Los pies le temblaban, no sabía si salir corriendo, o quedarse a esperar lo que no quería ver. Se encontraba en la encrucijada de, finalmente, abrir los ojos, o quedarse ciega por siempre.
Movió su cabeza de lado a lado, apenas alcanzando a ver al portero de la cafetería abrirles la puerta a los clientes entrando y por un momento su corazón se aceleró, pero no era él, así que suspiró, aun con los nervios de punta.
Tenía náuseas, cansancio, sueño, estaba vuelta una completa etcétera, pero allí estaba, dispuesta a encarar sus miedos, pues estaba a punto de enfrentarse con la verdad que estaba negada a ver.
De pronto, nuevamente vio al portero recibir personas con una sonrisa en su rostro, y los latidos de su corazón se aceleraron, porque esta vez sí era él... con ella.
¿Por qué le había hecho caso a su vecina Pilar? Se preguntó, era ella quien estaba sola, en aquel lugar viendo a su novio entrando con otra mujer, y percatándose de que lo que le había dicho su vecina, era cierto, la acompañante estaba embarazada.
El hombre le pasó por el lado junto a la sonriente chica que, para ese momento utilizaba un vestido holgado, pero que le hacía lucir perfectamente su estado, y se sorprendió cuando se encontró con la mirada de una mujer destrozada. Ana, conteniendo las lágrimas y sumida en la cólera que le ocasionaba la escena, se paró de la silla y abandonó rápidamente la cafetería. Apenas alcanzó a ver el cartel pegado al fondo del pasillo que daba a la salida, la apertura de la brillante Navidad de dos mil nueve, ese mundo mágico al que siempre le gustaba asistir, y que en ese momento ni siquiera le llamaba la atención.
Al salir, no se percató siquiera de que el portero la había despedido, y caminó sin rumbo, sin saber a dónde o con quién ir, era de esas personas que tenían un círculo de amistad muy precario, y nunca se preocupó por agrandarlo, hasta ese momento.
...
Escuchaba el timbre de su celular con lejanía, abriendo los ojos y colocándose las manos sobre su cabello desordenado. Miró a su alrededor, se encontraba en su habitación. No lograba recordar cuánto tiempo había pasado, pero tenía los recuerdos vagos de todo lo que había vivido. En solo dos días su vida se había destruido.
Tomó su celular, observando la llamada perdida que recientemente le habían hecho, percatándose de que era otra llamada que le hacía él...
No recordaba ya cuántas llamadas le había hecho desde que se encontraron dos días antes en esa cafetería, pero ya se sentía agobiada por todo eso, así que, después de largar un suspiro, marcó el número de aquel hombre, y lo llamó.
Una, dos, tres veces sonaba el timbre, pero ninguna vez lo atendió, viéndose resignada a colgar. Pero, cuando puso el celular a un lado de ella para pararse de la cama, nuevamente sonó, y esta vez, era él, devolviendo la llamada.
Ella lo miró y con una pizca de nervios, contestó.
- ¿¡Por qué ha sido tan difícil conseguirte!? —la voz detrás del teléfono se podía apreciar con notoria furia, a lo que ella sólo se limitó a escuchar. — ¡Estoy tratando de hablar contigo desde hace dos días, Ana!
- No tienes nada de qué hablar conmigo —ella se limitó a decir de inmediato, cerrando sus ojos con tristeza desde que lo escuchó comenzar a hablarle fuerte nuevamente. — Haz de cuenta que nunca me has conocido, que nunca hemos tenido contacto alguno, bórrame de tu vida.
Saber que estaba hablando con su gran amor, mientras tenía que decirle ese tipo de cosas, le hacían derramar lágrimas al segundo, por lo que ya estaba agarrando un paño para secarlas.
‐ Tenemos tantas cosas que decirnos —él insistió. — Nuestras vidas están unidas ahora.
Ella negó suavemente, sin poder contener las lágrimas. Apenas lo acababa de ver frente a ella con otra persona, y le decía aquellas palabras.
- Ya no hay nada que nos obligue a estar juntos —admitió, volviendo a recostarse en la cama y mirando hacia el techo.
- ¿A qué te refieres? —preguntó él, con cierta confusión.
Ana cerró los ojos, porque sus lágrimas no paraban, era una sensación tan incómoda el sentir las gotas resbalarse por sus orejas, mientras caían a la sábana y también mojaban su cabello. Guardó silencio unos segundos, mientras él volvía a repetirle la pregunta.
- Ana, tenemos una historia, esto nos unirá de por vida, ¿a qué te refieres con lo que me dices? ¡Dime, por favor! —exigió, protestante.
Ella tenía la duda de, si le decía, o colgaba y jamás le hacía saber la realidad de las cosas, claro, él saldría a buscarla para pedir explicación y, ¿estaba dispuesta a aguantar esa persecución? No lo estaba, así que tomó aire, limpiando sus lágrimas y soltó: — Me has causado tanto daño, que no quiero llevar en mí, nada que me recuerde a ti, y no quiero, ni deseo, seguir viéndote en mi vida...
Primer capítulo, hoy a las 9:00 PM
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Un Mundo Detrás
RomanceAna Sophia por fin había superado su pasado, uno que le había causado un gran dolor en su corazón. Un amor, que él no supo valorar... un amor que rechazó. Pero cuando años después, su cuñada le presenta a su nuevo novio, su vida da un giro inesperad...
