° Releasing feelings °

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Un profundo callejón se alzaba frente a él. Si tenía salida, era imposible visualizarla.
En el medio de la negrura, una máscara alargada y curva, extraña, apuntaba hacia él.

Un manchón blanco brillaba a un lado de la sombra, resaltando. Repentinamente, se escapaba. No podía alcanzarlo.
Empezaba a desesperarse, pero solo podía ver la oscuridad absorbiendo aquella luz. No reconocía a quién se la llevaba, pero le asustaba la maldad que su rostro semicubierto trasmitía.

La distancia continuaba aumentando, y sus intentos se volvían cada vez más inútiles.
Estaba inmóvil y no le salía la voz, la impotencia lo ahogaba.
¿Por qué no había luchado cuando esa esperanza se hallaba junto a él?

Solo unos segundos después se despertó, con las lágrimas cayendo por sus ojos y una incesante presión en su pecho.

Había salido corriendo de su habitación, sintiendo que las paredes se cerraban sobre él como nunca había experimentado.

La sala de estar de la residencia de alumnos se hallaba, como era evidente a las dos de la madrugada, silenciosa y vacía.
Solo pudo atinar a abrir la puerta principal y sentarse en los escalones de la entrada, hundiendo su cara entre sus brazos.
Izuku Midoriya no podía con su propia culpa.

—¿Por qué no lo hice?— se repitió en voz alta, apretando tanto sus puños que sus nudillos se tornaron blancos, y le dolían las palmas al clavar las uñas en ellas.

La noche pareció detenerse, pues no cayó en cuenta del tiempo que transcurrió solo entre sus murmullos hasta que fue interrumpido.

—¿Midoriya?— escuchó una voz cercana.
Sobresaltado, se apresuró a levantar la cabeza, sonriendo como si nada ocurriera frente a Todoroki Shoto, quien extrañamente iba acompañado de un agotado rubio de ojos rojizos. Katsuki Bakugo frunció su ceño como era usual, y entrecerró los ojos, desconfiando del chico agazapado en los escalones.

—Chicos, ¿Qué hacen por aquí a estas horas?— rio intentando  con poco éxito esquivar las preguntas que le harían.

—Tu también estás aqui, idiota— bufó Bakugo sin siquiera dirigirle una mirada, tal vez demasiado cansado para gritarle. Su acompañante no hizo caso de su tono, puesto que tenía la misma duda.

—Estábamos practicando para el examen de la licencia profesional— admitió rascándose la cabellera colorida, como restándole importancia— ¿y tú? —lo miraron esta vez fijamente, a sabiendas de que le sería imposible mentir.

Por unos instantes, los ojos del más bajo brillaron, aún conteniendo el llanto. No podía hablar con ellos sobre el tema. No tenía derecho a decirlo.
Habían pasado unas cuantas semanas desde aquel momento, pero el recuerdo rondaba su mente como si solo hubiese sido ayer. El rostro aterrado de Eri, sus pequeños brazos y piernas cubiertos de vendas, la última mirada que le dedicó, cargada de coraje que ni siquiera ella reconocía tener. Había sido más valiente que él.

Izuku elevó la barbilla para observarles. Trató de sonreir en una mueca, y respondió:

—Ahh... Nada realmente, no tengo demasiado sueño hoy— se puso de pie, con el corazón todavía latiéndole desquiciado, y trató de escapar de la situación.

—¡Eh, Deku!— exclamó Bakugo, enojado por su evasiva. Ahora si le miraba— ¡¿Por qué mientes, imbécil?!

—Es imposible que no estés cansado, entrenamos todo el día, en especial tú— intentó, de forma más suave, Shoto.

Su mirada se clavó en el suelo, su sonrisa temblaba. Solo podía callar su mente al ejercitarse, y eso lo llevaba a atravesar sus límites, lastimándose para alejar sus pensamientos. Ya ni siquiera lograba concentrarse en clases o participar de conversaciones en los almuerzos, olvidando comer en ocasiones.

Releasing feelings || oneshot bnhaStories to obsess over. Discover now