Michael A. Aquino Ph.D.*
Cada era exitosa del desarrollo cultural y Ètico del
ser humano ha producido su manifiesto literario óun
argumento que desafÌa las normas existentes y
propone una aproximaciÛn novedosa a las constantes
problem·ticas de la civilizaciÛn. No con poca
frecuencia se ha dado el caso que las realidades del
nacionalismo polÌtico han sido mezcladas con el
idealismo de Ènfasis extranacional para producir lo
que cautelosamente denominamos con el tÈrmino
existencialismo. Una lista de obras pertinentes podrÌa
incluir la Rep˙blica de PlatÛn, la PolÌtica de
AristÛteles, El PrÌncipe de Maquiavelo, y los escritos
de Nietzsche, Hobbes, Locke, Marx, y Sartre.
Este es el libro de nuestra Època.
El amanecer de la Edad Sat·nica fue celebrado el
30 de abril de 1966 ó el aÒo Uno. En esa fecha,
Anton Szandor LaVey consagrÛ la Iglesia de Sat·n en
la ciudad de San Francisco y asumiÛ el oficio de su
primer Sumo Sacerdote. Lo que habÌa comenzado
varios aÒos antes como un foro intelectual dedicado a
la investigaciÛn y aplicaciÛn de las Artes Negras se
ha expandido desde entonces a un movimiento
filosÛfico internacional de primera magnitud. El
Satanismo, que alguna vez fuera la provincia aislada
* Michael A. Aquino formÛ parte de la AdministraciÛn de la Iglesia de
Sat·n dese 1969 hasta 1975. Esta introducciÛn apareciÛ en la ediciÛn de la
Biblia Sat·nica de 1972. Se separÛ de la Iglesia de Sat·n por ëdiferencias
ideolÛgicasí con Anton LaVey y form˙ su propia organizaciÛn, el Templo
de Set, que cuenta hoy en dÌa con varios miles de miembros alrededor de
todo el mundo. Es autor, entre otros libros, de un voluminoso tomo sobre la
historia de la Iglesia de Sat·n desde 1966 hasta 1975. Actualmente goza de
una merecida pensiÛn como Teniente Coronel del EjÈrcito de los Estados
de exiliados furtivos y excÈntricos radicales, se ha
convertido en una seria alternativa a las doctrinas del
teÌsmo y del materialismo. Al promulgar la
complacencia en lugar de la abstinencia, el
Satanismo rechaza la nociÛn de que el progreso del
hombre est· condicionado por su aceptaciÛn de una
moralidad auto-impuesta. Los Satanistas sostienen
que un juicio deviene de la comparaciÛn y resoluciÛn
de los opuestos, y uno no puede hacer alarde de
justicia al honrar un solo par·metro de
comportamiento.
Una aproximaciÛn empÌrica a la moralidad no es
una innovaciÛn reciente; teÛricos como Pit·goras,
Hegel, Spencer, y Compte avanzaron la proposiciÛn
original de la independencia intelectual del hombre
del orden natural. Y aunque este concepto ha
provocado invariablemente reacciones adversas de la
sociedad, basta repasar los cataclismos espasmÛdicos
de la Historia para ver quÈ tan inadecuadamente
coopera el homo sapiens con sus semejantes.
Sin embargo, toda teor· por sÌ misma es
inconsecuente. Los defensores de una moralidad
subjetiva eran hasta ahora abstraccionistas de
academia y óocasionalmenteó los dispersos y
desorganizados devotos de la brujerÌa ìBlancaî
tradicional4
. De hecho estos ˙ltimos han disfrutado de
cierta notoriedad ˙ltimamente, ya que su supuesta
proclamaciÛn de una moralidad liberal atenuada por
el correctismo social atrae a varios aburridos pero
tÌmidos diletantes. Tales aficionados de lo oculto
profesan un horror santurrÛn a la Magia negra o al
Satanismo, al cual denuncian como una criatura
malÈfica y degenerada del abuso moral y carnal.
Por otro lado, el Satanista considera a la brujerÌa
tradicional simplemente como una reacciÛn neurÛtica
contra las religiones establecidas de la cultura patriarcal. La adoraadoraciÛn de cualquier deidad o
deidades óbajo cualquier aspectoó es repulsiva
para el Mago Negro, quien considera todas las
profesiones de fe o con fianza en una entidad
protectora sobrenatural como demostraciones
humillantes de cobardÌa e inseguridad emocional. El
Satanismo ha sido malintepretado frecuentemente
como mera ìadoraciÛn al diabloî, cuando de hecho
constituye un claro rechazo de toda forma de
adoraciÛn como un componente deseable de la
personalidad. No es tanto una anti-religiÛn óun
simple rechazo de cualquier creenciaó sino una no-
religiÛn, una negativa sin compromiso de todo
misticismo sustancial. Como tal, representa una
amenaza mucho m·s seria a las teologÌas organizadas
que lo que pueden ser los escritos arcaicos de las
viejas demonologÌas.
