Los sueños comienzan en donde la realidad se acomoda a nuestros deseos y pensamientos mas profundos, en aquella parte de la vida en donde grandes figuras a lo largo de la historia han trascendido el mundo onírico al mundo real, hablamos de un espacio tan intimo y tan propio que interpretarlos a conciencia nos resulta imposible. Soñar nos hace humanos, libres y esclavos. Es a través del sueño que tenemos una gran oportunidad de conocernos mediante la admiración del arte ya que todo lo que suceda mientras dormimos nos permite expresar pensamientos y sensaciones que reprimimos cuando estamos despiertos y que nuestra conciencia guarda como “pendientes”.
¿alguna vez has escuchado la palabra Paramnesia? Supongo que no, pues esta palabra hace alusión a un fenómeno dentro del cual la mente nos hace recordar cosas que en realidad no hemos vivido. Yo he tenido sueños bastante extraños desde que tengo memoria, recuerdos, sensaciones, aromas, sonidos, colores y lugares que jamás en mi vida había visto pero que en esencia se sienten tan familiares y propios. No se explicarlo bien, pero no, no se como es que conozco esos lugares. Son sensaciones. Es como si lo que siente quien viniera de esos lugares, se me transmitiera igual que un soplo de aire. Es algo invisible. Invisible pero cuando me llega puedo darle una forma. O algo así como una forma. Si pudiera enseñártelo tal y como lo veo, tu no lo reconocerías. O sea, una forma que solo yo comprendo. ¿ves? No se como explicártelo pero ¿lo entiendes, mas o menos? Es decir, yo capto las emociones y cavilaciones, lo que la otra persona tenga dentro de si, y puedo visualizarlas, por ejemplo en un sueño simbólico.
Desperté por el sonido de los pájaros, me costaba abrir los ojos pero los pocos rayos de luz que apenas podía percibir me decía que ya eran como las ocho de la mañana, era tarde para despertar. La habitación estaba limpia, no recordaba haberme comprado pantuflas, los colores de la habitación eran un tanto fríos para mi gusto pero tenia unos bellísimos muebles de madera que contrastaban con los colores del día. El aroma a madera con vainilla que desprendían las cortinas y las escaleras me daban la sensación de que estaba en casa, mi propia casa. La composición de espacios fluía con naturalidad conforme los pasos que daba fuera de la recamara principal. El suelo tenia una especie de sistema de calentamiento, algo así como en Japón, que cruzan las tuberías de agua caliente debajo de la casa para así aprovechar el calor que emiten las tuberías, el acabado de madera del suelo igual daba la sensación de que eran tablones por tablones bien escorados para un acabado rustico. Las fotografías y cuadros en las paredes del pasillo del segundo piso me parecían extrañas ya que no recordaba tener un gusto abstracto o neogótico, me fije mas en las pinturas que en las 3 o 4 fotografías que habían ahí colgadas. Tampoco me detenía a analizar y cuestionar las cosas que resaltaban, son como esas cosas que sabes en tu fuero interno pero que al menos para ti no necesitas explicárselo a nadie. Fui al baño y me lave la cara, me lave los dientes y orine como por 2 minutos seguidos, pensaba en que por alguna extraña razón cuando abriese la puerta de nuevo me toparía con un lugar completamente diferente al que había visto antes, que las pinturas, las fotografías, el suelo y el color de las paredes serian distintos, algo en lo profundo de mi corazón deseaba que fuera así por alguna extraña razón. Es como cuando esperas que ante una situación estable le quisieras añadir un toque de caos porque vives constantemente en un caos que no puedes controlar y el que la paz perdure por mucho tiempo te genera ansiedad. Termine mis necesidades y me seque las manos, me vi al espejo de manera rápida y apague la luz, me quede dentro del baño oscuro con la puerta frente a mi, tomando el coraje para abrir la puerta y aceptar lo que estuviese detrás de ella. El picaporte en mi mano cada vez se me hacia mas helado y el sudor de mi mano hacia que me pusiera