El Espejo

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Observaba el reflejo que el espejo le devolvía, como si no reconociese la imagen en él. Sentía verse fuera de escena, como el espectador de una sombría obra teatral, como si en algún momento su conciencia se hubiese desprendido de su cuerpo, dejándolo convertido en un oxidado fantasma.

Las noches repletas de lágrimas que lo acompañaban hasta que el sol lo saludaba, asomándose a través de su ventana, brillante y libre, en una clara burla a su deplorable estado, se evidenciaban bajo sus ojos en marcadas y oscuras ojeras, las que contrastaban con su piel pálida.

Sus iris grisáceas detallaron cada parte de su rostro. Arrugando el entrecejo, haciendo más notorias las nuevas líneas alrededor de sus ojos, chasqueó la lengua en desaprobación.

-Todo esto es tu jodida culpa.- le gruñó al reflejo, quién lo observaba con miedo y sumisión.

Sus manos sujetaron con firmeza el lavabo que crujió sin miramientos, el cerámico se incrustó en su carne, pero apenas lo notó. La constante ira le corría el cuerpo entero, lo cegaba, lo adormecía. Un nudo selló su garganta y el río nuevamente cruzó sus mejillas.

La figura de la mujer que alguna vez amó apareció frente a él, una efímera calma atravesó su cuerpo cuando vio su sonrisa. Sin embargo, la cólera creció exponencialmente al caer en cuenta de que esa paz era la antecesora a la tormenta. Su mirada intentó grabar inútilmente la pícara sonrisa de la mujer, la misma que recibió la primera vez que sus vidas se entrelazaron.

Indefectiblemente el parpadeo cambió su visión. El hombre de aspecto fantasmal volvió, pero esta vez sonreía tristemente. En un impulso irracional, animal, James estrelló su puño ensangrentado contra el espejo, el cristal se partió en decenas de pequeños pedazos que rociaron el diminuto baño.

Gruñendo, con la respiración agitada y bañado en sudor, sus orbes se atrevieron a mirar los destrozados restos de espejo que quedaron amurallados. La mujer apareció otra vez, pero ya no había una sonrisa cómplice en su rostro. Su cabello rojo como la sangre, el que siempre se encontraba impoluto, se hallaba enmarañado y descuidado, sus vivaces ojos verdes totalmente empañados y apagados. No parecía quedar rastros de la mujer que alguna vez fue su todo.

-Por favor, James.- el ruego afligido llenaba de eco la habitación.- Podemos ignorar esto, sabes que te amo y sé que tú me amas a mi. Nada más importa.

Los sollozos cortaban su silencio con gracia, ella se desesperaba al examinar su semblante estoico. Era claro lo que estaba pasando por su mente, ella también lo había pensado ya.
Exasperada volvió a hablar.

-Amor mío, podemos ignorar esto...- propuso limpiando con fuerza el llanto, sus mejillas dolieron al sentir la presión sobre la rojiza piel.- Hacer como si nada.

Al oír sus últimas palabras James giró su rostro y la miró. Escaneo desde su cabello hasta sus pies, el disgusto en su mirada la hizo abrazarse a sí misma.

-No.- sentenció inflexible.

-James...

-¡Basta!- gritó levantándose de la cama. La mujer retrocedió instintivamente.

-Esto puede ser un error.- sus piernas avanzaron unos cuantos pasos en su encuentro, ignorando completamente las órdenes de su razonamiento.

-Mierda, Natasha.- él se acercó de forma intimidante, la pelirroja tuvo que retroceder para que sus cuerpos no colisionaran.- Deja de intentarlo.- soltó irritado.- Jamás en la historia ha pasado, ¿qué te hace creer que tu serás la primera?

Ambos se miraron durante unos minutos sin emitir sonido alguno, sus alientos se entremezclaban y sus torsos se rozaban. La intensidad en los ojos grises no alcanzan para dominar a los ojos verdes. Era una lucha entre la furia incontrolable y la esperanza de una tregua.

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⏰ Last updated: Dec 29, 2020 ⏰

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