A Soobin siempre se le quedaba atrapada en la cabeza la música que escuchaba su alma gemela. No importaba si era una melodía suave, rock a todo volumen o una canción de cuna. Si la otra persona la escuchaba, él también la oía hasta que el sonido se...
Era miércoles de madrugada. Las gotas de lluvia caían con delicadeza y el leve golpeteo del viento acompañaba el silencio absoluto del entorno. Una noche tranquila donde apenas algunos pájaros rompían la calma con su canto, aunque ni siquiera eso llegaba a ser una molestia.
El clima era perfecto. Una taza de té de frutos rojos humeante entre sus manos, el suave aroma a lavanda del sahumerio impregnando la habitación y un buen libro completaban la escena. Solo él, acompañado de su apacible soledad, en ese hogar silencioso.
Soobin estaba en el paraíso. Nadie interrumpía su lectura y tampoco tenía preocupaciones ni trabajos pendientes que perturbaran su paz.
Pasó la página con los dedos, esbozando una sonrisa ante el giro de la trama. Le resultaba fascinante leer novelas románticas. Curiosamente, desde hacía semanas se había empezado a interesar en las distintas formas en que el amor podía manifestarse.
Un día se descubrió a sí mismo buscando información sobre la leyenda del hilo rojo del destino y desde entonces comenzó a ver dramas románticos, algo a lo que antes no le prestaba demasiada atención, pero que, sin motivo aparente, se había convertido en su nuevo pasatiempo favorito.
Y allí estaba, absorto en la lectura de Harry Potter y el prisionero de Azkaban. Ya había visto la película, pero juraba que la disfrutaba mucho más en el libro. A la par, iba anotando cada palabra en inglés que no entendía, fascinado con la idea de aprender algo nuevo mientras disfrutaba de la historia.
"Hicimos una promesa de no dejarnos encerrar "
Soobin detuvo en seco su anotación en inglés. Miró a su alrededor, inquieto, buscando con la mirada cualquier indicio de que alguien le hubiera hablado. Pero no, estaba en su habitación, solo. No podía haber sido nadie.
—Estoy alucinando por el sueño...sí, debe ser eso—. Murmuró tratando de quitarle importancia.
Volvió a concentrarse en su lectura intentando sumergirse otra vez en la historia, pero entonces, una suave melodía de piano llegó a sus oídos. Se quedó completamente quieto. Él no estaba escuchando música, y sus audífonos seguían sobre la cama, lejos.
Un escalofrío le recorrió la espalda.
Se levantó de la silla con cautela. Cerró el libro, no sin antes colocar un separados para no perder la página, y salió de la habitación con pasos tensos. Al bajar las escaleras, se obligó a revisar si había dejado la televisión encendida o el reproductor de música funcionando.
Su miedo creció cuando confirmó que todo estaba apagado. Absolutamente todo.
Con los pies temblando, retrocedió lentamente hacia la escalera. Y entonces, una luz lo iluminó por detrás. El corazón le dió un vuelvo.
Era su fin.
—NO ME MATES POR FAVOR SOY MUY JOVEN Y HERMOSO—. Se abrazó a esa luz que lo iluminaba con temor y comenzó a rogar.
Extrañamente ese cuerpo le parecía familiar y más por el olor a vainilla que emanaba. ¿Acaso era su ángel guardián o un demonio que se hacía pasar por alguien familiar?
—Te voy a matar por despertarme con todo tu ruido.
Definitivamente era un demonio. Soobin lo confirmó cuando iluminó la figura con la linterna de su celular y se topó con la espeluznante sonrisa de Taehyun. Intentó escapar, pero el menor lo sujetó con un abrazo nada cómodo. Hasta podía jurar que le estaba rompiendo cada hueso del cuerpo.
Después de unos eternos segundos en los que Soobin sintió que incluso había dejado de respirar, Taehyun lo soltó y se alejó con indiferencia hacia la cocina. El rubio lo siguió, primero para comprobar que no estuviera realmente, y segundo porque tenía demasiado miedo como para quedarse solo.
