En el año 1983 en un caluroso día de agosto, en un pueblo pequeño al norte de Segovia llamado Sacramenia, pasaba las vacaciones un joven llamado Enrol. Tenía aproximadamente 12 años, una altura media, aproximadamente de un metro y medio de altura, el pelo marrón y los ojos verdes. Era inteligente, valiente, fuerte y curioso. Se llamaba así porque cuando nació fue bendecido por un hada que sabía que iba a ser tan importante como fue el mago Enris. Pero lo que nadie sabía, ni siquiera él, era que el hada en verdad no solo le había bendecido, sino que también le había dado un poder que era la magia. Esta es la historia de Enrol y su aventura para convertirse en una persona conocida por el mundo. Nuestro protagonista estaba en casa aburrido cuando el abuelo le preguntó:
- ¿Quieres venir a la bodega?
- Si quiero- le contestó feliz, ya que por fín podría hacer algo diferente y salir de casa.
Ambos se dirigieron a la bodega. Para acceder a la bodega había que abrir una vieja puerta de madera con una gran llave de metal y bajar unas estrechísimas escaleras de madera. Al llegar abajo se abría un gran círculo con velas. Al encender las velas se encontraron un montón de botellas de vino. Al cabo de un rato en aquel lúgubre lugar dijo Enrol angustiado a su abuelo:
- Tengo mucha sed y quiero agua.
- No tengo agua- le contestó sin saber qué hacer. Entonces, se le ocurrió darle un poco de vino para calmar la sed. Enrol no estaba acostumbrado a beber alcohol y se cogió una absurda borrachera así que se tumbó entre las botellas para ver si se le pasaba. En ese momento, encontró entre unas botellas de vino un papel y se lo llevó a casa. Cuando estaba en casa, su abuela le dijo a su madre preocupada,
- ¿Este niño no está un poco mal?- y asombrados todos le preguntaron preocupados:
- ¿Qué te ha dado el abuelo en la bodega?
- Nada, solo un poco de vino, dejarme en paz- respondió con la cabeza confundida por el alcohol.
Y todos dijeron al unísono:
- Menuda borrachera que tiene.
Después de comer se fue a su cuarto. No era muy grande tenía dos camas con unas mantas de hilo, un armario grande de madera con dos puertas que se abrían con llave, unas ventanas con cortinas blancas, una mesilla de noche, una alacena y una silla donde se encontraba su hermano Azul, que se llama así porque tenía los ojos azules como el río que pasaba al lado de su casa y era alto con el pelo moreno. Era curioso y amable aunque a veces hacía rabiar a su hermano. Le preguntó con curiosidad:
- ¿Qué es aquel papel que está en la mesilla?, y le contestó asombrado:
- No se está enrollado-.
Así que lo abrió y vio que era un trozo de mapa con una equis pequeña. Azul le preguntó dónde había encontrado el papel y le dijo que en la bodega. Le propuso a su hermano estudiarlo y al cabo de unas cuantas horas se dio cuenta que era un trozo de mapa del pueblo y que la equis estaba dibujada en el parque que estaba junto a la nave.
- Enrol, tenemos que esconderlo de nuestra hermana- articuló angustiado.
- Sí, tienes razón pero, ¿dónde? - dijo nervioso.
Entonces, se acordó del baúl que tenían en el bajo de la casa, era un baúl de herramientas, lo comentó con su hermano y lo escondieron allí. La tarde pasaba y en el reloj de la cocina marcaban las siete cuando se les ocurrió ir a la biblioteca del pueblo a mirar si había un libro que hablara sobre la historia del pueblo. Cuando llegaron, cogieron todos los libros sobre el pueblo pero no salía nada hasta que recordó que se había dejado un libro muy muy viejo en las estanterías y Enrol le preguntó a su hermano:
- ¿Cogemos aquel libro viejo que vi en la estantería cercana a la ventana?, era tan antigüo que no lo cogí.
- Sí- le contestó emocionado.
Lo cogió y vio que era un libro que hablaba de la Edad Media de Sacramenia. Cuando pasó una hora y en el reloj marcaba las nueve susurró cansando:
- Estoy llegando al final pero no encuentro nada.
Al pasar de página comenzó un nuevo capítulo y vio que se titulaba el final de la Edad Media y el asentamiento del pueblo al lado del río. Siguió leyendo, cuando llegó a la información sobre la construcción de la ermita de San Miguel, pensó en llevarse el libro a casa y le dijo a su hermano entusiasmado:
- Este es nuestro libro, recoge los demás y vámonos . Recogieron los demás libros y se fueron a casa corriendo.
Cuando llegaron a casa su madre les dijo muy enfadada:
- ¿Dónde habéis estado hasta ahora? ¡es muy tarde!
- En la biblioteca- contestaron a coro nerviosos.
Se fueron arriba, dejaron el libro dentro de un armario de su habitación y se lavaron las manos. Cuando llegaron a la cocina no había nadie, solo estaba su madre y se sentaron a la mesa sin decir nada, para el asombro de la madre que dijo muy enfadada:
- ¡Ahora cenaréis sólos la cena fría! Pegó un fuerte golpe a la puerta y los dos se comieron las salchichas de cerdo adobadas en un santiamén para poder ir a investigar más. Cuando se les ocurrió bajar y mirar más el mapa, se dieron cuenta de que el libro y el mapa eran de la misma época por unas letras muy borrosas en las que se leía, en ese cerro y estaba hecho con la misma caligrafía que el libro.
A la mañana siguiente, habían quedado en la plaza con los amigos, pero como no aparecían bajaron a casa a buscarles. Cuando llegaron Enrol les abrió la puerta y les contó por qué no habían ido y todos se pusieron a investigar. Las horas pasaban y no llegaban a ninguna conclusión. Cuando el reloj de la sala marcaba la una, encontraron una página que explicaba que en la Edad Media se había hecho un mapa con diferentes equises y que la equis más grande señalaba el tesoro y las más pequeñas señalaban dónde estaban escondidas las demás partes del mapa. Nada más crear el mapa lo rompieron. En la siguiente página hablaba de las letras del mapa que aparecían escritas en los trozos era lo que tenían que encontrar. En el reloj de pared sonaron las dos y como era hora de comer la madre les preguntó amablemente a los amigos:
- ¿Queréis quedaros a comer?, todos contestaron al unísono que si querían comer con ellos. Después de comer, empezaron a cuestionarse si todo esto tendría que ver con la leyenda de la malvada sacerdotisa de la antigua religión llamada Margaret cuyo espíritu habitaba en la ermita de San Miguel a la que todo el mundo tenía miedo a subir.
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El misterio de la ermita de San Miguel
Fantasyes una histora que he echo yo pra clase y es my divertida
