Había hecho la carta, esa de despedida,
en mi mente la formaba con todo lo que venía,
había elegido culpables, había elegido fracasos,
había elegido lugares, había elegido el ocaso.
Había hecho la carta, tocaba la puerta falsa,
me arrastraba en el abismo del dolor y lo vivido,
había hecho la carta, ¡Casi la terminaba!
Casi la firmaba con mi sangre una mañana.
Pero entonces descubrí que no sería suficiente,
que no sería castigo dejarte verme inconsciente,
pero entonces me di cuenta que no era ese el camino,
que aún con mi dolor, debía salir invicto.
No sería un buen castigo para alguien que no ama,
que no amó lo suficiente para empujarme a la carta.
El norte y sur se juntaron aun siendo buenos y malos,
el norte me apuñaló y el sur me sostuvo sólo un rato.
Con mi pecho destrozado, destrocé también la carta,
saqué fuerza de los más profundo y oculto de mi alma
y logrando levantarme me sostuvieron miradas,
miradas de inocencia que en mi vientre fueron creadas.
Había hecho la carta sin pensar en lo que valgo,
había sido mi juez más estricto en muchos años,
debía soltarlo todo, debía perder las ganas,
debía reconstruirme y surgir de cero y nada.
Ya con la carta rota, ya con el alma en pedazos,
me empecé a armar de nuevo, comencé a dar mis pasos,
decidí soltar pedazos que ya no necesitaba
y encontré pedazos nuevos que renovaron mi alma.
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Había hecho la carta
PoesíaAunque en ocasiones la tristeza sea tan grande como para tomar decisiones incorrectas... Tocar fondo y caer en la vida también te hace resurgir y reconstruir lo bueno que siempre existe.
