En una ciudad olvidada por la gente de México, existía un hombre llamado Eufebio Domínguez. Llevaba trabajando como camionero diez años y jamás había tenido un accidente en las rutas que se le asignaban durante la semana. Los compañeros de Eufebio solían describirlo como un hombre serio y recto; siendo el mayor de los choferes y quién más tiempo llevaba trabajando en el área de transporte público, rara vez se le dirigía la palabra o se le llamaba la atención, los choferes más jóvenes lo miraban como una especie de modelo a seguir, incluso como un padre. Don Eufebio, nunca estuvo casado y aunque lo hubiese deseado era incapaz de tener hijos, era estéril. La única familia que conocía eran sus compañeros de trabajo y la vida de camionero de ruta.
Dentro del área de transporte público se encuentran diferentes puestos, no solo el de chofer. Existen roles importantes como selladores en las paradas, que se asegurarse de que haya un control y flujo en las rutas. Y luego están los achichincles, o al menos así se les llamaba en esa ciudad, estos individuos tienen como fin apoyar al camionero en lo que este necesite, a veces limpiando la unidad camionera, cambiar la música para ambientar al chofer y pasajeros, indicar las paradas y en casos de suma necesidad pueden tomar el puesto de chofer. Algunos consideran este un trabajo sumamente inútil, porque el mismo chofer podría hacer el trabajo de achichincle, pero muchos compañeros de Don Eufebio pensaban que sería buena idea asignarle uno por la edad avanzada del hombre.
-Buenos días, Don Eufebio; su ruta de hoy es la de la avenida Salazar- le indicó el sellador una madrugada antes de hacer sus respectivas rutas.
-Gracias.
-Antes de que se vaya Don Eufebio, quería decirle sugerirle que tuviera un compañero de ruta.
- ¿Un achichincle? ¿Yo que voy a andar necesitando a un joto de esos?
-Don Eufebio, usted ya está algo mayor y nos ha dicho que no ve bien sin los lentes, a parte de que necesita otros con más aumento, lo hacemos para que no llegue a pasarle un accidente.
-Llevo diez pinches años trabajando aquí y nunca he tenido un puto accidente, no necesito ningún pendejo para que me ayude- Don Eufebio se retiró de la caseta y se subió a su unidad "La Darla", encendió el motor, esperó a que se calentara un poco y llevó a los pasajeros a sus respectivas paradas hasta la hora de su descanso, donde se comió tres tacos gobernador y una coca-cola; pensando en aquel comentario que le había hecho el sellador. Era cierto lo que le había dicho pero él era muy macho para admitir que algún día podría ser capaz de tener un accidente, usando la lógica del mexicano promedio pensó "si nunca me ha pasado, nunca pasará". Pero al igual que la lógica del mexicano promedio, Don Eufebio estaba equivocado.
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Yo Te Necesito
RomanceUn camionero, Un achichincle, Una historia de amor poco común y que nadie nadie necesitaba conocer. Esta historia es completamente ficticia y se realiza con fines de entretenimiento, cualquier similitud con la vida real es mera coincidencia.
