A la casa de ventanas enormes no se la llevó el olvido; se la llevó el viento cálido del desierto y la trajo hecha de polvo, de arena y de ceniza a un apartado lugar de la memoria.
La mujer que sabe de silencios, descuelga un acordeón al que enmudece el olvido que la pared le impone, desdobla los apuntes de una canción que guarda y le canta a un niño de ojos luminosos y asombrados el cuento de una casa que no mató el olvido, que se la llevó el viento para que fuera siempre melodía.
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Divagues de un loco en cuarentena
RandomAlgo de lo que pasa por mi mente. Algunos escritos durante la cuarentena, otros desenpolvados y otros que surgen sobre la marcha. En fin, que he querido compartirles una parte de mí.
