El inicio del fin

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soy un sailient.

Lo descubrí una mañana, más exactamente el viernes 29 de enero, la mañana de mi cumpleaños 19.

Desperté a las 9:50 am lista para comenzar el último día de la semana, el bendito viernes. En ese entonces, pensaba que era una cosa increíble que mi cumpleaños fuera ese día, y no era un viernes cualquiera, era un dia feriado celebrando el término de la era anarquista.

Después de rodar un rato sobre la cama, decidí levantarme y me fui en dirección al baño, aún con el cabello despeinado y baba en la cara me puse frente al espejo.

Odiaba ese día, y no era la única, muchas personas también la odiaban porque nos recordaba lo que todos perdimos. Muchas personas perdieron a su papá o a su mamá, a algún hermano, mascota o pariente cercano. Yo lo perdí todo. No quedaban ni los cimientos de la casa donde alguna vez viví, y todo gracias Adwig Layton.

Mi mamá solía contarnos a mis hermanos y a mi la historia de la era anarquista o como a ella le gustaba llamarle, el inicio del fin.

Según la historia, existió Adwig Layton, era un hombre con una sola meta, eliminar al gobierno, y no solo al de su pais. Lo que volvía a Adwig tan especial no era el color morado en sus ojos, era el brillo de inteligencia que había en ellos. Con el tiempo se volvió importante en el mundo, era un magnate, el empresario más importante, todo el mundo estaba fascinado con su belleza, su carisma y sabiduría, por eso nadie notó que mientras más crecía su empresa, más guerras había. Adwig abastecía a todas las personas en el mundo que quisieran portar un arma, y dio el resultado que el deseaba, las personas comenzaron a luchar, primero contra los políticos y luego entre ellos.

Yo nací durante la era anarquista, en su pleno apogeo, donde nadie respetaba a nadie, donde no existían policías, ni justicieros que le dieran a los malos lo que merecían. Y cuando el mundo no era nada más que culpables, fuego y polvo, Aleksander Layton (el hijo del idiota destructor) llegó y le dió dirección a la vida de aquellos que de una u otra manera logramos sobrevivir. Nadie sabe de dónde vino Adwig y nadie sabe a dónde fue, pero todos saben que Adwig Layton era un Sailient.

Al abrir los ojos y verme en el espejo sentí como mi alma abandono mi cuerpo y volvió de golpe. El reflejo que me devolvía la mirada no era el mismo de la noche anterior. Mis ojos, que solían ser de un Color miel casi café ahora eran ¿azul eléctrico?. Tan brillosos como el puto sol.

-¿Que carajo? - abrí y cerré los ojos repetidamente esperando que fuera producto de mi somnolencia, esperando que el color desapareciera. Pero como siempre he tenido una suerte de mierda nada de eso paso, mis ojos seguían brillando.

- Fallon ¿estás despierta?- escuchar la voz de Asher me hizo dar un respingo y me trajo de regreso al mundo. - ¿Estás en el baño?.

Vi mi cara palidecer tres tonos. Asher era como mi hermano, nos habíamos conocido hace 9 años, unos cuantos días después de mi décimo cumpleaños,  después de darle una patada en el trasero por haberme jalado del cabello nos volvimos inseparables.

Con la voz chillona contesté.

-si Ash, estoy en el baño.

- pues apúrate, todo estamos esperándote abajo. - escuché su voz del otro lado de la puerta del baño.

- yo ... No me siento muy bien hoy, creo que no podré salir.

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