Raven fue hechizada y obligada a firmar el libro.
Dexter era el príncipe de la Cenicienta.
Hunter y Ashlynn se "resignaron" y siguieron sus destinos.
El cuento de Apple no funcionó: Daring no la amaba, y nadie pudo despertarla.
Maddie, Kitty y Lizzie regresaron a Wonderland.
Y en medio de todo eso... la historia de Cenicienta está a punto de comenzar.
...
Era el baile. Todas las doncellas del reino estaban invitadas.
La noticia llegó a todos los reinos... y a todos los cuentos.
A Raven le llegó una invitación que originalmente era para Apple, o como ahora se hacía llamar: Blancanieves.
Raven lo sabía. Sabía que Dexter era el príncipe de Cenicienta.
Y así, rompiendo las reglas, se puso un hermoso vestido y caminó hasta los límites del bosque.
En medio del bosque, en un claro, había un ataúd de cristal cubierto de flores. Apple, Daring y los siete enanos se hallaban congelados. Desde que los detuvo, Raven había deseado abrir un paso alternativo para llegar al portal de los cuentos. Pero parecía que el bosque insistía en que aquel camino fuera obligatorio.
Antes de llegar a los límites, había una cabaña. Raven se detuvo frente a la puerta y tocó.
Salió un cazador: Hunter Huntsman. Parecía que los años no habían pasado para él; ni una sola línea de expresión lo delataba. Al verla, esbozó una sonrisa.
De alguna manera, Raven se relajó al ver esa sonrisa.
—¿Qué desea, mi reina? —preguntó Hunter formalmente.
Raven hizo una mueca. Nunca se acostumbraría a las formalidades, y menos con personas como Hunter. Lamentablemente, desde su coronación era requisito.
—Olvidemos las formalidades, Hunter —dijo, relajando el rostro y dedicándole una de sus sonrisas más cálidas—. Iré al baile de Cenicienta. No sé si te interese venir —añadió con un toque de malicia.
Los ojos de Hunter brillaron.
—Sí, reina mía —respondió burlón—. Déjame cambiarme. No tardo. ¿Gustas pasar?
Raven asintió. Hunter se hizo a un lado para dejarla entrar.
La cabaña, para ser de un hombre que vivía solo, estaba sorprendentemente ordenada y bien decorada.
—Tienes buen gusto para decorar —dijo Raven, observando la sala, el comedor y lo que alcanzaba a ver de la cocina.
—Gracias —dijo Hunter cerrando la puerta detrás de él—. Siéntete como en casa. El baño está por ahí, y si tienes sed, toma lo que quieras de la cocina. No me tardo.
Subió las escaleras rápidamente. Raven no se movió hasta que escuchó la regadera.
Ya en la cocina, tomó un vaso del escurridor. Justo cuando iba a llenarlo de agua, un destello ambarino llamó su atención: una botella de whiskey.
Con su bebida en mano, fue al sofá, pero se detuvo al notar las fotos que cubrían una pared entera.
Una en particular llamó su atención: Dexter y Hunter, sentados en un sillón, cada uno con un control de videojuego. Raven sonrió con nostalgia; ella había tomado esa foto hacía un par de años, durante una de sus tardes de pizza y videojuegos con los chicos. Esas a las que iba solo para estar cerca de Dexter.
