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Existía una extensa lista de cosas que detestaba, como las comedias baratas de la televisión que mi hermano gustaba de ver, que mi vecino cantara tan alto a las 5:00 am; odiaba cuando los policías prendían sus sirenas, y me irritaba de sobremanera que, durante un día de concurrido tráfico, las personas hicieran sonar los claxon de sus automóviles, como si con eso mágicamente los autos comenzaran a moverse.

Bien, podía admitir que no me gustaban muchas cosas. Pero había una cosa que ocupaba el número 1 entre las cosas que más odiaba de este mundo: la lluvia.

No comprendía cómo es que había gente que osaba de decir que amaban la lluvia; para mí los días lluvioso eran los menos disfrutables.

Detestaba que mi madre decidiera lavar la ropa sucia, sin saber que, minutos después, el día se pondría oscuro y que un diluvio caería sobre nuestra ciudad. Mi madre abría la puerta de mi cuarto sin avisar, y alarmada me gritaba que le ayudara a quitar la ropa tendida, y luego de 6 minutos de fuerte lluvia, esta cesaba y teníamos que sacar de nuevo la ropa.

No había nada de agradable en el hecho de que durante la lluvia el clima fuera fresco, y luego todo se sintiera sofocado. No me gustaba, entonces, no me explicaba cuando escuchaba a la gente feliz que de lloviese.

También, me ponía triste pensar en los gatitos y perritos que no tenían casa y que durante esas feas noches tendrían que buscar un lugar donde refugiarse; desde luego que también pensaba en los indigentes, quienes probablemente estarían pasando un terrible momento si no encuentran algo que los cubra mínimo un poco.

¡Y eso era otra cosa!

Que sin razón alguna, cuando veía el cielo nublado y el aire se ponía fresco me ponía melancólico o sentimental, y me ponía triste por muchas cosas. Y por lo que veía era algo que le pasaba a la mayoría de  personas, tal vez a todos nos recordaban nuestros momentos más felices, o puede que los más tristes. Pero reiteraba, no me gusta, para nada lo hacía.

En realidad yo no era un chico muy "alegre", pero tampoco me la pasaba triste todo el día, consideraba que mis emociones se mantenían neutrales; me reía cuando lo tenía que hacer, y lloraba cuando así lo ameritaba la situación. Pero, ¡ugh! Cuando llovía no podía controlar mis estupidas emociones.

Además, siempre había sido de esas personas que sus defensas se mantenían siempre bajas, por lo cual con frecuencia me enfermaba con facilidad. ¡Y cómo no! Todavía mejor si llovía.

No había manera de que algún día pudiera gustarme la lluvia.

Pero, había algo que odiaba un poquito más que la misma lluvia, y eso era que lloviera cuando estábamos en días escolares.

Cuando era pequeño mi madre se encargaba de ponerme esas chamarras impermeables y mis botitas amarillas, probablemente esperando a verme saltar por aquí y por allá salpicando agua como se supone cualquier niño haría, contrario a lo que mi mamá quería, siempre prefería sentarme en alguna banca mientras veía a mis amigos hacer sus tonterías de niños.

Ahora, los chicos no eran tan diferentes.

Siempre se la pasaban molestándome con que me salpicarían con el agua de las calles, ¡ew! Para empezar: esa agua estaba cochina, y además, ¡ew!

Por el clima parecía que el día era de noche, y eso no me gustaba, porque mis ganas de aprender iban en picada y además la gente corría por todos lados intentando cubrirse de la chispeada.

Los profesores se retrasaban porque debían manejar más lento para evitar accidentes los cual ponía muy felices a mis compañeros, mientras que yo no podía compartir su felicidad porque no me gustaba perder el tiempo. Si los profesores van a llegar tarde, entonces ese tiempo me gustaría usarlo durmiendo en mi casa, pero no. ¡La culpa es de la lluvia!

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⏰ Last updated: Apr 18, 2022 ⏰

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Cuando odias la lluvia // Jaeto [OS]Stories to obsess over. Discover now