nervioso. Abrí la puerta y todo seguía igual, la sensación de caos se había ido de mi pecho y finalmente me dispuse a observar desde el balcón interno. La sala, un recibidor, lo que parecía ser un Genkan y una hermosa vista a través de un ventanal. Baje por las escaleras para buscar la cocina y desayunar algo que hubiera dejado la noche anterior. Aunque no lo parezca, desde mi adolescencia siempre me había pasado que por alguna razón olvidase cosas muy básicas, como la ubicación de la parada del bus, el parque junto al mar o incluso la cocina de la casa de mis padres. Fui a terapia psicológica por esa cuestión y no paso a mas, se quedo ahí, como un ligero detalle en una pintura. Pase mi mano por los sillones y los cojines de la sala, me acerque a un librero, tome el primer volumen de una novela sueca, pase mis dedos por las paginas únicamente para sentir el aroma a libro viejo. A veces las personas tienden a guiarse por aromas, formas o colores, es como si fuese alguna especie de terapia y, en caso de haberla, yo la desconocía. Encontrar la cocina fue relativamente fácil aunque confuso ya que por la solución de espacios esta debía estar dando la vuelta al pasillo pero resulto estar a contra esquina de donde yo estaba. Por un segundo pensé que la casa tenia vida propia y que las habitaciones de esta cambiaban de lugar sin perder su estética. Prepare un café y saque unas rebanadas de pan tostado, la boca me sabia a nueces y por esa razón tuve el antojo de crema de avellana con café. Justo al momento de sentarme fue que tocaron la puerta principal y escuche una voz femenina llamando a mi nombre.
-cariño, abre la puerta ¿ya se levantaron las niñas?- con el resonar de la madera retumbando al fondo de la pared me daba la sensación de que debía ir a abrir la puerta, un instinto tan primitivo como la familia. En el genkan habían unos cuantos pares de zapatos que no me sonaban de nada y la puerta de roble con una pequeña ventana también me daba la impresión de estar en un lugar gélido. Una cabaña.
-fui a la ciudad para comprara algunos ingredientes para la cena de mañana, no recibimos correo el día de hoy y al parecer no levantaste a las niñas. La señora de la panadería igual nos mando una canasta de pan, mandaba saludos y que un día de estos nos invitaría a cenar- sus ojos desprovistos de interés junto con sus anteojos empañados por el cambio de temperatura me recordaban a cuando la conocí cuando estaba en la veintena. Pareciera irreal que después de tantos años nos hubiéramos juntado -eh no, decidí dejarlas dormir un poco mas en lo que yo preparaba el desayuno, parece que el pan esta recién salido del horno, tenemos suerte de tener bastantes conocidos por aquí- ¿Cómo rayos no me había dado cuenta de que habían niñas arriba? ¿Por qué rayos había contestado de manera tan natural si lo que yo quería expresar era mi duda? Después de pensarlo un poco me di cuenta -no deberías mal acostumbrarlas, es mas, deberían ayudarte a hacer el desayuno. Por otro lado, que mal aspecto tienes, ni siquiera te has quitado el pijama y parece que irte de copas con tus colegas la noche anterior no te sentó nada bien. Llama a las niñas, me muero de hambre- lo que estaba sucediendo conmigo era una bifurcación entre lo que podía concebir en mi fuero interno y lo que mi cuerpo hacia. Como revivir un recuerdo nuevamente pero no puedes alterar nada y tu conciencia se ve limitada a únicamente a divagar sobre lo que esta viendo. -claro amor, oye, por cierto viajare pronto, iré a ver a mis padres – entonces me dejaras con las niñas unos días, justo cuando pensaba hacer la remodelación de comedor de atrás, ciertamente te estas zafando muy fácil de ayudarme – si, es algo que ya tenia planeado para esta semana, no se si podría llevarme a las niñas, digo, quizás no les guste o no quieran pasar la mayoría del tiempo en casa ya que seguramente les gustaría ir a la ciudad a pasear- ciertamente era una conversación casual. Lo curioso estaba en su físico y la belleza que esta mujer emanaba de si misma.
