Capítulo 1

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Era una bonita mañana de verano. Miyagi amanecía con viento, yo me movía al compás de las ramas de los árboles. Tenía sueño, pero solo el hecho de entrenar me animaba.

Eran las 5 de la mañana, Tooru me esperaba en la puerta sonriente. Hacía ya un mes que salíamos juntos, al principio todo iba bien. Era muy guapo, pero se pasaba entrenando todo el día y llegaba tarde a casa. No me dedicaba el tiempo que me merecía y hasta corrían rumores de que tenía algo con su compañero de equipo, Iwaizumi.

Había conocido a Tooru en el colegio, éramos amigos de la infancia hasta que le pedí salir. Siempre me habían gustado sus ojos y su mirada de determinación sujetando un balón de volley. Supongo que empezamos a ser amigos de verdad cuando en segundo de secundaria me confesó que era bisexual. Quién diría que años después seríamos novios y hasta me invitaba a sus entrenamientos para jugar con él. Ahora era una experta en voleyball.

Llegué a la puerta del pabellón del Seijoh y allí estaba él. De pie, sexy como siempre, esperándome. Como siempre andaba entrenando aún que no habíamos tenido sexo y empezaba a impacientarme, pero sabía que me quería. Su uniforme azul le quedaba deslumbrante y hacía contraste con su cabello color de roble.

Me rodeó con el brazo y entramos juntos, yo le sonreí. Hoy estaba de buen humor, al parecer había visto a Kageyama por la calle pisando una caca de perro. Me lo contó entre risas y yo no pude evitar darle un codazo en el estómago como reprimenda. Yo me reí de él, había puesto una cara muy graciosa. Entonces él se irguió y me miró con una sonrisa burlona. Me agarró la cintura y me acercó a él, plantándome un ardiente beso.

Seguimos riendo hasta los vestuarios, la alegría de Tooru duró poco porque de pie, en la puerta del baño de hombres estaba Nishinoya del Karasuno. Me dio un vuelco al corazón.

-¿Qué haces tú en el Seijoh? -preguntó Tooru, mientras fruncía el ceño.

-¿No te lo han dicho? Tu entrenador me ha invitado. Como os ganamos quiere que entrene con vuestro líbero -dijo Noya riendo. -Al parecer quiere que le enseñe algunas cosas.

El semblante de mi novio cambió a una mirada helada, de esas que pone cuando va a hacer un saque potente-.

-Madre mía, los del Karasuno os lo tenéis muy creído -su sonrisa empezó a darme miedo.

Nishinoya se limitó a mirarle a los ojos, a esos preciosos ojos marrones, y le respondio.

-Al menos nosotros vamos a ir a los nacionales.

El del pelo castaño se le quedó mirando, pero en el fondo, yo sabía que estaba herido. Nishinoya le sonrió y se fue al baño.

Sé que debería haber consolado a mi novio pero solo pude ver como las musculosas piernas de Noya se dirigían hacia el baño.

Mi historia con Noya era un tanto especial. Yo estaba en su partido contra el Seijoh, lo vi jugar y me impresionó su manera de defender el campo. Obviamente yo apoyaba a mi amigo y actual novio Tooru, pero no pude evitar fijarme en aquel chico. Era una máquina que desprendía energía y parecía que nunca se rendía aunque el balón tocase el suelo.

Aún así, ese partido lo perdió el Karasuno aunque este año le hubiesen ganado al shiratorizawa. Un equipo que ni mi novio había sido capaz de superar.

Fui a felicitar a Tooru por su victoria pero cuando me estaba acercando a los vestuarios me encontré a Noya llorando. Estaba con el que se rumoreaba que había repetido curso tres veces, un tal Asahi. Estaban abrazados, llorando por su derrota. Asahi parecía que le susurraba cosas en bajito pero justo cuando bajé de las escaleras, el que parecía ser Asahi se excusó y entró en los vestuarios.

En la cancha, Noya parecía inexpugnable pero allí parecía frágil. Era como si la gran barrera del Karasuno se hubiese roto. Me daba lástima, así que me senté con él. Sabía que cualquier cosa que le dijera no podría ahogar sus penas pero tenía que intentarlo.

-Oye, lo has hecho bien.

Oikawa... ¡No es lo que parece!Những tác phẩm khiến độc giả say mê. Hãy khám phá bây giờ