Traspasando la penumbra, en la cúspide de la madrugada, la gélida sinfonía de cantares mudos arrulla un sueño carente y fugaz, mórbido lamento estulto, inconexa indiferencia de excelso pesar, aflicción amarga de lúgubre magnificencia desviste su crueldad sin premura, bajo la sonrisa cínica de una luna en menguante, el fulgor impávido del desprecio laceró su mirada vacía,y ante la ausencia de Dios aduló con su danzar impúdico la depravada inmundicia que le alimentaba, y vistió un ánima errante el sudario del oprobio, escribiendo aquel nombre en el lodo del repudio, y clamó insensible su homilía oscura a la desolación.