A mi no me disgustaba ese cabello largo y oscuro, aquella piel suave y morena, esos ojos sinceros, esas cejas delgadas pero bien delineadas, esas hermosas mejillas que de solo verlas te da por besarlas, esos preciosos y delgados labios como la mejor curva del mundo, esos brazos faltos de carne pero que de igual manera son ideales, esos senos plenos pero no vulgares, es cintura breve pero perfecta, ese abdomen liso y suave, esas caderas a la medida, esas piernas de marfil talladas por el mismísimo Miguel Ángel, esos tobillos como un par de barcos encallados, esos pies pequeños y suaves, en si, toda ella era una fina pieza de ingeniería, tantos años de evolución para llegar a ella, un espécimen femenino tan majestuoso y sin igual. Al principio fue una cuestión de honor, tenia que demostrarle a todos, y mas que nada a mi mismo, que era capaz de hacerme novio de la bella hija de uno de los hombres mas ricos de la ciudad pero antes de haber podido hacer un movimiento, yo me había enamorado perdidamente de ella.
Había planeado viajar a casa de mis padres ya que me había enterado de que una de mis hermanas había tenido éxito con un proyecto de la empresa para la cual trabajaba. Todo rea realmente un mero tramite para mis verdaderas intenciones, tenia algo que afrontar en el pueblo. Poco después de hablar con ella bajaron las niñas, dos hermosas pequeñas que no daban mas de ocho y diez años cada una, ambas iguales a su madre –¡papi!– dijo la mas pequeña con una voz que me volcó el corazón con dulzura y que despertaba en mi un instinto paternal que jamás en mi vida había experimentado –papa ¿no llego nada por correo?– la voz de la mas grande denotaba esa curiosa etapa de la vida en la que se suscitan los cambios mas importantes de la vida, toda una mujercita, se podía comparar con la esencia de su madre –no hermosa, tu madre me comento que no llego nada de correspondencia el día de hoy– estas tres mujeres conformaban un trio monstruoso, cada una de ellas me hacia feliz, ellas eran, en efecto, las mujeres de mi vida, mi familia. Desayunamos pan tostado con crema de avellanas, charlamos acerca de las actividades de la semana y les dije a las niñas que me iría de viaje unos días a casa de los abuelos, al parecer solo la mas pequeña resulto estar emocionada.
Nos la pasamos juntos haciendo los quehaceres del hogar, las niñas ayudaban a su madre con los cubiertos y los platos, y yo me disponía a aspirar la sala cuando de repente –¡abedul! ¡?en donde te habías metido?!– un gato blanco con rayas cafés amarillentas se paseaba por la ventana –¿abedul? Vaya nombre para un gato– ¿es tuyo?– ¿Por qué abedul?– la niña corrió a la ventana en busca de abedul, ella y su hermana mayor fueron con algo de comida para el gato– entonces es tu gato– ¡si!– ¿Por qué lo llamaste abedul?– seguramente nunca has visto un abedul ¿cierto?– nunca he visto un abedul pero seguramente se ven como abedul– ¡niñas vengan a secar los platos!– vaya familia había formado, en efecto me hacían mucha gracia y juntas hacían todo un hogar. Sin embargo algo dentro de mi pecho se sentía áspero y pegajoso, una sensación de miedo me recorría los pies y lentamente me erizaba la piel, algo de lo que estaba por hacer me tenia en un estado de alerta que no me dejaba tranquilo. Me puse a jugar con las niñas mientras ella hacia el almuerzo. Teníamos un periodo de descanso y no habían proyectos en puerta, ambos habíamos sacado buen dinero de nuestras ultimas obras y los gastos de la casa junto con otros servicios ya estaban cubiertos y no presentarían problema alguno en algunos meses, gozábamos de una estabilidad financiera bastante amena, no vivíamos de lujos pero si podíamos tener actividades recreativas en familia como los viajes de vacaciones, compras de navidad, cumpleaños, y uno que otro capricho de mi mujer y mis hijas. Sin lugar a dudas era una buena vida. Tener entre mis brazos a esos dos pequeños ángeles y tener la sonrisa de una hermosa mujer me daba la impresión de que en algún lugar de todo eso había la posibilidad de que nada fuera real, que las pequeñas risas y los dulces besos de mi amada jamás existieron, no tenia idea de porque en el fondo me sentía así. Para ahuyentar esa sensación me aferre a todo cuanto podía palpar con mi ser, los abrazos de mis hijas, las manos de mi esposa, la calidez de una familia.
