Capítulo I: Staying Alive

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Casino Post Tenebras, Roma, Italia.

Como de costumbre, no había espacio para la quietud dentro del Casino. Turistas y gente importante de todo el mundo entraban y salían del salón de juegos más lujoso que se encontraba en el país; un lugar tan sumamente precioso y adictivo que se decía que con tan sólo ver el interior, con tan sólo oler su aroma, era suficiente para quebrar la más fuerte de las voluntades y enganchar al juego a cualquier persona. Esto, sin embargo, no se aplicaba a los trabajadores del local: barmans, bailarinas y camareros. Todos debían pasar una rigurosa prueba con tal de mantener a los clientes enganchados. A pesar de ello, de todos los trabajadores del casino, los más importantes se encontraban fuera de focos.

El Casino Post Tenebras había sido fundado cinco años atrás, más como un punto de reunión entre las distintas familias mafiosas de todo el país. Quien financió el proyecto lo hizo desde el máximo anonimato de la misma mantuvo su anonimato. No se presentó a la inauguración ni iba personalmente a cobrar las ganancias. Su nombre era desconocido y no fue hasta el año 1999 que quien había estado tras las cuerdas del casino había sido el jefe de la familia italiana, Passione.
Sin que nadie se percatase, el jefe había tratado con la gran mayoría de negocios de toda Roma, debilitando al resto de grupos, logrando así el monopolio de prácticamente todo lo que se traficaba en Roma y por tanto, toda Italia. Su influencia era tal que se decía que el propio Papa debía pasar primero por el consentimiento del Jefe. Esto obligó a las otras grandes potencias criminales tener que jugar bajo las normas impuestas por aquel denominado tan sólo como Boss. El casino se convirtió así en el centro más protegido de toda la organización y la cabeza de la misma. Así, todo lo relacionado a dinero sucio debía pasar primero por el casino y ahí era donde entraban los llamados Agricolae, expertos en el blanqueo de dinero y en esconder el mismo en los mejores bancos del mundo.

Aquí, en una de estas oficinas es donde inicia nuestra historia.
Sudado, tras varias horas de duro y diligente trabajo, Giorgio Giocondo, alias GioGio por sus compañeros de trabajo, se encontraba exhausto y con una pistola apuntando fijamente su cabeza.
—Como el jefe se entere de esto nos va a matar, ¿entiendes? No puede enterarse—Apretó entonces el cañón contra su nuca y observó alrededor—. Cualquiera que no sea este figlio di puttana puede irse.
El aire se respiraba inmóvil y frío, la sala fue invadida por un violento silencio que todos temían, fuese asesinado junto a Giocondo de un tiro de gracia.
—No recomiendo que siquiera intente disparar, señor. Es un acto inútil—Dijo el joven sin perder la compostura.
Los ojos del tirador se tornaron rojos de la rabia.
—¡¿Qué has dicho?!—Gritó, apretando entonces con todas sus fuerzas el gatillo.
Los presentes en la sala afirmaron simplemente como, de un momento al otro, la pistola de quien más tarde sería conocido como Lupo Puccini había simplemente desaparecido, dejando a todos anonadados salvo al ya mencionado y al propio Giorgio.
—Salid de aquí—Dijo con calma el joven oficinista, poniendo su mano delante del rostro, ocultando la mitad del mismo y agitando su enmarañado cabello azabache.
Esta vez no hubo que repetirlo y todos salieron corriendo sin saber que lo que esperaba fuera no era mucho mejor.
El matón se encontraba callado.
—Hubo uno... Todo el rato aquí...—Murmuraba mientras observaba la humareda que se encontraba delante suyo.
—Le dije que sería inútil.
GioGio entonces posó, apoyándose en una extraña figura humanoide con características felinas, de complexión musculosa y un tono de piel entre rosáceo y púrpura.
—Ya veo...—Susurró Lupo mientras se alejaba y sacaba una revólver que había escondido en su chaleco.
Giocondo permaneció inmóvil, ligeramente sorprendido por ver que su rival no parecía afectado por ver que se encontraba apoyado en el aire.
—『Little Mess』—Dijo entonces el tirador mientras tras él aparecían seis pequeñas figuras semejantes a gnomos, tan pequeños como una bala.
—¿Cómo?—Murmuró Giocondo al observar, nervioso, la aparición de aquellas pequeñas criaturas flotantes, perdiendo por un momento la compostura, apoyándose entonces en una de las mesas que se encontraban en la oficina.
—Quien logre matar a este payaso podrá comer el equivalente a los seis—Dijo burlón Lupo mientras se ajustaba la gorra que llevaba puesta.
De las bocas de los extraños gnomos no salió más que una aguda y chirriosa risa molesta, claramente asesina.
Lupo entonces levantó el arma, pero no hizo ningún intento por apuntar a Giorgio y simplemente disparó tres de las seis balas que se encontraban en el tambor. Los proyectiles comenzaron a rebotar por todas partes, cada vez con mayor celeridad, al ritmo de la macabra risa de antes.
«Parece que este bastardo tiene una habilidad como la mía» Pensó el oficinista, tratando de no perder ninguna de las balas, en vano.
—Pareces sorprendido, Agricolae—Dijo Lupo de forma burlona—. Los llamamos Stands. Son habilidades que no posee cualquiera, y sinceramente, creo que no deberías haberme enseñado la tuya tan deprisa y con una ejecución tan pobre. Tan solo has retrasado unos minutos tu sentencia de muerte, pezzo di merda.
GioGio volvió a invocar a la extraña figura, dispuesto a contraatacar.
—"Tal vez pueda detener una de las balas", es lo que estás pensando, o me equivoco.
Giocondo se mantuvo silencioso.
—Sin embargo, viendo que antes tan sólo has 『explotado』la pistola he de suponer, no de forma muy errónea, que eres incapaz de efectuar 『explosiones』en cadena.
Instantáneamente, las tres balas fueron disparadas desde tres ángulos distintos al mismo tiempo.
GioGio sonrió, para sorpresa de Lupo, quien simplemente supuso que se encontraba delante de un loco.
—Lo que has deducido es una regla de tres bastante sencilla—Dijo mientras lanzaba rápidamente un botón de su camisa que había caído tras el primer forcejeo y que había agarrado cuando cayó sobre la mesa—. Sin embargo, no has contado con que tal vez simplemente no quería matarte.
Fue entonces que el botón explotó, llevándose consigo las balas que tan rápido se acercaban y con ellas los pequeños monstruos que las montaban.
—『Oncoming Dark』, así lo he llamado. Transforma cualquier objeto que toque en una bomba cuya intensidad yo elijo—Dijo Giorgio mientras rodeaba la cadera de su stand en señal de victoria.
—¿¡Có-Cómo?!—Gritó Lupo mientras su piel comenzaba a torcerse y partirse en pequeños trozos, como si él hubiese sido el herido por la explosión—. ¡Bastardo!—Gritó mientras apuntaba directamente a Giorgio—. ¡TE MATARÉ!
GioGio volvió a prepararse para la defensa, y justo cuando el matón se dispuso a disparar...
—¿Huele a...?—Preguntó GioGio.
Lupo observó el entorno.
—¡FUEGO!—Gritó de repente uno de los barmans mientras ardía y gritaba en agonía.

Continuará...

JoJo's Bizarre Adventure: Obsidian Will (JoJo FanFic/AU) Stories to obsess over. Discover now