que cientos de Cristianos eran masacrados, el Emperador Diocleciano se estaba creando, una gran odio por parte de nosotros, llegaban rumores que estaba viejo y enfermo, quizá muriese pronto, esta persecución era tremenda pero, no solo llegaban noticias desde Roma, los Pictos en Britania estaban creando muchos problemas, el Emperador de Occidente, Constancio Cloro(Diocleciano dividió el Imperio en dos mitades y después en cuatro, a esto se lo llamó la Tetrarquía) había ido al norte para combatir contra los Pictos… el cual pidió una cohorte de este cuartel, para mi mala suerte, esa cohorte, era la mía, también estaba Valerio ahí, pero no era lo mismo, teníamos que ir más al norte… decían que el frio era más severo, pero ya tocaba.
Después de semanas de viaje, logramos pisar por primera vez, Britania, era casi lo mismo que la Galia… solo que, esto era una isla, una isla enorme, Constancio estaba en la muralla de Antonio, entrando a la Caledonia (Escocia), decían que estaba sofocando a los Pictos, mientras íbamos hacia el norte, escuchábamos rumores de los Pictos, decían que se pintaban de azul, eran altos y muy fieros… maldición. Después de tres semanas de viaje, llegamos solo a la muralla de Adriano, después de un par de días, llegamos a la de Antonio… hasta donde habíamos llegado, después teníamos que reunirnos con Constancio, era un lugar muy lejano para que un Emperador estuviese hay, pero las guerras no dan tregua.
Una vez que nos unimos al ejército, nos asignaron una legión, aparentemente la cohorte anterior había sido destruida, eso era un mal augurio, nos habían dicho que, los Pictos habían traspasado la muralla, estaban dispuestos a invadir los territorios de Britania, como era la provincia más lejana, era la que menos soldados podía disponer pero, quizá esa no era la táctica de Constancio, habían rumores de que, los invasores no eran los Pictos, éramos nosotros, aunque los legionarios solo luchan, no critican…. Pensar que era el 305 D.C, el tiempo pasaba muy rápido, la campaña de Constancio, parecía dar sus frutos, habían logrado importantes victorias, pero no habíamos traspasado gran distancia de la muralla de Antonio, esto parecía tardar… entonces, una plaga cayó sobre nosotros, no fue un caos, las tropas no sufrieron, algunos decían que los Pictos, al ver sus derrotas, lanzaban maldiciones sobre nosotros, si seguíamos avanzando, perderíamos nuestros hombres, por culpa de la naturaleza o… por culpa de la espada, lo segundo jamás pasaría con Constancio, mi cohorte pertenecía a la legión de Constancio y esta, estaba mandada por su hijo Constantino, logre hacerme amigo de él solo, porque le protegí de una batalla, desde ese momento estoy privilegiado en batallas, esa era la gracia de estar cerca del comandante, Valerio no podía creer, la amistat que yo había formado… aunque no creo que durase, Constantino era de la realeza, yo era un soldado, tenía que separarme, aunque, en lo personal, no parecía que nosotros tuviésemos mucho que decirnos. Un día… nos llegó la noticia de que, a causa de esta plaga, murió Constancio, acompañe a Constantino, unos soldados dejaron a Constantino solo, llamaron a todos lo que estaban presentes y diciendo “Constantino es el heredero hay que coronarlo” no dude en pedir la corona para ponérsela… estos no reusaron, me la dieron y, un tiempo después, cuando salía Constantino, todos nos pusimos a lado de él y yo, le puse la corona, Constantino, Emperador de Occidente.
DU LIEST GERADE
La guerra de la Germania
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