–Faride…– solo no hagas alguna estupidez, estaremos bien, no te preocupes, ya tengo planeado que hare con las niñas, iremos a ver a unos de mis amigos el fin de semana, todo estará bien– no me refiero a eso, se que tu y las niñas son un trio monstruoso, es solo que ver a mis padres después de tanto tiempo me produce una inquietud que no me deja tranquilo. He estado pensándolo mucho y la verdad no se con que cara presentarme ni que decirles de mi vida, nunca he hablado de algo de mi vida con ellos y eso me pasma, me detiene los pies en el acto y siento que seré rechazado– Faride conducía hacia la estación Ermina, había tomado las llaves de mi auto, un jeep renegade del 2020. A decir verdad me gusta mucho cuando ella maneja ya que me muestra un poco mas de esa parte suya tan determinada y sagaz que siempre parece que conduce como si fuese alguna película de robos a un banco. Firme, elegante y asertiva, esas son las tres palabras que me vienen a la mente cuando la veo conducir. Fuera de mi mente habían muchísimos detalles que se me escapaban, como el cumpleaños de la pequeña Elaine, el día de llevar a papa a la escuela, la cena con los padres de Faride, mi cumpleaños y el almuerzo con la señora de la panadería, la señora Firts. –tengo que serte sincero y decirte que siento que me estas llevando a un punto sin retorno, no quiero irme pero debo hacerlo, siento como si esta fuera la ultima vez que pronunciare tu nombre y…– siempre has sido tan dulce, no tienes porque decaer, veras a tus padres, estarás en casa, puedes disfrutar de la familia, si quieres nosotras podríamos ir unos días después en lo que terminas lo que vayas a hacer– el tono de su voz no titubeaba ni un milímetro, ella realmente confiaba en mi– ¿recuerdas cuando nos casamos?– si, estabas nervioso ese día pero te plantaste como todo un galán, se te veía horrible esa corbata y no llevabas calcetines iguales– no hacia falta mencionarlo– a ver, dime entonces porque te casaste conmigo– por que me gustaba tu nombre– ¿y que mas?– no hay nada mas, solo por eso– ¿me estas diciendo que no había alguna otra razón para casarte conmigo mas que mi nombre de pila? ¿enserio? ¿ni siquiera por ser bonita o atractiva?– igual me gustaba tu rostro– que superficial, vamos, dilo, quiero que te nazca decirlo– no pude evitar soltar unas risillas y que ella sonriera como sabiendo lo que diría a continuación, el trayecto se terminaba, la terminal Ermina estaba cerca, podíamos divisar el enorme edificio principal. Llegamos relativamente temprano, mi tren salía en media hora, bajamos las maletas y nos despedimos. La despedida antes del viaje del héroe. En un solo abrazo me dijo lo que mas quería oír cuando mas quería oírlo, de quien mas quería oírlo, justo cuando mas necesitaba oírlo, eso era, en definitiva, amor.
–aun no me lo has dicho– ¿de que hablas?– vamos, no te hagas– oh vaya, no me dejaras tranquilo hasta que te lo diga ¿cierto? Pues que mas, Faride, amor mío, yo me case contigo por que…– en ese momento uno de los aviones que venían aterrizando borro en el aire mis palabras, Faride estaba feliz de haberlo escuchado, frente a mis ojos tenia a la que era la mujer de mi vida, la madre de mis hijas, estaba feliz por haberla conocido. Ya en el auto se acerco a la ventanilla y me dio un beso, el ritual se había completado, yo podía emprender mi viaje.
La terminal Ermina, una de las muchas sedes que habían a lo largo del país, un lugar sin igual, en donde el misticismo y las leyes de la física no tenían ni voz ni voto. Las columnas tan altas que se pierden de la vista unos segundos después de observar que tan altas son, los elementos de cristal luminiscente, las áreas de espera con ese aspecto de al aire libre. Bien podía asimilarse a la iglesia de la sagrada familia que había construido Antonio Gaudí en 1882, un espacio majestuoso y que daba un aire de divinidad imponente. Me detuve a repasar las diferentes salas de espera, cada una tenia algún letrero que indicaba el método de transporte al que llevaban o tenían algún encargado que dirigía a las personas a su transporte. Perderse en las salas de espera es lo mas común que te podía suceder, eso o que tu transporte nunca llegase a arribar. Viajaba ligero, una valija de mano y mi maletín, tenia todo cuanto podía necesitar conmigo mismo. Quedaban 17 minutos para la salida de mi tren pero no podía encontrar la sala de espera que necesitaba, igual tenia algo de vergüenza el preguntarle a alguien desconocido por indicaciones. Mire mi mano izquierda para ver la hora y me di cuenta de que no llevaba reloj, tampoco tenia mi reloj de bolsillo, lo único que tenia era mi anillo de matrimonio. La confusión mas grande fue cuando al mirar la hora en mi teléfono y compararla con la del reloj principal de la estación, estas no concordaban, podrían quedarme cinco minutos o mi tren ya había salido, comencé a desesperarme.