El Ritual y la FantasÌa juegan un papel muy
importante en las actividades de la Iglesia Sat·nica,
trabajando sobre el supuesto que la experiencia y el
control de la irracionalidad metafÌsica y mental son
necesarias para el fortalecimiento de la psique. De
esta manera, se hace un esfuerzo para evitar lo que tal
vez constituÌa el talÛn de Aquiles de la escuela
Gurdjieff-Ouspensky de evoluciÛn psicolÛgica
subjetiva; los primerÌsmos discÌpulos de este
trascendentalismo auto-determinado postularon que
que todas las sensaciones no-materialistas eran un
peligro para el estudiante. Un elemento crucial del
Ritual Sat·nico es la apreciaciÛn de sus cualidades
inspiradoras e ilustrativas, sin que por ello sea
necesario considerarlo como una realidad inflexible.
El Satanismo queda mejor identificado como una
disposiciÛn que como una religiÛn, ya que se ocupa
activamente de todas las facetas de la existencia
humana, y no ˙nicamente de los asÌ llamados
aspectos espirituales. Sin embargo quienes proclaman
que el Satanismo constituye un peligro para el
sistema de justicia y el orden coo'peracional de la
sociedad han pasado totalmente por alto la idea
principal. El Satanismo defiende la libertad sin
restricciones, pero sÛlo hasta el punto que las
preferencias propias no violen las de otrso. Cabe
anptar que el Satanismo es una filosofÌa del
individuo, no de las masas. No existen declaraciones
polÌticas colectivas a excepciÛn de la advertencia de
Crowley: ìEl m·s grave de todos los ëpecadosí es el
autoengaÒoî.
Mientras la mayorÌa de la poblaciÛn puede
inclinarse instintivamente a un Satanismo de hecho,
hay que recordarles que los planteamientos del
Satanismo no son para irresponsables. No existen
misioneros Sat·nicos, y hay que cumplir ciertos
requisitos precisos. La inexperiencia no es motivo de
desdeÒo, pero la prwetenciosidad, la hipocresÌa, y la
pomposidad son tratadas con el desprecio que
merecen. El Satanismo no es menos arte que ciencia,
y no habr· ìpatrÛn de medida deificadoî.
El Dr. LaVey est· capacitado de modo singular
para escribir la historia del nuevo Diabolismo.
Estadounidense de ascendencia gitana, rumana y
alsaciana, desde muy temprana edad hizo gala de la
inquietud caracterÌstica de sus ancestros nÛmadas y
mostrÛ una simpatÌa inusual por su tradiciÛn arcana y mundana. Su temprana preocupaciÛn por las ciencias
militares lo motivaron a leer diversas publicaciones
logÌsticas de la Segunda Guerra Mundial, sÛlo para
descubrir que las visiones de gloria militar que
caracterizaron la primera guerra mundial habÌan
cedido lugar al realismo mercenario y desapegado
durante la segunda conflagraciÛn. Sus experiencias
como estudiante nada hicieron para borrar el sabor de esta primera muestra del cinismo humano, y la
creciente impaciencia de LaVey con la regimentaciÛn
estÈril de la educaciÛn convencional lo llevarÌan a
buscar los extraÒos encantos surrealistas del circo.
AyudÛ a Clyde Beatty como domador de animales
salvajes y muy pronto desarrollÛ una fuerte afinidad
por los grandes felinos, misma que marcarÌa de una
manera bastante curiosa su personalidad. Todas las
criaturas animadas son b·sicamente bestiales ó
razonaba LaVeyó y lo ˙nico que logran los Ûrdenes
sociales m·s refinados es, cuando mucho, una
supresiÛn endeble de este salvajismo innato. Del circo
pasarÌa a las ferias ambulantes ócarnivalsó donde
el brillo de las artes escÈnicas estaba matizado con la
lucha cotidiana por conseguir el sustento diario. AquÌ
LaVey trabajÛ en un mundo patÈtico pero digno,
poblado de rebeldes, fenÛmenos, patiÒos, y rarezas
humanas; y aprenderÌa el arte de la magia de escena,
cuyo Èxito depende de el nivevl de distracciÛn que
logre inducir en la atenciÛn de su audiencia.
