Comienza Noviembre y con ello el fin de un gran proceso para la vida de Gabriel. Terminaba ya su último curso dentro de su colegio y en cosa de días cumplía 18 años, lo cual conllevaba muchas acciones a determinar, no solo debía comenzar a pensar que carrera estudiar sino que también debía pasar por el ritual de iniciación en el grupo religioso del cual participaba con toda su familia.
Desde siempre, Gabriel ha estado involucrado en este grupo, sus padres aseguran que cuando nació tuvo una gran enfermedad que hizo que se se acercaran a la religión, con la promesa de que siempre haría que él sirviera para el culto. Cosa que ha sucedido hasta el día de hoy y que gran orgullo ver cómo ese pequeño indefenso, y dejado por la medicina ha logrado llegar a los 18 años como todos los adolescentes normales, o eso creen sus padres y él también.
Es su último día de clases, con eso deja atrás muchas historias, aventuras con sus pares y también algunos momentos de los cuales no quiere recordar y prefiere olvidar. Pero existe un recuerdo que le ha acompañado siempre desde el segundo uno que sucedió y tiene que ver con un estudiante del otro curso. Alejandro.
Alejandro no era muy atractivo para muchas, nunca resaltó entre el resto, sin embargo para Gabriel eso era más que suficiente. Por azares de la vida y un trabajo del plan electivo que habían tomado, ambos debieron juntarse después de clases a realizar su trabajo.
Este recuerdo era muy importante para Gabriel ya que marcó un antes y un después en su vida, pero por sobre todo, que era un recuerdo que debía dejar atrás una vez comenzada su iniciación, cosa que era complicada ya que esta memoria tenía tanta importancia dentro de él que por las tardes dedicaba varios minutos en pensarlo, recordarlo y atesorarlo con sus manos.
Llega a casa luego del colegio, se encuentra solo, sus padres trabajando y hermanos mayores estudiando, dan un espacio para que Gabriel se encierre en su cuarto, una vez más. La puerta cerrada, las cortinas juntas, él en la cama y sus cosas a un lado, mientras el recuerdo viene una vez más a su mente. El recuerdo de cómo aquella tarde de trabajos, Alejandro tomaba su mano, la cual se sentía muy suave, mientras una sonrisa tímida se dibujaba en el rostro de ambos. Una sonrisa tímida, llena de vergüenza por no saber qué estaba pasando. Gabriel recuerda cómo en medio de una sonrisa ambos rostros se acercaron sin decir nada, lo recuerda tan bien que con una mano toca su propio labio, mientras la otra mano baja por su cuerpo, acariciándose. Sus ojos se cierran lentamente mientras vuelve la imagen de Alejandro cerca de su rostro, al mismo tiempo que una pequeña melodía muy reconocida viene a él. Se detiene al percatar que aquellas notas se trataban de una de las tantas canciones que entonaba junto a su familia en la congregación. Sus ojos se abren y con ello la viva imagen de Alejandro desaparece, y de esta manera se levanta de su cama en busca de su biblia que, según su familia, es el arma más poderosa para que el se desprenda de todos los recuerdos y pensamientos terrenales y solo se enfoque en lo divino y celestial y lo preparado que debe estar para poder hacer su iniciación.