Taehyun, con el cabello castaño todo despeinado, servía un vaso de leche mientras esbozaba una sonrisa burlona. Ni siquiera era necesario preguntar el contexto. Él ya sabía perfectamente lo que le había ocurrido a su mejor amigo, pero prefería esperar a que él mismo lo entendiera.
Definitivamente era un demonio. Soobin lo confirmó en cuanto iluminó la figura con la linterna de su celular y se topó con la espeluznante sonrisa de Taehyun. Intentó escapar, pero el menor lo sujetó con un abrazo nada cómodo —hasta podía jurar que le estaba rompiendo cada hueso del cuerpo.
Después de unos segundos eternos, en los que Soobin sintió que incluso había dejado de respirar, Taehyun lo soltó y se alejó con indiferencia hacia la cocina. El rubio lo siguió, primero para comprobar que no estuviera realmente molesto y segundo porque, sinceramente, tenía demasiado miedo como para quedarse solo.
Taehyun, con el cabello castaño todo despeinado, servía un vaso de leche mientras esbozaba una sonrisa burlona. Ni siquiera era necesario preguntar qué le pasaba: ya sabía perfectamente lo que había ocurrido con su mejor amigo, pero prefería esperar a que él mismo lo entendiera.
—Y antes de que preguntes, como la semana pasada: no, no estaba escuchando música. Estaba teniendo mi sueño de belleza hasta que lo arruinaste con todo tu escándalo—. Dijo el menor, rodando los ojos.
Soobin bajó la cabeza en señal de disculpa. Taehyun simplemente se encogió de hombros, intentando no reírse por lo absurda que era la situación. Estaba de mal humor, sí, pero no lo suficiente como para mantenerse enojado por mucho tiempo.
Mientras que Soobin temía por su vida, Taehyun pensaba si quedaba suficiente papel higiénico en el baño como para hacer sus necesidades tranquilo. Sobre todo porque si su mejor amigo volvía a gritar a mitad de la madrugada lo iba a silenciar metiéndole un rollo entero en la boca.
De regreso en su habitación, Soobin decidió lavarse los dientes y aplicarse su mascarilla facial antes de irse a dormir. Sin embargo, no pasaron ni quince segundos desde que cerró los ojos cuando los volvió a abrir para encender la pequeña lámpara de su mesa de noche.
No era por miedo, claro que no, pero justo esa noche quería dormir con una luz encendida, pero nunca por miedo.
Apoyó la cabeza en la almohada y se abrazó a su peluche. Con una sonrisa tranquila en los labios, relajó el cuerpo y se dejó llevar por el sueño.
❝Tsk, Anna merecía mucho más, puede que Elsa tenga el poder, pero siempre tomaba malas decisiones ❞
Soobin se sentó sobresaltado em la cama, abrazando con fuerza un peluche de conejo que le había regalado su mejor amigo. Su corazón latía con fuerza como si quisiera escapar de su cuerpo, y una de sus manos se posó sobre él, intentando calmarlo.
¿Por qué había escuchado la voz de alguien que no conocía? ¿Y por qué había logrado sentir sus emociones?
A la mañana siguiente, Taehyun sonrió de lado al ver a Soobin dormido sobre su panqueque, murmurando incoherencias sobre películas de Disney. Sin molestarse en despertarlo, terminó de untar mermelada de frutilla en su tostada y negó con la cabeza antes de empezar a comer en silencio.
Ese fue el día en que Soobin escuchó por primera vez la voz de su alma gemela.
Al principio le pareció algo emocionante, como si fuera una experiencia sacada de los libros románticos que tanto le gustaban. Sin embargo, con el tiempo se dió cuenta de que Beomgyu —ese extraño y original nombre que surgía en su mente sin razón aparente— disfrutaba mucho más molestarlo que comunicarse de verdad.
Y así comenzó la historia.
Soobin y Beomgyu tendrán un largo camino por recorrer antes de encontrarse, antes de comprenderse y antes de enamorarse. Por ahora debían construir es vínculo amoroso y emocionante que el destino ya les tenía reservado.
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