ObservarÌa, no sin cierta dureza, la fascinaciÛn que el
hombre "normal" parece tener por sus camaradas
deformes óregode·ndose de satisfacciÛn al ver cÛmo
la desgracia se ensaÒa con su prÛjimo en lugar de
ensaÒarse con uno mismo. Al interesarse cada vez
m·s en este cruel y licantrÛpico atributo de la
naturaleza humana, decidiÛ estudiar criminologÌa en
la univrsidad, e incluso llegÛ a trabajar en calidad de
fotÛgrafo con el Departamento de PolicÌa de San
Francisco. Como profesional de circo habÌa tenido la
oportunidad de contemplar el lado carnal del hombre
en su faceta m·s artÌstica; ahora lo experimentarÌa en
su aspecto m·s violento y salvaje. Tres aÒos de vivir
dÌa a dÌa con la sangre, brutalidad y abyecta miseria
que permean la subcultura criminal lo dejaron
hastiado, enfermo, desilusionado y leno de ira hacia la
hipocresÌa imperante de la sociedad amable. Para
ganarse la vida, se dedicÛ a tocar el Ûrgano de tubos y
dedicÛ gran parte de sus esfuerzos a lo que habrÌa de
convertirse en la labor de su vida óla Magia Negra
LaVey habÌa rechazado desde hace mucho tiempo desde hace mucho tiempo los tratados estereotÌpicos
sobre hechicerÌa ceremonial por ser meros productos
histÈricos de imagnaciones medievales. El ìViejo
Culto5
î, con sus supersticiones, ademanes afectados y
sus juegos de salÛn infantiles no son para nosotros; lo
que buscamos es una psicologÌa metafÌsica que
atraiga al hombre intlectual ˙nicamente despuÈs de
haberle dado a sus orÌgenes brutales y animales las
consideraciones apropiadas Esta es la razÛn por la
cual nuestro sÌmbolo es la Cabra de Mendes6
.
Sat·n es, desde lejos, la figura m·s enigm·tica de
la literatura. Poseedor de toda riqueza imaginable, y
siendo el m·s poderoso de los Arc·ngeles, rechazÛ
con desdÈn su excelsa lealtad para proclamar su
independencia de todo lo que representaba su Jefe
Celestial. Aunque condenado al m·s espantoso de los
dominios, un Infierno absolutamente rehuÌdo por la
divinidad, aceptÛ tales privaciones como la carga de
su prerrogativa intelectual. En su Imperio Infernal
uno podr· complacerse impunemente en los placeres
m·s extraordinarios, sin embargo en medio de tal
licenciosidad desenfrenada, el Diablo ha mantenido
una nobleza peculiar. Esta cualidad evasiva fue con
la cual decidimos identificarnos.
Este es el principio guÌa del Satanismo: que la la
consecuencia definitiva del hombre yace no en la
unidad sino en la dualidad. ⁄nicamente la sÌntesis
ecide los valores; la adherencia a un orden ˙nico ea
arbitraria y, por tanto insignificante.
La Biblia Sat·nica es un documento de lo m·s
insidioso. Uno se siente fuertemente tentado a
compararlo con esa mitologÌa malÈfica y oscura que
es El Rey en Amarillo, un trabajo psicoplÌtico que
supuestamente llevaba a sus lectores a la demencia y la perdiciÛn. Por muy c·ndida y coloquial que pueda
parecer a primera vista, La Biblia Sat·nica no es un
volumen que pueda ser pasado por alto f·cilmente. Es
un producto muy de nuestro tiempo, no sÛlo porque
un libro asÌ óa la par que su autoró probablemente
habrÌa sido destruido en una Època anterior, sino
porque su creaciÛn fue una inevitablidad
evolucionaria.
T˙, lector, est·s a punto de ser empalado en los
afilados cuernos de un dilema Sat·nico. Si aceptas los
postulados de este libro, condenar·s a tus m·s
preciados santuarios a la aniquilaciÛn. A cambio
despertar·s óal m·s feroz de los Infiernos. Si
rechazas su argumento, te resignar·s a una
desintegraciÛn cancerosa de tu hasta entonces
inconsciente sentido de identidad. No es de extraÒar
que el legado del Archienemigo le haya prodigado
enemigos tan amargos!!
Cualquiera que sea tu decisiÛn, no podr·s
postergarla por m·s tiempo. La Biblia Sat·nica
finalmente articula lo que el hombre, instintivamente,
siempre ha temido proclamar: que Èl es,
potencialmente, divino
Michael A. Aquino
IVº Magister Templi
Iglesia de Sat·n, 1972 (VII Anno Satanas)