Apresurando el paso es que solo veía sala de espera tras sala de espera, pasillos largos y no tenia idea de si me quedaba tiempo. Debo admitir que por un instante asumí que había perdido el tren y que probablemente ya con mas calma pudiera adquirir un nuevo boleto así que me dedicaría a pasearme por el lugar. Caminando mas allá del pasillo largo con el ventanal que muestra la pista de aterrizaje fue que recordé cuando solía viajar al extranjero con mi madre. El primer aeropuerto que pise en mi vida y esas cosas venían a mi mente. Entre todas las cosas que llamaban mi atención estaban las geometrías y los colores de ciertos espacios, era casi como sentirse un fotógrafo profesional a punto de hacer la fotografía que le daría el salto a la fama. Tener los ojos en lugares poco comunes se me había hecho un habito, como si buscara el mejor ángulo para alguna fotografía. Había olvidado cargar con la cámara, era una lastima, seguro a las niñas les hubiera gustado conocer algunos lugares del lugar en donde crecí.
El pasillo por el cual caminaba de pronto se lleno de gente, habían arribado una considerable cantidad de aviones y autobuses. Pensé en los trenes. Me encontraba apático ante la situación de llegar a la estación y no saber nada de mi tren, el tiempo se había ido, lo mas probable es que lo hubiera perdido, ahora me encontraba a mi mismo desanimado y buscando en que matar el tiempo. Llegue a un quiosco en donde pedí un sándwich y un café con crema, realmente estaba molesto, es decir ¿Quién ordena un sándwich y un café de una estación? Lo mas lógico hubiera sido un jugo y algún panecillo o galletas pero mi frustración era tal que supuse que eso debía comprar. Una escena demasiado lenta ciertamente agobiante, el tiempo, las personas, el lugar, todo demandaba una considerable cantidad de energía que de serlo así te dejaría seco hasta la muerte. Si esto era un sueño entonces hubiera deseado que nada de lo que estaba sucediendo me hubiera pasado o mínimo haber pedido algo mejor que un café que ni siquiera estaba bueno, en cierto punto pensé en llamarle a Faride para cambiar de planes y que fuésemos todos juntos a casa de mis padres. En primer lugar eso dificultaría las cosas pero de verdad detestaba el que las cosas no salieran de la manera en la que yo lo había planeado ya que el tiempo no estaba de mi lado, algo o alguien me asechaba todo el tiempo, quizás algún fantasma, una presencia, un recuerdo, algo me perseguía y eso lo tenia mas que claro.
En el camino de regreso por la sección sur de la estación hacia la taquilla mas cercana fue que la vi, una adolescente que se me hizo familiar, de haberla visto bien pudiera jurar que es su hija, el cabello y el perfil eran idénticos, aparte no era que muchas personas se parecieran en una multiestacion. Por los altavoces fue que escuche que unos autobuses habían llegado y que otros estaban por partir, los trenes de igual manera estaban haciendo ruido y al menos los aviones estaban mas silenciosos. La gente no se hizo esperar e inundo el pasillo haciéndome imposible el que yo pudiera alcanzar a esa jovencita. De haberla podido alcanzar y hacerle una pregunta podría darme cuenta de si era o no la hija de esa persona. Yo tenia en realidad dos motivos por los cuales regresar a mi ciudad de origen, uno era relacionado con mi esposa y mis hijas y el otro era para averiguar el paradero de alguien. Por una parte tenia que afrontar mis acciones y por otro lado tenia que darle fin a algo que había dejado pendiente hacia ya muchos años atrás. El lugar infestado de gente de diferentes ciudades y nacionalidades era como estar en medio de una tira cómica de buscando a Waldo, el momento en el que la perdí de vista fue el momento mas emocionante que había tenido desde que había perdido el tren.
