I

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Hace muchos años había un padre que no podía dar de comer a sus diez hijos,
Y para colmo de sus preocupaciones,
Su esposa dio a luz al undécimo retoño.

¡Que dolor tan enorme sintió el infeliz!
Por lo general, el alumbramiento de un nuevo ser provoca alegría, pero al buen
Hombre este nacimiento lo lleno de aflicción. ¿Como lo iba a alimentar, si no tenía con qué llenar los estómagos de los otros diez? Lo peor fue que parecía que el recién nacido iba a comer mucho, pues constantemente se lamia sus deditos para demostrar su apetencia.

¿Que haré? –se decía el pobre de Enrique –¿Con que le mantendre? ¡Ya se! ¡Le buscaré unos buenos padrinos!, para que lo mantengan.

A poco de salir de su casa, el afligido padre se encontró con Jesucristo, quien paseaba. El zapatero, que eso era el pobre hombre, pensó si era conveniente que el señor apadrinara a su pobre hijo Miguel.
  Creyó que no era conveniente.–"No me conviene. No me agrada la forma de como reparte en este mundo los bienes y miserias. Eso de que a unos les de todo y a otros nda, no es justo y a lo mejor no se comporta bien con mi hijo.
Definitivamente no me interesa."–
  Mientras el zapatero así pensaba, Jesús leía esto en su corazón, sin embargo el señor no se enfadó,
si no que perdonó las blasfemias
que decía. Lo disculpaba debido a
la miseria en que vivía.
   Continuo caminando el hombre, y luego de varios minutos se encontró con el diablo.

–Hola, estoy enterado de que buscas a quien padrine a tu hijo que acaba de nacer.–Dijo satanás.

–Es verdad.–contesto Enrique

–¿No sirvo a tus propósitos? Apoyare a tu hijo, le daré todo el dinero que desee y conmigo conocerá y disfrutara de todos los placeres de la vida.

–¡No!, ¡No quiero tener ningún trato contigo. Quizá le puedas dar todo lo que dices y más, sin embargo, a cambio de eso, le ocasionara la pérdida eterna de su Alma.

Y desdeñandolo, enrique continuó buscando al anhelado padrino.
  Camino un poco más y al final se  encontró con la muerte. La esquelética lo saludó y le dijo –¿A donde vas campesino?–

El quejunbroso padre contestó –Estoy buscando un padrino para mi hijo miguel.–

–miguel eh?...¿Podría ser yo la madrina? Puedes tener la seguridad de que ni tú ni tu hijo se arrepentirán.

El padre no lo meditó ni un segundo.–Acepto, creo que tu eres la más imparcial, pues no distingues pobres ni ricos.–

–Te aseguro que haces bien en aceptar, ya que cuantos están bajo mi protección se vuelven ricos y famosos.

No hablemos mas–dijo el padre– ¿te parece que el domingo sea bautizado mi hijo?

La huesuda aceptó, y el campesino, muy satisfecho, volvió a su hogar.
  El domingo la muerte bautizó al pequeño. Pasaron varios años. Un día la muerte fue a la casa de este a ver a su ahijado. Lo acaricio con mucho cariño, luego lo llevo a pasear al campo.
  Cuando pasaban cerca de un bosque, le mostró una planta al pequeño.–Tomala, te la regaló, pues con ella aliviarás cualquier enfermedad, por rara e incurable que sea. Tu fama como médico te llevará hasta el último rincón del mundo, hasta el grado de que no sabrás que hacer con tanto dinero que ganarás.

El ahijado de la muerte (Higuel)Stories to obsess over. Discover now