Saliendo de lo común

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-Karen!

Lo primero que oigo cada mañana, mi madre despertándome, gritando mi nombre a más no poder, como si no pudiera venir a mi habitación y decirmelo con calma y con tono bajo, pero luego son los padres los que se cabrean al ver a sus hijos gritar desde la otra punta de la casa diciendo:

"Estoy en la cocina, si me quieres decir algo, ven aquí"

En fin, cosas típicas en una familia. 

Después de estirarme unas veinte veces para poderme quedar un poco más en la cama me levanté, me vestí, comí unas deliciosas galletas, me tomé la leche en mi taza de mi anime favorito, me lavé los dientes y como buen estudiante preparé la mochila 2 minutos antes de que llegase el bus.

Ya en el bús, sentada tranquilamente me tocó aguantar de nuevo a mi compañero de asiento. Sí, los asientos del bus estaban separados por parejas, no me preguntéis porqué.

Mi "compañero" se llamaba Chad y no era demasiado... Amigable que digamos, medía como un metro setenta de alto, no es una estatura muy común en primero de la eso, además era un chico bastante rechoncho lo que hacía que ocupase su sitio y un cuarto del mío. Éste era el tercer año que me toca compartir asiento con éste personaje, pero bueno, ya como que medio me he acostumbrado.

Chad no me caía demasiado bien, en primero de primaria me molestaba mucho en clase, además era uno de esos típicos adolescentes que si no le tiraba piedras a un pájaro con su tirachinas, hacía operaciones quirúrgicas a pobres sapos que simplemente querían tomar el sol. De verdad que me daba mucha pereza aguantarlo tanto tiempo.

Éste año me tocó sentarme al lado de la ventana así que tuve una pequeña distracción en lo que escuchaba los profundos ronquidos de Chad. Todo estaba normal, siempre cuándo queda la mitad del camino pasamos por un profundo bosque, pero ese día no estaba igual que siempre, había muchos árboles rotos y ramas por todas partes, me pareció muy extraño, aunque luego recordé que hubo una gran tormenta esa noche así que al final no le dí mucha importancia.

Al salir del autobús con una cara de sueño y una postura de una persona que no tenía mucho sitio en su asiento, mi amiga me reconoció muy rápido.

Se llama Alexa, sí, como el asistente. Por eso no le trataron muy bien en los últimos años, le molestan diciendo lo típico,

-Alexa, me haces los deberes? 

-Alexa, que fecha es hoy?

-Alexa, qué hora es?

No es que le importe mucho la verdad, es una persona bastante madura y simplemente se ríe de lo niñatos que son esos compañeros de clase.

Cuándo estábamos en una de las tres primeras clases le conté a Alexa lo que ví en el camino al instituto, muy madura ella me respondió que seguramente era la tormenta, se rió de mí, creo que pensó que me imaginé alguna posibilidad fantástica, como por ejemplo que un ovni aterrizó muy bruscamente o que cayó un enorme meteorito. Eran ideas muy interesantes, tanto que se me quedaron en la cabeza durante un buen rato.

Mientras comíamos en el recreo, Alexa como siempre, me hablaba de los grandes proyectos de su madre, trabajaba en una gran empresa de ropa, muy caro para mi gusto, pero Alexa estaba enamorada del trabajo de su madre así que obviamente quiere seguir su camino. Ese día no le escuché nada de lo que me dijo, simplemente me quedé pensando en que un ovni pudo haber aterrizado en aquel bosque o fue un meteorito el causante de esos daños.

Al acabar las clases me despedí de Alexa y me dirijí al autobús pero justo antes de entrar me dí la vuelta y llamé a mi madre.

Le pregunté si me puedo ir a la casa de Alexa para que me enseñe esos grandiosos proyectos, obviamente era todo mentira para poder investigar lo que ha pasado en el bosque. Mi madre es muy amiga de la madre de Alexa así que me dejó ir sin ningún tipo de problema.





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