Pensar mucho en alguna cosa hace que comencemos a recordar sensaciones, formas, colores y sonidos relacionados a ese algo que nos llama la atención, una predisposición natural antes de los eventos, como forzar el acontecimiento de las cosas, entonces uno puede confundirse fácilmente cuando la mente no esta en si misma. Últimamente no estaba teniendo la misma capacidad de afrontar las cosas y vaya que había tratado de hacer lo mejor que podía y sabia que las cosas habían tratado de hacer lo mismo. Estaba tan listo para cometer errores y viéndolo así, creo que podría llamarlo una disposición, pedirme perdón por ello no me servía de nada y desear ser diferente no ayudaba en nada. A mis treintas aun seguía creciendo en lo que unos pueden llamar amor. Estaba empujando mis fichas, poniendo a tope mi suerte. Sus palabras venían a mi en forma de memorias y me cantaban como canciones, no seria mucho hasta que llegase, pronto haría mi llegada debajo de arboles frondosos, una calle silenciosa y todos los caminos que había recorrido hasta entonces. Últimamente me había gustado apreciar las cosas hermosas junto con las niñas, como las flores creciendo en un claro solitario, los pétalos volando a través de la corriente de aire y que perfumaban el agua. Todo me llevaba al mismo punto, todo me llevaba a Ese mismo punto.
Esa misma mañana creí haber visto al diablo cuando me vi al espejo, tenia la sensación de que una vez mas volvería a romper mi realidad. Camine junto a un grupo de estudiantes de preparatoria cuando iba a la taquilla, me fijaba en las pocas parejas que habían y en las chicas que estaban apáticas. Ciertamente un hombre ya de treinta años se ve un poco mal al ver de reojo a jóvenes de preparatoria, algo en mi buscaba alguna respuesta en las nuevas generaciones, quería seguir viéndoles crecer. Al llegar a la taquilla y pedir un boleto de tren me fije en una chica en concreto, una que tenia un cabello castaño que a duras penas le llegaba a los hombros, esta chica es la misma chica de la que me había fijado cuando me tope al grupo de estudiantes. Mis días de universidad se sentían como si hubiesen sido ayer, de yo tener nuevamente la veintena no hubiera dudado en hablarle a alguna de las chicas con las que me tope, eran guapísimas y joviales, seguramente me hubiera enamorado mas veces antes de casarme. Mas temprano que tarde mi curiosidad hizo que agudizara mis oídos para estar pendiente de los avisos de los megáfonos y fue que escuche que esa chica igual compartía el mismo destino que yo, nunca me hubiera imaginado que las chicas del sur de la región se habían vuelto tan hermosas, yo provenía de ahí mismo y no recuerdo haber visto a tantas chicas lindas, cosas de la época quizás.
Con boleto en mano y habiendo ya recorrido lo que yo consideraba necesario para no perderme fue que la divise de nuevo entre la multitud, aquella adolescente del principio, me era imposible no notarla entre todo el tumulto de gente. Vestía una gabardina color ocre, y unas botas cafés que le iban a juego, fuera de tener una vestimenta un tanto llamativa, era su rostro el que la hacia mas fácil de encontrar. No podría explicarlo pero yo jamás había olvidado un rostro en mi vida, siempre había sido malo para pequeños detalles, olvidaba nombres hasta incluso cumpleaños pero un rostro jamás salía de mi registro. El que un rostro se me hiciera familiar sin tener con certeza de quien es la persona me frustraba porque buscaba conexiones entre todas las personas que conocía para dar al menos con algún nombre o algo relacionado pero esa chica solo me daba una enorme incógnita. La seguí con la mirada hasta que la vi entrar a un tren en la plataforma E-32, mi plataforma era la E-45, perseguirla solo por una pequeña corazonada había dejado de ser mi estilo y viéndolo desde otro ángulo tampoco era algo de suma importancia.