Vuelve a su cama, esta vez no para acostarse, si no para arrodillarse ante ella, con la biblia en la mano y comenzar a murmurar
- Padre que estás en los cielos, tu que todo ves y oyes. escucha la súplica de tu hijo. - su voz se comienza a quebrar lentamente- Te hablo para que sepas que estoy arrepentido de todos mis pensamientos, de lo que he hecho, y de lo que me gustaría hacer. No soy digno de estar ante tu presencia, pero aquí estoy, pidiendo tu perdón y que borres de mi todo lo que empañe tu gloria... todo aquello que no quieras de mi bórralo. Quiero que dejes atrás todo lo que tenga que ver con Ale ...- se detiene en medio de su súplica ya que la pena se comienza a apoderar de su cuerpo- todo lo de Alejandro, sácalo de mi cuerpo, mi mente y mi corazón, solo quiero que tu habites en mí. - En ese momento la pena comienza a aflorar como un llanto. Su rostro se comienza a enrojecer de la tristeza, rabia, dolor y la vergüenza que asocia a su recuerdo. - Sólo quiero ser un chico normal, alguien de que mi familia se sienta digna, un ejemplo para quienes me vean. Quiero ser tan fuerte como mis hermanos, pero soy débil, no quiero pensar más en él. - Comienza a tomar nuevamente fuerza para poder continuar su petición.- Guíame como tú sabes guiar, no me dejes caer más en tentación, solo líbrame. Líbrame de todo aquello que no te deje brillar en mi. Te lo pido de corazón. En el nombre de la santísima trinidad. Amén.
Gabriel abre sus ojos para poder limpiar su rostro lleno de lágrimas, se siente confiado de que será la última vez que piense en Alejandro y todo lo que hacía mientras le recordaba. Se incorpora en sí para ver a la puerta y notar que estaba su madre de pie.
-¿Cómo estás hijo? Llegué recién, te escuché sollozar y vine para ver que sucedía. - se acerca y le abraza - ¿Te encuentras bien?
-Si - mintió mientras se incorporaba en los brazos de su madre- Solo que pedía a nuestro Padre que cuidara a todos mis compañeros, que los extrañaré mucho - volvió a mentir-
- Mi niño, ellos estarán bien. Nuestro Padre siempre cuidará de todos nosotros, siempre y cuando no le fallemos. - Comienza a acariciar el cabello de su hijo- Y tú, has demostrado ser un gran ejemplo de hijo, estudiante y amigo. No tienes que tener pena. Tú ya hiciste mucho por ellos al llevar la palabra divina, ahora deben elegir el camino correcto.
-Lo sé - Se separa de ella para poder mirarle a sus ojos y forzar una sonrisa- No me gustaría pensar en una eternidad sin ellos - Se aleja dentro de su cuarto para arreglar aquellas cosas que había tirado al llegar del colegio.
-No hay nada que temer, solo disfrutemos estos últimos momentos porque ademas, se viene tu iniciación ya. - La madre comienza a caminar por el cuarto hasta llegar a la ventana y abrir las cortinas- Debes estar contento esperando que llegue ese momento. No dejes que nada empañe ese bello momento.
-Descuida, en cosa de días estaré de cumpleaños, y estoy muy pendiente de seguir mis pasos según la voluntad divina. - comenta mientras termina de ordenar sus cosas y sentarse en su cama- Que bueno saber que puedo contar contigo en momentos así-
-Así.¿cómo? - Le mira preocupada.-
-O sea, - titubea unos segundos antes de seguir con su comentario.- Así, de pena. De termino de clases y esas cosas. La nostalgia - suspira-
-No hay nada que agradecer, para eso estamos - se acerca para besar la frente de su hijo, acariciarle su rostro, acomodar su pelo para luego caminar hacia la puerta- Tranquilo Gabriel. Iré a preparar algo de comer, te aviso cuando esté todo listo - se retira el cuarto dejando la puerta abierta.
Gabriel se recuesta en su cama mirando al techo. No sabe qué sucede con él, con lo que siente o lo que quiere sentir, sin embargo está decidido en un una cosa. Debe seguir el sendero de luz, aunque le cueste ser quién quiere ser, esperando que su súplica sean recibidas por el "Padre". Toma su biblia, besa su portada y deja a un lado mientras espera el llamado de su mamá para ir a comer.
CITEȘTI
No es ni mi culpa, ni mi pecado
DragosteGabriel se siente atrapado en una burbuja por ser quien es, por sentir cómo quiere. Ha renegado tanto de si mismo que no sabe ya quién es o que es lo que quiere. Solo un acto logrará unir su vida, su amor y su fe.
