Mañana del baile

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Hogwarts se había transformado en un paraíso mágico de invierno ese día. El jardín quedó decorado como una gruta, con fuentes, bancos labrados, caminos serpenteantes, estatuas de piedra de Santa Claus y sus renos y hadas vivas multicolores posadas en los rosales. Todo debido al baile de Navidad que se celebraba ese año debido al Torneo de los tres magos. Esa noche me sentí dentro de un sueño, del cual no quería despertar.

        Esa mañana, me desperté temprano a causa de los nervios que me provocaron pesadillas a lo largo de la noche. No estaba cansada, pues tenía altas cantidades de adrenalina producidas por mi sistema nervioso para mantenerme alerta. En otras palabras, mi cerebro me estaba jugando malas pasadas. Mi corazón latía rápidamente y mi piel estaba tan fría como una piedra de jade en medio de la nieve. Sabía que tenía que relajarme antes de empezar a prepararme para el baile, pues iba a asistir con Viktor Krum. Él me pidió amablemente, un par de semanas atrás, ser mi pareja de baile y yo, emocionada, acepté gustosamente. Solo Ginny sabía de mi cita con el famoso jugador de Quidditch porque Harry y Ron se volverían irritables al darse cuenta de este acuerdo.
         Estaba ensimismada en esos felices recuerdos, pero ya debía volver a la realidad. Por suerte logré calmar mis nervios ligeramente mediante inhalaciones y exhalaciones profundas, así que me quité las cobijas de encima y me dispuse a levantarme. Una vez de pie, me dirigí hacia la ventana, la cual tenía una vista hermosa. El sol apenas estaba saliendo y el lago reflejaba al gran astro rodeado de los colores pasteles del cielo. Todo el pasto y las copas de los árboles estaban blancos gracias a la nevada de la noche anterior, volviéndose como una imagen sacada de Narnia. Suspiré mientras contemplaba la magia de la naturaleza, haciendo que mis músculos se relajaran y mi mente se despejara.
       Me volteé para buscar mi baúl, el cual estaba delante de mi cama, a unos dos metros de la ventana. Sin hacer mucho ruido para no despertar a mis compañeras, saqué unos joggers negros, una blusa dry fit gris con tirantes y una sudadera negra. Después de vestirme y de colocarme los zapatos deportivos negros con suela blanca, recogí mi cabello en una cola de caballo. Finalmente, salí de la habitación y bajé las gradas. Al llegar a la sala común no vi ni una sola alma vagando por ahí, solo estaba el calor del fuego de la chimenea. Salí de ahí y me fui a los jardines para correr unos minutos.

         Era muy temprano, así que nadie me veía correr ni escuchaba mi respiración agitada. La brisa de invierno acariciaba mi rostro y enfriaba cada parte de mi cuerpo; sin embargo, el correr aumentaba mi presión sanguínea, mi corazón bombeaba rápidamente y pequeñas gotas de sudor brillaban en mi frente. Definitivamente no tenía tanto frío como debería, pero sentía el frío externo rozar con mi piel caliente. Ese choque de temperaturas me hacía sentir bien, como si todo fuera a salir bien. Estaba bastante relajada, aunque estuviera exhusta de correr alrededor del lago.
      Después de aproximadamente veinte minutos, me detuve a respirar profundamente para no ahogarme. Hacía mucho tiempo que no hacía ejercicio, así que mi condición física no era la mejor. Me apoyé junto a un pino que había cerca y admiré todo el paisaje. Hogwarts se veía maravilloso en medio de la nieve y del cielo azure, pues ya el crepúsculo matutino había pasado. Estaba tan inmersa en mis pensamientos de admiración hacia la belleza del paisaje que no escuché los pasos de alguien acercándose, ¿o la persona estaba cerca cuando me acerqué al pino? No sé muy bien de dónde vino ese humano, por lo que no estaba preparada para escuchar a mis espaldas a alguien decir mi apellido. Era una voz fría, llena de arrogancia y prepotencia, pero seductora también.