El tren en el que me había tocado ir iba relativamente vacío, mi vagón era por cabinas, me senté en la cabina de en medio para tener una vista mas panorámica ya que los marcos de la ventana estaban acomodados de cierta forma en la que la cabina del centro era la que tenia mejor vista. No paso mucho hasta que la encargada de los boletos paso cabina por cabina perforando boletos, un grupo de tres chicas entro de repente y se sentaron a contra esquina de donde yo estaba. Siempre me había preguntado por la imagen que proyecto de mi mismo, el como me veía ese día en especifico hacia que las personas me tomasen confianza de una manera casi inmediata. Las chicas se acercaron a la ventana, la encargada pidió nuestros boletos, escuche atentamente las palabras de las chicas mientras susurraban, la clásica técnica del no saber en donde estaba el boleto de una de las tres. La clásica escapada de amigas y que una no haya tenido dinero suficiente para pagar los viáticos.
–disculpe, a una de mis estudiantes se le ha perdido el boleto ¿habrá alguna forma de adquirir uno nuevo aquí en el tren?– la chica que parecía ser la que estaba llevando a cabo toda la aventura capto de inmediato que estaba tratando de zafarles de esa situación incomoda, las otras dos se miraron y una solo soltó una risilla –gracias profesor, le debo una– claro señor, en la primera cabina puede adquirir otro boleto pero dese prisa porque los inspectores de este tren son algo quisquillosos con los pasajeros– entiendo– mire a la chica con mas confianza y le extendí un billete sin ver la denominación de este y le puse en el medio mi tarjeta de presentación, rápidamente la encargada le indico por donde ir y esta chica se fue, dejándome con las otras dos chicas –entonces ¿es una escapada casual después de la escuela, mas o menos?– la seguimos sin pensar antes en todo lo que el plan requería, tuvimos suerte de toparnos con usted profesor…– Archival, Archival D. Lawrence– profesor Archival ¿eh? Vaya nombre ¿Por qué la intención de ayudarnos?– shhh! Aun tuvo la nobleza de ayudarnos y ¿le atacas de esa forma?– descuida, lo hice sin pensar, igual me hubiera gustado que alguien hubiera hecho eso por mi de joven, al menos así tendrán algo que contar mañana– un trio de amigas gracioso sin dudas, el haberlas ayudado de repente me dio la oportunidad de escuchar sus voces. Pasaron unos momentos hasta que la tercera amiga llego con el nuevo boleto ya perforado, se puso al corriente con las otras dos y finalmente me dirigió la palabra– muchas gracias profesor Archival, mis amigas y yo estamos de excursión, queremos visitar las ciudades del sur, hemos ido rumores de que en esta época del año si enciendes una vela junto con la foto de la persona que te gusta en el festival de la cosecha, tu y esa persona caerán enamorados por siempre– no es como que creamos en esas cosas pero también pensamos que no perdíamos nada con intentarlo, aparte no es como si no tuviéramos novios, también queremos conocer por ahí– alguien tiene que cuidarlas y por eso vine también– vaya trio tan peculiar me había topado, nunca tuve amigos así para hacer tonterías, por lo general yo solía hacer las cosas solo y anotarlo todo en un diario de viajes. Las tres amigas me hablaron de lo que estudiaban, cosas graciosas que tenían entre ellas como por ejemplo que la mas tímida le gustaba usar zapatos ortopédicos aunque no tuviese la necesidad de usarlos, que la mas seria le gustaba la ropa interior de colores y que la mas aventurera tenia algo con olerse los dedos. Parte del trayecto fueron platicas absurdas acerca de cosas que a ellas les gustaban y que yo bien sabia algo o casi nada pero que de igual forma fue como hacer nuevas amigas.
–así que van al festival de la cosecha para lograr que un chico se cole por alguna de ustedes– en realidad solo queremos a ayudar a esta chica de aquí que lleva colada por un chico de la clase de a lado y que nunca le ha hablado desde el primer semestre– enamorada de un chico al cual no le has hablado ni una sola vez ¿eh?– ¡claro que hemos hablado, incluso tengo su numero!– que raro, he revisado tus contactos y no aparece su nombre por ningún lado– ¡déjenme en paz!– ni que hacerle chicas pero dime, después de ir al festival ¿Qué piensas hacer, crees que algo será diferente?– solo espero que todo salga bien y pueda tener una cita con el– viéndolo detenidamente podría jurar que se trataba de un caso de desesperación, igual ellas terminarían la preparatoria pronto y es entendible el miedo de que una vez que el chico se vaya ya no lo vuelva a ver, amores de verano.
