El tiempo y la libertad, dos conceptos que a priori parecen opuestos pero que están unidos por un mismo conector; la vida. Seguramente, alguna vez os habéis formulado alguna pregunta con respecto a estos conceptos o simplemente, os habéis parado a pensar en ellos y es que para estas ideas, no existe fecha de caducidad. Nos acompañan día a día y a veces, incluso nos persiguen hasta que quedamos atrapados en un bucle infernal del que no podemos salir. Es difícil cambiar de dirección, pensar por sí mismo y no intentar ser sólo ser, cuando nos enseñan una realidad guiada por la ignorancia. Platón afirmaba que el cuerpo no era más que la cárcel de nuestra alma ¿Y si a su vez la sociedad es la cárcel de nuestro ser?
Con la llegada del COVID- 19 nuestra rutina se ha visto afectada por un largo confinamiento y por una tremenda incertidumbre. Por primera vez el mundo se detiene ante nuestros ojos y el tiempo parece imperecedero. Nos encontramos ante una situación inesperada en la que el tiempo juega como un arma de doble filo. Para aquellos que lo viven desde sus balcones, el tiempo parece no avanzar. Sin embargo, para los sanitarios que se juegan su vida por salvar otras a cambio, éste corre demasiado deprisa y para los científicos que intentan buscar desesperadamente una cura, más. Pero, ¿qué es el tiempo? La RAE lo define como "Magnitud física que permite ordenar la secuencia de los sucesos, estableciendo un pasado, un presente y un futuro, y cuya unidad en el sistema internacional es el segundo". ¿Pero realmente el tiempo existe? Según Platón "El tiempo es una imagen móvil de la eternidad". Para Platón el tiempo va ligado al cosmos que se formó a partir del caos. Por tanto, el tiempo y el cosmos se han creado por un mismo autor. Platón señala la imagen de un Demiurgo, es decir, un dios que ordenó al caos convirtiéndolo en cosmos. Este dios lo prevé todo y lo conoce todo, nosotros solo conseguiremos conocer lo real cuando el alma pueda escaparse del cuerpo, es decir, a través de la muerte. ¿Pero por qué iría un Dios a crear el cosmos? Platón defiende este acto a través de la idea de belleza y como Dios es perfecto y bondadoso, sólo puede crear belleza y buenos actos. El teólogo alemán K. Rahner defendía también este acto pero bajo el concepto de amor. Según él, Dios crea porque está libre de cualquier mal, es decir, crea por un acto de amor; un acto, por tanto, de voluntad. Y poco se aleja de las ideas de Platón ya que para este, el amor ejerce todo el conocimiento.
Un autor que podría desmontar todas estas teorías sería David Hume, un empírico radical que afirmaba que todo conocimiento deriva de la experiencia, por tanto, si no tenemos una impresión de la sustancia no existe. En conclusión, todo aquello que no podamos ver o tocar no existe, por tanto, ni Dios ni el tiempo existen.
Partiendo de esta base, el tiempo solo sería una construcción social como cualquier otro término. Sin acudir al pensamiento más radical y centrándonos en un conocimiento que fusione juicios analíticos y sintéticos, podríamos deducir que el tiempo no es más que otra invención humana para facilitar la organización de nuestra vida. Planificaciones constantes, y es que nos pasamos la vida esperando cuando lo único que pasa es la vida.
Utilizamos el pasado para excusar nuestras acciones futuras y utilizamos el futuro para escapar del presente. Intentamos escapar del presente sumergidos en la ignorancia, esperando a que la suerte llame a nuestras puertas. ¿Por qué sucede esto? La verdad es que el tiempo y la libertad van de la mano. La libertad se define como "Facultad y derecho individual para hacer todo aquello que las leyes no prohíben y que no perjudique a los demás" y es que la misma definición de libertad atenta contra ella porque todo aquello que no se contemple en la Constitución o esté "mal visto" es penalizado. No somos libres porque simplemente, nuestras decisiones son manipuladas constantemente por factores externos. Nuestra personalidad está adaptada a una serie de patrones culturales y a una educación determinada. Dicha educación no contempla el pensamiento propio y crítico, desde que somos pequeños nos inculcan una serie de valores adaptados a una sociedad que más allá de formar personas, las anula completamente. Nos enseñan solo una realidad y a creer en verdades absolutas que sólo favorecen a un cierto grupo de la población. La libertad a la que tanto aluden nuestros políticos no es más que otra estrategia para manipularnos y favorecer sus carreras políticas. Vivimos constantemente en el mundo sensible intentando cada vez menos escapar hacia el mundo inteligible. Detrás de nuestro modelo social se encuentra un sistema económico que a primera vista parece perfecto: sistema capitalista, pero detrás de este se encuentra la esclavitud. Lo que algunos no saben es que hasta los más poderosos son esclavos, se creen libres por tener más poder adquisitivo pero ellos necesitan a los más vulnerables para ser beneficiados, por lo tanto, también son esclavos. Todos somos rehenes de esta sociedad que modela a los seres humanos a su antojo. Para el Estado el pueblo no es más que mercancía que facilita el trámite de sus beneficios. Más allá de todo esto, se encuentran otros factores a tener en cuenta que se ven muy ligados al capitalismo como lo son el patriarcado y la contaminación. Y es que como dijo una vez Kant: "El ser humano es el único animal que necesita a un amo para sobrevivir".
El tiempo es solo la construcción social que permite organizar los planes que atentan la libertad del ser humano, es decir, el ser humano ha creado el concepto de Tiempo para poder organizar los acontecimientos que suceden a lo largo de nuestra vida así como para introducirnos en una rutina o modelo de vida que actualmente se basa en fijar a la población una serie de objetivos y costumbres ideadas para el beneficio del sistema limitando así nuestra libertad desde que venimos al mundo. Nuestra vida viene con un manual de instrucciones, nos creemos libres mientras que solo somos pájaros enjaulados que toman decisiones dentro de este ciclo. A través del tiempo la edad se asemeja a la marca que resalta el grado de nuestra madurez y que supone la realización de una serie de cometidos impuestos por la sociedad. Por ejemplo, a partir de los 6 años los niños empezarían la escuela primaria y no sería hasta aproximadamente los 16 cuando tendrían la opción de abandonar su vida académica. Nos pasamos años realizando estas actividades que además no fomentan nuestra creatividad o el verdadero conocimiento, simplemente los años son nuestro sello, el que indica cuando comenzaremos un camino que consiste en la preparación hacia el camino laboral.
Todo esto conlleva a pensar que la libertad es un concepto inalcanzable, pero realmente lo es. El ser humano no es libre ni lo podrá ser porque si realmente lo fuese limitaría la libertad del otro y porque nuestra personalidad básicamente se construye a partir de la repetición de patrones culturales y la educación que hemos recibido, así como nuestras decisiones se ven manipuladas constantemente por factores externos.
Entonces, ¿Jamás podremos experimentar libertad? Lo más cercano a experimentar libertad se podrá conseguir a través del verdadero conocimiento, ese que implica utilizar la razón así como nuestras experiencias para pensar y reflexionar sobre nuestra vida y lo que nos rodea. A partir de ahí, podremos desarrollar el espíritu crítico así como la creatividad para formular las preguntas más interesantes, las propias. La formulación así como la búsqueda de la respuesta a ellas nos permitirán conocernos mejor y retomar el control sobre nosotros mismos, porque éstas corresponden a nuestros deseos más ocultos y la forma de vida que realmente queremos llevar. Y este, es el camino más cercano a la libertad. Formular la pregunta de nuestra vida e ir en busca de su respuesta, aunque las mejores preguntas no la tengan.
