2-Polos Opuestos

1K 122 26
                                    

-¿Asustada?—dice el con una sonrisa maqueavélica al ver la expresión de ella totalmente sorprendida—¿Tanta impresión le causé?...Veo que no desea hablar. Me presento...mi nombre es Atilio Montenegro.

La morena no salía del trance, estaba como en shock. ¡Era él! ¡Él! Un poco cambiado por el pasar de los años. Pero esos ojos, esa boca, todos su rasgos en genaral eran de él.

¡Del tipo que aquella noche lluviosa había abusado de ella sin piedad!
.
.
.
Por cuestiones de minutos la morena mujer se quedó analizándolo con cuatela y cada vez que lo detallaba más a profundo, más se convencía de que era él. ¡Sí era él, no había duda de eso!

Aún seguía apuntándole la cabeza con el arma mientras su cuerpo por dentro se retorcía del asco y la rabia, verlo después de tantos años viviendo la  vida feliz como si nada hubiese pasado la llenó de impotencia. Cerdos cómo él merecían ser condenados a la pena máxima.

Estaba tentada en apretar el gatillo y acabar con su vida y esa sonrisa llena de cinismo que en esos momentos albergaba en su rostro, pero matarlo no era una opción, no por falta de ganas, porque nada le gustaría más que verlo agonizando y desangrándose  frente a ella, pero el tenía que sufrir, sí, pero en vida, como ella sufrió aquel abuso años atrás.

Después de unos minutos en silencio Atilio se decide a romper el hielo.

-¿No vaz a dispararme?. Estoy esperando—su voz estaba cargada de desfachatez y falsedad. La mujer frente a él sintió deseos de vomitar, le daba asco su presencia por lo que tuvo que hacer un gran esfuerzo para no matarlo.

-¿Te crees muy valiente no?...¿Atilio?—quita el segura de la pistola con gran agilidad y destreza y comienza a caminar hace él apuntando su frente sin temblarle el puño ni una vez.

-Sí...Atilio Montenegro—sonríe con ironía—Me encanta como suena mi nombre en tus labios.

-También te va gustar  mucho como suena mi pistola cuando la vacíe en tu cabeza si no te callas de una buena vez—dice entre dientes, con los ojos llameantes de ira—¿Qué haces en mi hacienda?

-¿Tú hacienda?. No seas estúpida este terreno le pertenece a las dos haciendas.

-Te lo compro, ¿cuánto quieres?. Te doy lo que quieras. Contar de no verte merodeando por estos lares. ¡Dime cuanto quieres!—grita, haciendo presión en su frente con el arma.

-No quiero nada porque nada vale más que ver el espectáculo de una diosa como tú nadando en estas aguas con esas ropas interiores sexys.

Ella estaba tratando por todos los medios de mantener la calma. Pero esa fue la gota que derramó el vaso y terminó apretando el gatillo hiriendo en el proceso el hombro de su contrincante.

-¡Esto es un adelanto a lo que vendrá si me sigues espiando cerdo!. Te juro que para la próxima no lo pienso y te mato—Atilio yacía en el suelo convaleciente y apesar de estar herido de bala no quitaba aquella desvergonzada sonrisa de pervertido.

-Eres toda una fiera...me gusta.

-No quieras conocer tú a la verdadera doña—se agacha, subiéndose sobre su regazo aprisionando el cuerpo masculino con sus rodillas bordeando sus caderas—¡Porque esa sí que no perdona a nadie querido!

Atilio no se resistió y se empinó sobre sus labios y le mordió el inferior con total salvajismo.

-¡No vuelvas hacer eso inútil!—le pega una sonora cachetada y lo toma con sus dedos, pulgar e índice, las mejillas apretandolas de forma tal que sus labios quedaran abutaldos hacia delante—A la doña nadie la toca, a no ser que ella desee—lo mira de forma despectiva de arriba abajo—...y a tí no te deseo ni jugando.

The Rivals_A&V (Terminada) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora