PRÓLOGO

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El joven arreglaba las mangas de su camiseta mientras se veía en el pequeño espejo de su armario, para cerciorarse de que quedara bien presentable, metió los bordes de su camisa por debajo del pantalón y se arregló el cuello de la camisa con el mentón en alto, viendo que la tela gruesa se doblara sobre la camisa blanca a la perfección. Se miró fijamente en el espejo y asintió al ver que su uniforme se veía bien planchado sobre su cuerpo y sin ninguna arruga. Tomó el pequeño peine que estaba sobre el borde del armario y se peinó de lado izquierdo sus muy suaves y negras hebras, su cabello aun estaba húmedo por la ducha que había tomado hace varios minutos, así que su flequillo se adaptaba muy bien con el resto de su cabello.

Se echó una gota de gel en una mano y frotó los dedos encima del liquido espeso, con sumo cuidado deslizó sus dedos llenos de gel por su flequillo para que este no se fuera a desordenar más tarde.

Miró en su reloj de mesa la hora, aun tenia tiempo para desayunar. Miró nuevamente su reflejo en el espejo y sonrió satisfecho. Tomó su maleta y salió de su habitación cerrando la puerta. Bajó las escaleras y apenas estuvo completamente abajo, sus fosas nasales se llenaron por el olor de los huevos fritos, -su estómago rugió por ello- se acerco al comedor dejando su maleta en una de las sillas de la mesa y luego fue a la cocina.

— Buenos días madre. — Saludó besando la mejilla de su madre, quien no lo volteó a ver por no dejar descuidados los huevos sobre el sartén.

— Buenos días cariño, ¿Cómo amaneciste? — Cuestionó la mujer mientras revolvía los huevos.

El nombrado caminó hacia la nevera y sacó una cajita de jugo de fresa, cerró la nevera y se recargó en esta cruzando sus piernas y quitando la pajilla que venía pegada a un lado de la cajita, perforó en el lugar indicado y dio un sorbo a su jugo para luego soltar aire refrescante, dejando que el olor del jugo saliera también.

— Muy bien, ¿Y tú? — Respondió por fin.

— Bien, cariño. — Contestó mientras maniobraba con sus manos sirviendo el desayuno.

El chico sintió un poco solitaria la casa al notar que su padre no estaba, aunque ya era normal, ya que su padre casi nunca estaba y muy pocas veces los acompañaba en el desayuno, el almuerzo o la cena, cuando su padre llegaba él ya estaba dormido, o por las mañanas nunca lo veía, su madre decía que solo dormía pocas horas y luego tenía que irse al trabajo, por lo que casi no congeniaban, no eran tan cercanos, pero cuando su padre tenía un día libre -cosa que no pasa regularmente por su pesado trabajo- ambos hablaban o salían a leñar juntos. Sin embargo él no era mucho de convivir con su padre, por eso agradecía que la mayoría de los días él no estuviera en casa. Ambos tenían una relación muy poco cariñosa de padre e hijo, pues el padre del chico se encargaba de hacer que su hijo le tuviera miedo por lo estricto que era y con el tono golpeado en que le hablaba cuando lograban tener aunque sea una corta charla, el chico no lo odiaba, claro que no. Él sabía que su padre lo quería y si le hablaba de esa forma como si estuviera regañándolo, era porque quería lo mejor para él y que fuera un joven educado y serio con su estudio y sus cosas, él siempre se comportaba sumiso ante las órdenes de su padre, pues si llegara a protestar, se ganaría una dura bofetada por parte del mayor y eso era algo que sinceramente trataba de evitar a toda costa. Su padre tenía un fuerte carácter, siempre era un hombre amargado y parecía que estuviera molesto a todo momento porque mantenía su ceño fruncido y la barbilla en alto, pero él sabía que su progenitor solo era estricto y solo eso, ya conocía los genios pésimos que se mandaba el mayor y por eso casi nunca opinaba cuando este le decía algo, solo asentía o negaba con la cabeza.

por ti ;; saintzee (pausada)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora