La poción de la amistad

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Había una vez, en la antigua Europa del Norte, una bruja llamada Adina Leona. Era conocida por su carácter áspero y su rechazo hacia cualquier tipo de compañía, ya fueran magos o muggles. Los habitantes del pueblo cercano le temían profundamente, pues se decía que hechizaba con la voz: cada vez que cantaba, algo malo sucedía.

Y es que Adina no podía hablar sin cantar.

Aquella maldición había sido obra de un antiguo enemigo. Cuando este murió, ella creyó que el hechizo desaparecería... pero, para su desgracia, permaneció.

Incapaz de comunicarse sin causar daño, decidió aislarse en una pequeña cabaña a las afueras del pueblo, casi rozando el bosque. Allí vivió durante años, consumida por la soledad y el mal humor.

Hasta que un día, cansada de su propia condena, decidió buscar una solución.

Se armó de valor y se internó en el espeso bosque en busca de una magia que pudiera liberarla.

La primera noche, agotada, descansó sobre el tronco de un árbol. Fue entonces cuando apareció una joven Veela de mirada distraída y melena plateada. Parecía perdida.

Adina, temiendo dañarla si hablaba, se comunicó con gestos, ofreciéndole quedarse a su lado.

La Veela aceptó.

A la mañana siguiente, comenzaron el viaje juntas. La joven se presentó como Galen, nombre que, según explicó con una leve sonrisa, significaba "loca" en su lengua natal. Confesó que siempre había sido torpe y distraída, lo que la llevó a alejarse de los suyos... pero al intentar regresar, se perdió sin remedio.

Conmovida, Adina decidió ayudarla.

Continuaron su camino hasta encontrarse con un río inmenso. Mientras la bruja pensaba en conjurar una balsa, Galen sugirió, con entusiasmo, volar sobre el agua.

Adina accedió y, usando magia no verbal, las elevó en el aire. Sin embargo, una distracción de Galen provocó que perdieran el control y cayeran al río embravecido.

Ninguna sabía nadar.

Las corrientes las arrastraron, sumergiéndolas entre remolinos... hasta que una figura emergió entre las aguas: una sirena.

Su nombre era Loic.

Aunque su apariencia era extraña, poseía una inteligencia aguda. Las ayudó a salir del agua y, tras escuchar su historia, les indicó que, siguiendo el río, llegarían a un lago donde habitaba una aldea de Veelas.

Loic decidió acompañarlas.

Durante el trayecto, confesó que buscaba a un hada acuática capaz de cambiar su apariencia, pues en su aldea era rechazada por ser considerada la más fea, a pesar de poseer la voz más hermosa.

Al llegar al lago, encontraron el islote donde vivía el hada.

Las tres, ya unidas por la experiencia, decidieron buscarla juntas.

El hada las recibió con una sonrisa serena. Tras escuchar sus historias y ver todo lo que habían superado, les reveló la receta de una poción capaz de ayudarlas a las tres por igual.

Necesitaban:

Escamas de sirena con mente diligenteCabellos plateados de una Veela puraY la sangre de una bruja sabia

Las tres comprendieron que ya tenían lo necesario.

Loic ofreció sus escamas.
Galen, sus cabellos.
Y Adina, con determinación, dejó caer gotas de su propia sangre.

Prepararon la poción bajo la luz de la noche. El caldero burbujeó lentamente hasta transformarse en una espesa mezcla brillante.

Al beberla, una luz blanca las envolvió.

La magia hizo su trabajo.

La bruja recuperó su voz, ahora dulce y libre de maldiciones.
La sirena adquirió una belleza que reflejaba su inteligencia.
Y la Veela se volvió más lúcida, sin perder su esencia alegre.

Pero lo más importante... fue que ya no estaban solas.

Se miraron entre ellas y entendieron que, sin buscarlo, habían encontrado algo más valioso que cualquier hechizo:

una familia.

Moraleja:
El trabajo en equipo y la amistad suelen ser el mejor remedio ante problemas grandes. La felicidad se multiplica cuando se comparte, y las cargas se vuelven más ligeras cuando no se llevan solas.

La poción de la AmistadHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora