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  |Cambió de lugar|

El sol salió, iluminando el rostro de aquella castaña que estaba a punto de comenzar una nueva vida. Abrió los ojos y, con pereza, incorporó su cuerpo. Se dio una ducha con agua fría para terminar de despertarse, se arregló y tomó sus maletas para dirigirse al living.

—¡Hola, mamá!

—Hola, mi amor. ¿Dormiste bien?

—Bastante. Estoy muy emocionada por ir a Japón —respondió.

—Ya veo. Recuerda que, cuando estemos allá, no debemos llamar mucho la atención.

—¿Por qué? —preguntó con curiosidad.

—Bueno, allá la cultura es diferente. ¿Estás segura de este cambio?

—Sí, bastante. Además, también es parte de mí.

—¿No extrañarás a tus amigos?

—El único que extrañaría se ha ido muy lejos. Los demás eran solo amistades.

—Ya veo.

—Estoy emocionada por volver a ver a Mikoto. Hace años que no nos vemos.

—¿Aún te acuerdas de ella?

—Sería raro que no lo hiciera —dijo la menor mientras sonreía.

El taxi que las esperaba afuera tocó la bocina. Rápidamente tomaron su equipaje y pertenencias, cerraron todo para dirigirse al auto. El transcurso del camino fue tranquilo. Mientras la madre de la niña mantenía una conversación con el chofer, ella se limitaba a observar la ciudad.

—Extrañaré Venezuela —comentó la pequeña.

La madre le dedicó una sonrisa y sujetó su mano, a lo que la chica de ojos oscuros correspondió.

—La extrañaremos —respondió, admirando el paisaje.

—La extrañaremos —respondió, admirando el paisaje

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Madre e hija llegaron al aeropuerto. Cuando llegó su turno, se subieron al avión. Se acomodaron y, mientras la mujer mayor leía un libro, la ojimorena decidió retomar una siesta porque se había levantado muy temprano.

Fueron unas veintitrés horas de vuelo, incluyendo las escalas. Ambas llegaron alrededor de las 5:30 p. m. al aeropuerto de Japón; estaban hambrientas, también esperaban su equipaje. La mayor tomó una de las maletas y sacó unos abrigos porque comenzaba a hacer frío.

Después de caminar por quince minutos en busca de la estación de tren más cercana, alguien tocó con sutileza el hombro de la pelirroja.

Disculpe, lleva la maleta abierta —comentó una mujer de cabello corto y negro.

La mayor se quedó en silencio con una expresión de confusión.

No Eres El Único. {Saiki K Ψ}Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora