~Una criaturita salió bajo tierra. Tenía miedo y estaba sola. Me resultaba familiar. Sus ojos buscaban alguna presencia en el bosque, ojos que nunca habían visto la luz natural. La trampilla se cerró de un golpe y ya no regresó a aquel lugar. Recuerdos encerrados bajo tierra, secretos por descubrir en el exterior. No notó mi presencia, se limitaba a sollozar asustada cuando creyó escuchar a uno de ellos y comenzó a huir velozmente.
Hacía tanto tiempo que no veía a alguien como yo, que dudaba que siquiera unos pocos hubieran sobrevivido. No recordaba ningún rostro, excepto la aterrorizada mirada de mi hermano cuando aquellas bestias se lo llevaron. Aprendí solo, en el bosque, formas de evitarlos, de derribar su último aliento. Me prometí vengarlo y sobrevivir, por lo que decidí protegerla. Parecía especial, algo escondía. La empecé a seguir sobre los árboles con sumo cuidado para que no lograra percibir mi presencia, pero cuando dejó de correr escuchó mis movimientos entre los árboles y dirigió su mirada hacia sus copas. ~
Mis padres me habían criado en las cuevas subterráneas donde, como otros muchos, nací y empecé a aprender un oficio por su propia decisión. En las minas no había sitio para alguien tan frágil como yo.
La gente se moría de hambre o debido a las enfermedades que nos asolaban y nos arrebataban la vida uno a uno. Sin prácticamente medicamentos ni expertos, volvíamos a otro siglo. Las minas, sobre todo, nos abastecían lo suficiente para dar lumbre y calor a los enfermos y al resto de familias, así como para cocinar los escasos alimentos de los que disponíamos. La humanidad se apagaba bajo la tierra que algún día creyó poseer, pero yo sentía que había crecido allí por algún motivo.
Desde que comencé a dar mis primeros pasos fui descubriendo poco a poco los hilillos de música que resonaban en nuestro habitáculo familiar cada noche. A través de un dispositivo que mi madre había recogido de "la habitación de los recuerdos" movía mis pequeños brazos y pies, sentía que se movían con el ritmo de la melodía que los recorría. Tan solo con percibirla, mi cuerpo llevaba a cabo una danza de forma instantánea. Solo algunas noches, cuando mis padres bailaban en su pequeño cuarto del habitáculo familiar, ocurría tal extraño suceso. Un día escucharon pasos en la salida contigua y abrieron su puerta para comprobar qué estaba haciendo exactamente, qué estaba tramando su pequeña.
Nunca me habían enseñado absolutamente ninguna grabación ni fotografías del exterior ni tampoco por su cuenta me habían enseñado tal arte, por lo que no comprendieron mi gran habilidad. Al principio únicamente me observaban fascinados en el umbral de su puerta, pero paulatinamente, conforme iba creciendo y perfeccionando mi danza, mostraron un recelo creciente a que el resto de la colonia lo descubriera.
Disponía el dispositivo en el centro de la salida, sobre una pequeña mesita, cerraba los ojos y con mi traje negro me sumergía en otra dimensión. Sobre un paisaje nevado e inhóspito movía mis piernas y mantenía el equilibrio en todos los giros que hacía. Cuando me detenía era debido a su esperada y ansiada presencia, que me contemplaba en la distancia, sentado sobre un tronco cortado transversalmente. Sus ojos grises, su mirada enigmática y su pelo color azabache sugerían su forma, que me miraba triste y asustado. Yo corría y corría a buscarlo, pero se desvanecía cada vez que me hallaba ante él, junto a la dimensión en la que me había refugiado. Su parecido con Yina, sin duda, era asombroso, a pesar de que aún no había siquiera intercambiado palabra alguna con él.
Me obligaron a mantenerlo en secreto y me cedieron aquel dispositivo durante cada vez más noches. No obstante, mi cuerpo cada vez poseía más fuerza y destreza, y pronto algunas personas me notaron diferente.
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"Un secreto bajo tierra"
Science Fiction¿Qué nos separará del exterior? Somos un secreto escondido, enterrado bajo tierra... Solo necesitas descubrirlo.
