PRÓLOGO

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Era una cálida mañana, los rayos del sol empezaba a asomarse por las montañas. El pueblo estaba empezándo a despertar, preparándose pera el gran productoso día. La mañana parecía tranquila, y eso era algo que le encantaba al reino de de Inglaterra

Pero claro, en el castillo no podían estar tranquilos ni un segundo. Se escuchaban unas pisadas no tan pequeñas, pero tampoco tan grandes, dos niños peli negros corrian al parecer huyendo de algo o más bienvenido de alguien.

—¡ Pansy! ¡Harry! — Grito un hombre de mediana edad con que ropas finas, el rey de Inglaterra podría con un ejército o con su pueblo, pero nunca con sus hijos— ¡ Alto¡ ya deténgase—  El rey ya no puedo más y se detuvo, perdiendo de vista a su pequeños príncipes.

Los peli negros no paraba de correr, se detendrían sólo cuando sus pies ya no puedan más. Los pequeños príncipes llegaron a las praderas del reino, su lugar favorito. Se detuvieron para descansar y disfrutar el hermoso lugar paisaje.

—¿ Estás bien hermanito? — Preguntó la pequeña princesa, miéntras se sentaba en el pasto.

— Sí, un poco cansado, es todo—Respondido el pequeño azabache, copiando la acción de su hermana.

—¡Estás cansado!, vamos Harry no corríamos nada—

— Dilo por ti misma, siempre has sido más resistente que yo—

— Sí lo sé, soy genial— La princesa le dio una sonrisa arrogante a su hermano, mostrando que su brillante dentadura.

— Hay sí, ya quisieras — le dio un codazo a su hermana, haciéndola reír—Pero aceptó que eres buena en muchas cosas, hasta me ganas— Lo último que lo dijo algo avergonzado, prñor no ser tan fuerte como quisiera.

— Tranquilo hermanito, aun somos niños— Trato de animarlo— Se que un día me vencerás— La sonrisa que le mostró su hermano, para ella era las más pura y radiante de todas, no había nada más satisfactoria que para la pequeñas princesa, que hacer sonreir a su hermano.

— Gracias Pans— Ese era el apodo que el le había dado a su hermana mayor.

— No hay de que James— El pequeño príncipe rodo los ojos por como lo había llamó su hermana, no le gustaba su segundo nombre. — Será mejor que recresemos, o nuestro padre se enojara más y ni mamá podrá salvarnos— Comentó mientras se paraba del verdoso pasto.

— Sí creo ya es hora, además tengo hambre—

— Sí sigues de tragon, te sacaré rodando de tu habitación— Cómo mentó divertida— ¿Que tal si hacemos una carrera? — Pregunto divertida

— El último en llegar es un huevo podrido— Dijo divertido

— Date de por hecho hermano— Y así la joven princesa salió corriendo rumbo al castillo.

— Oye esperame— Así ambos príncipes salieron corriendo disfrutando de su niñez mientras podían,pues la desgracia estaba apuntó de llegar

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