El amor suele ser así, llevándonos por cosas que nunca creímos propias de nosotros, llegamos en el peor estado posible y terminamos por transformarnos en personas completamente diferentes en pro de ser amados. Observando a través de la ventana iba recordando mi antigua vida, a la época antes de contraer matrimonio con Faride. El hermoso paisaje me transmitía todas las cosas que yo necesitaba sentir, la calma antes de la tormenta. Aquel que ha conocido solo a su mujer y la ha amado, sabe mas de mujeres que aquel que ha conocido mil, formulo mi cabeza después de pensar en todos mis fracasos amorosos de mi juventud. Puede uno amar sin ser feliz, puede uno ser feliz sin amar pero, amar y ser feliz es algo prodigioso.
–Al primer amor se le quiere mas, a los otros mejor. En eso consiste la magia del primer amor, en la ignorancia de que este pueda tener fin– gracias profesor, fue un placer tenerle de compañía, le enviaremos una carta cuando terminemos nuestro viaje– igual no hemos olvidado lo del boleto, se lo repondremos igualmente– como sea, gracias por ayudarnos Archival– de nada chicas, suerte en su aventura, les deseo lo mejor ¡ah! Y una cosa mas, esto va mas para ti que estas enamorada, ama como puedas, ama a quien puedas, ama todo lo que puedas. No te preocupes por la finalidad de tu amor, al final lo que importa no son los años de vida sino la vida de los años– las chicas me agradecieron una vez mas y tomaron sus cosas, la mas seria me dio su tarjeta de presentación y nos despedimos. Vaya trio de chicas, cuando se habla de esta enamorado como un loco se exagera, en realidad se esta enamorado como un tonto.
El viaje había llegado a su fin, baje del tren y me quede admirando la terminal de mi ciudad, un poco mas grisácea para mi gusto pero que de igual forma tenia su encanto. La ciudad, el lugar en donde había crecido hasta mi juventud, el lugar en donde comenzó mi historia, finalmente vería nuevamente el mar que me vio crecer. Tome un taxi y llegue a un hotel que uno de mis colegas me había recomendado, la recepción del lugar era digna de las tres estrellas que tenían en su sitio web, no sabia cuanto tiempo me hospedaría pero no tenia porque preocuparme por los gastos. Resulta bastante complicado avanzar en la vida cuando pisas el freno al mismo tiempo que el acelerador, cuando sabes que lo que en realidad esta mal es uno mismo. Hay que escuchar a la cabeza pero dejar hablar al corazón, ponía Faride en una nota que había escondido en mi gabardina, la vida para mi consistía en no tener buenas cartas, si no en jugar bien las que ya tenia, poco sabia yo de lo que se avecinaba, aquella noche bien fue la ultima noche que vi la luna brillar con calma.
La habitación en la que me había hospedado era la 702 y lo curioso era que el hotel no parecía tan grande como para albergar 702 habitaciones, me fijé en ese detalle en el momento en el que me dieron la llave por el hombre de la recepción, seguramente habían ciertos criterios a considerar para realizar la numeración. Mi habitación tenía mas bien poco espacio para estar, cumplía a la perfección el concepto de que en un hotel solo se utilizan las habitaciones para hospedarse y no para pasar todo el rato ahí. Pragmático, sencillo, colores solidos, ligeros detalles y una nevera de cortesía. me quite los zapatos al entrar, coloque mi gabardina en el percheto y me afloje la corbata, tenia la sensacion de que habian pasado dos dias, el desgaste fisico por estar tanto en un dinamismo al que no estoy acostumbrado me habia consumido toda la energia. Pase mi mano por toda la cama hasta sentir el menú del hotel y en un zigzag mental pase de tomar el telefonono para pedir algo a la habitacion a cambiarme la camisa para bajar al restaurante del hotel. Ya ni miraba la hora, no me apetecia saber nada del tiempo, todo estaba bien de esa forma, sin que yo supiera si tenia tiempo o no.
En el elevador tuve algo de sueño, la vision comenzo a ser mas brillante, como los segundos previos a un desmayo pero el sonido del marcador de pisos era como un anclapara mi ya que el sonido me mantenia con la suficiente conciencia como para mantenerme agarrdo del barandal por si pasaba de caer. La puerta e abrio al poco tiempo y una de los botones se me acerco para preguntar por mi y si necesitba ayuda.
