Prólogo

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Esto es lo que hay.

Hola, ¿Que haces aquí?, ¿Quieres escuchar una historia?, ¿Si? Pero antes tengo una pregunta para ti, si consigues un día un reloj extraño, ¿Lo tomarías?, ¿Aunque tu vida ya no vuelva a ser la misma?

Yo lo hice, y creeme, mi vida no volvió a ser la misma, ¿Cual es mi nombre? Olvidaba decírtelo, perdona. Soy Satõ ____, oh, ¿Ya estas impaciente por escuchar la historia?, bien, ya comenzaré.

Cuando era pequeña, mis padres no pasaban mucho tiempo conmigo, ¿Por que? Ellos trabajaban, tampoco les gustaba descansar, por eso no los veía seguido, los únicos días que los podía ver eran cuando su jefe decidía que ya era demasiado para ellos. Mamá era una mujer trabajadora, honesta, también estricta, pero sobretodo dulce, y hermosa, su cabello castaño y sus ojos verdes, eran hermosos. Papá era un hombre orgulloso, le gustaba demostrarse a si mismo y a los demás que el podía, honesto, serio, divertido, y aún así era una persona maravillosa, su cabello negro y sus ojos celestes, un celeste como el cielo mismo.

Pero todo cambio el día que encontré a Anyeis, mi mayordomo Yo-kai, mi primer amigo, aquel zorrito blanco con detalles azules, temperamental y de sonrisa maliciosa. Aún recuerdo nuestro encuentro, fue curioso aquel día, empezamos con el pie izquierdo, me había asustado tanto cuando lo ví que le tire mi zapato, se había enojado tanto que yo también terminé discutiendo con él, para luego ser desde ese día, amigos, y tener problemas por su culpa, por nuestras aventuras.

Todo empezó aquel día que me perdí en una excursión escolar, apenas tenía 6 años. Eramos tantos niños que el maestro se había fijado más en los que eran revoltosos, me había desviado del camino por que me había distraído mirando una mariposa monarca, me parecía curiosa, cuando me di cuenta era tarde. Había quedado muy atrás de todos mis compañeros, aunque correría, ya estaba pérdida, mis lágrimas no tardaron en salir, como todo niño pequeño creí que llorando resolvería todo, pero no, no era así.

Me dolían los pies, la cabeza, eso significaba que tenía hambre y seguramente ya habían pasado 2 horas desde que me había perdido. Tenía leves raspones en mis piernas que empezaban a arder. Cansada, hambrienta y triste, me senté a lado de un gran árbol abrazando a mis piernas ocultando mi cabeza entre estas y llorando. Sentí un temblor, hasta que algo cayo encima de mi cabeza haciendo que levantara mi mirada, ví enfrente de mi, un extraño objeto. Parecía una cápsula, tenia algo dentro, me quedé mirándola con cierto miedo, hasta que escuché unas voces.

— Abrelo, abrelo —murmuraban—. Ha llegado tu momento, abrelo —me acerqué a la cápsula— ¡Es hora de tu momento!

Agarré aquella cápsula, y la abrí, salió un destelló de esta que me había dejado cegada, me quejé en voz alta. Después de eso encontré el camino y volví hacía donde estaban mis compañeros, sana y salva, el maestro cuando me vio se lleno de alivio, aunque luego me dio un gran sermón pero se notaba feliz -tal vez por no perder su trabajo- con mi regreso, al igual que mis compañeros, continuamos con la excursión, hasta que nos tocó regresar y llevaba de paso un polizonte conmigo.

Y así fue, ¿Eso es todo?, ¡Claro que no! Apenas estoy empezando...

Un amor espiritual |Nate y tu| |Yo-kai Watch|Stories to obsess over. Discover now