Irene suspiró por duodécima vez en todo lo que llevaba en todo el día.
- ¡¡ Vas a tomarte éste ungüento como que me llamo María Rosa de las Mercedes!! - Gritaba a pleno pulmón su abuela mientras iba de un lado a otro de la habitación, persiguiendo a un niño con un bote en la mano.
- ¡¡ No quiero, vieja bruja!! ¡¡ Me vas a enfermar con ese potaje!! - Respondía a su vez entre chillidos Ricardo, su joven nieto de 9 años, que iba corriendo por toda la sala.
- ¡¡ Niño insolente!! ¡¡ No te atrevas a ofender los regalos que nos da la madre naturaleza!! - Con una fuerza que iba más allá de sus años, la vieja se paró y lanzó con todas sus fuerzas aquel pequeño bote.
Ricardo logró esquivarla por poco, estrellándose así de ésta manera el objeto contra el marco de la puerta, que acabó hecha añicos. El niño, que había caído al suelo en un intento por salvar su vida, contempló horrorizado el agujero que había dejado tras de sí el lanzamiento de su abuela.
- Ee... estás loca... - Logró farfullar a duras penas, todo el cuerpo le temblaba.
- Je, je, jejejejeje - Su abuela comenzó a reír maléficamente mientras se arqueaba hacia atrás - ¡¡ Muajajaja !!
El niño tragó saliva, asustado por cómo se comportaba en ocasiones su abuela.
« Es... ¿estará loca? » - Pensó para sus adentros, planteándose seriamente una vez más si llevar a su abuela a un psiquiátrico o no.
La única que no participaba en la escena, Irene, se mantenía desayunando sus gachas como si nada estuviera sucediendo. Acostumbrada muchas veces ya a éste tipo de escenas, no hizo nada para detenerlos.
- Jejeje... - Los ojos de María Rosa de las Mercedes brillaban en la penumbra.
- ¡¡ Ihhhh!! Que... ¡¡ qué me piensas hacer, vieja bruja!! - Gritó asustado el niño.
- Nada, nada... jijiji, jijiji... ¡¡ muajajaja !!
La extraña risa que hacía su abuela comenzó a poner nervioso a Ricardo, y miró a su hermana en busca de ayuda.
- I... ¡¡ Irene, ayúdame, por favor te lo pido !! ¡¡ Ésta loca me quiere matar !! - Rogó desesperado, pero de nada sirvió, puesto que su hermana siguió a lo suyo y su abuela comenzaba a acercarse cada vez más...
« Lo siento, hermano... » - Se dijo Irene para sí misma, sabiendo que su hermano no podía escucharla.
- Pero qué dices, cosita, tranquilo, querido. - Tomó sus mofletes y los estiró ligeramente - La razón por la que estás tan reacio a ésto, tan agresivo, es porque de seguro estás lleno de energía negativa así que... - Agarró de los hombros al niño que intentó levantarse para una rápida huida - ¿Oh..? ¿Por qué intentas irte, querido? - Sonrió, acrecentando ligeramente sus arrugas.
- ... - La cara de Ricardo se puso pálida, su cuerpo no reaccionaba.
- Un baño de sal marina es la opción perfecta para ti, mi queridísimo Ricardito - Sonrió aún más - para quitarte toda esa negatividad que es mala para ti y para los demás.
- No... ¡¡ no quieroooooo !!
La abuela ya lo había tomado entre sus brazos, con una inmensa fuerza que no correspondía a su edad y lo llevó afuera del comedor, hacia el salón, dónde le esperaba una especie de barril gigantesco, a modo de piscina pequeña, con agua fría adentro. Allí mismo tiró a su nieto, quién chilló de dolor por el frío, y al segundo siguiente su abuela echó sacos y sacos de sal marina encima suya.
- Sufre la ira de la sal, pecador. - Sentenció su abuela mientras contemplaba impasible cómo el niño intentaba sobresalir al exterior sin éxito alguno.
« Va a morir... » - Pensó la niña, sintiendo lástima por su pobre hermano.
Contra todo pronóstico, cinco minutos después, su hermano logró salir de la cubeta, respirando dificultosamente, y furioso. No dirigió ni una sola palabra a nadie, y fue a su cuarto a encerrarse.
Su abuela estaba meditabunda, y comenzó a recoger cosas de la mesa sin decir nada tampoco. Irene ni bien terminó de comerse sus gachas, le dió un beso a su abuela y se despidió corriendo rápido hacia la habitación compartida que tenía con Ricardo.
Toc, Toc, Toc...
- Qué quieres. - Sonó entre quejidos la voz de su hermano.
- ¿Puedo pasar...? - Preguntó entre murmullos, como si temiera que huyera si alzaba mucho la voz.
Ninguna voz surgió del otro lado de la puerta, así que Irene decidió entrar a la habitación, dejando la puerta cerrada tras de sí.
YOU ARE READING
Un mundo mágico
Humor" Cuándo te das cuenta que la ciencia y la magia son la misma paja. "