          Me giré lentamente para asegurarme que el dueño de la voz era la persona que yo imaginaba que era. Lo vi, a unos dos metros de mí, con sus manos metidas en los bolsillos de su túnica, una sonrisa maliciosa y coqueta se dibujaba en su rostro pálido como el mármol, sus ojos grises brillaban y su cabello rubio estaba ligeramente despeinado debido al viento, lo cual hacía que algunos mechones cayeran cerca de sus ojos. Esa imagen de Draco Malfoy era increíblemente sexy; además, había que agregar que el paisaje la volvía como una foto de revista. 

- Malfoy - dije con la voz más tranquila que podía aunque, con el sobresalto que tuve, no lo conseguí muy bien.

- ¿Granger haciendo ejercicio? Pensé que el único ejercicio que hacía el ratón de biblioteca era leer y cargar con esos libros tan aburridos - el tono que utilizó era provocativo y malicioso, así que ignoré ese comentario.

- ¿Qué quieres, Malfoy? - le contesté ya harta de él. Se acercó lentamente y se detuvo a un par de pasos de mí. Me miró fijamente a los ojos con sus gemas grises relucientes.

- Nada, Granger. Nada. - sonó cansado y todavía me miraba a los ojos. La expresión que tenía era cansada y, podría decir, melancólica. Nunca lo había visto así, pero su mirada me cautivaba de una forma bastante inusual. Sentía fascinación hacia él y, por unos segundos, olvidé que él era la persona causante de la mayoría de mis experiencias desagradables en Hogwarts. Alguna fuerza existente en este mundo hizo que yo diera un par de pasos hacia él y él hacia mí. Seguíamos con el contacto visual fijo y ninguno desviaba la mirada. Mi respiración se volvió más rápida y mi corazón latía con más fuerza ¿Qué estaba pasando? Caí en razón después de lo que fueron horas para mí, pero probablemente fue un minuto. Miré al cielo y después al castillo por ninguna razón especial, luego volví a mirar a Malfoy.

- Yo... yo debo regresar al castillo. Hasta luego, Malfoy. - le dije un poco nerviosa e insegura debido a ese momento tan extraño. Corté el contacto visual y empecé a caminar hacia el castillo.

-  Granger... nos vemos en el baile - se despidió a lo lejos con voz... ¿triste? No sabía muy bien qué estaba pasando y eso me confundía. Seguí caminando y entré en la calidez del interior del castillo. Suspiré. Ese sí que había sido un encuentro intenso, aunque no fue negativo. Más bien fue bizarro. Seguí hasta el Gran Comedor, el cual tenía árboles de navidad a los lados y uno muy alto detrás de la mesa de los profesores, para desayunar. 

       No habían muchos estudiantes comiendo a esas horas. Podría decir que eran las 7AM cuando comí avena con manzana y canela y un poco de jugo de calabaza. Era un desayuno liviano ya que mi estómago no iba a aguantar algo muy pesado. Terminé rápido para no encontrarme con mis amistades. Cuando iba saliendo del Gran Comedor, más estudiantes iban entrando. Fui directamente a los baños para darme una ducha caliente y relajante. Curiosamente, en ningún momento vi a más personas conocidas, solo tuve ese encuentro con Malfoy. Para ser sincera, esa situación me dejó pensando bastante, pero, gracias a eso, no pensaba en la noche y no me estresaba para lo que venía. Sabía que debía pensar en cómo iba a vestirme, peinarme y maquillarme para el baile, pero no tenía ideas, así que decidí pedirle ayuda a Ginny después de la ducha.

          El agua caliente abrazaba mi cuerpo y sentía mis huesos descongelarse. Cada músculo se iba relajando lentamente y el perfume de los jabones, shampoo y acondicionador despejaban mi mente, mi respiración se hizo más lenta y mi piel volvía a recuperar su color después del frío de afuera. Me quedé ahí el tiempo suficiente para que mis dedos se hicieran como pasas, hasta ese momento cerré la llave del agua y agarré una toalla caliente para secarme. Cada parte de mi cuerpo agradeció ese momento. Después me vestí con la misma ropa de ejercicio, pero no me puse la blusa, solo la sudadera. Luego salí para ir en busca de Ginny.

Mi vida se volvió un cuento de hadasStories to obsess over. Discover now