Propuesta inesperada

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- Son las 8- protesto

- Se cancela la clase- afirma antes de lanzarse sobre nuestras guarniciones de heno.

- No hubo cacería ni misiones- pateo su vieja bota.

- No estoy de humor, Eva.

Pateo un par de veces más su bota y cuando por fin estoy por marcharme, él se incorpora.

- Márcame.

- ¿Qué?- volteo incrédula. Talves estoy alucinando y no escuché bien, pero Alek está ahí de pie con el puño de su mano sobre el cuello de su camisa, dejando al descubierto su piel trigueña.

- Tu hermano... tu hermano se lo pidió y ella... ella no dudó en aceptarlo- gruñe.

- Bueno... no tenía muchas opciones que digamos- me rasco la coronilla.

- Claro que la tenía- suelta con furia la tela de su camisa- hay muchas mujeres... muchas más a las que él podía pedirle si ella lo rechazaba.

- ¿Y por qué no te enojas con mi hermano?- resoplo.

- Tenía una lista. Sloan iba a pedirselo a Joanna, luego que Reed lo rechazara... Contaba con que Reed lo rechazara.

- ¿Y por qué no omitir a Reed de su dichosa lista?

- Porque Reed es la mejor de entre todas las mujeres de la manada.

- Y la mujer que amas- afirmo- la mujer que su beta ama. Si yo hubiera estado en su lugar, no la contaría como candidata.

- Tu no sabes nada.

- Sé que mi hermano es un imbécil y tu un cobarde que prefiere enojarse con el amor de su vida en vez que de su alfa.

- Fue ella la que dijo si.

- Eres caso perdido- ruedo los ojos.

- No bromeo- sujeta mi muñeca- Márcame... Si ella no dudó, yo tampoco lo haré.

- Bueno... hay muchos que pueden hacerlo. Yo solo vine por mi lección diaria.

- Claro que no. Eres la única que...

- Que lo hace mal.

- Exacto- eleva las cejas- se me borrará en unos días pero para entonces Reed ya habrá sufrido lo mismo que yo.

- No lo haré. Mi padre me prohibió que marcara a alguien.

- Eso es por la profecía. Teme que muerdas a algún alfa pero yo no lo soy. Además no le diré a nadie que fuiste tu.

- Cuando se te borre sabrá que fui yo y me gritará nuevamente por avergonzarlo frente a la manada.

- Te llevaré de cacería.

- ¿Qué?- lo miré anonadada.

- Como escuchaste. Dejaré que cazes si me marcas. Así que tu decides.

- Pero tengo prohibido salir.

- No saldrás por la puerta delantera.

- Bien.

Sonreimos con malicia.

De todas formas, era una oferta que no podía rechazar. He avergonzado a mi padre imnumerables veces pero nunca he podido cazar por mi cuenta, así que lo vale.

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