LA JAULA

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"Apretó el paso. No había ninguna duda de que el hombre la estaba siguiendo. Había reparado en él cinco minutos antes. Echó un vistazo al parque. El sendero que tenía que tomar parecía estrecho y enbarrado, pero sabía que era la única solución para poder perder a ese hombre de vista. Se arrepintió de haberse puesto aquel vestido tan corto y aquellos zapatos de tacón que unas horas atrás, frente al espejo de su cuarto le habían parecido tan elegantes. Su pelo, castaño y largo, era liso y impecablemente ordenado, como si le hubiese estado pasando el cepillo durante horas. Así era ella, siempre elegante, impecable. Incluso en días normales como aquel. De golpe y sin repentino aviso, se cayó. Su cabeza dio contra el pavimento del parque "

En ese instante me desperté, había soñado con eso desde que me encerraron aquí. Me habían borrado la memoria, y esa pesadilla, era lo único que recordaba de mi vida anterior. Me fije por última vez en esa habitación de paredes blancas y suelo de mármol frio, un pequeño espejo era lo único que decoraba esa pequeña habitación. Desde el día del secuestro me habían estado haciendo pruebas días tras día. Me sacaban sangre, me arrancaban pelo y me cogían gotas de saliva. Tenía muchas preguntas, al principio, tenía miedo, pero pasado el tiempo el miedo fue controlable, algo que ya había pasado a formar parte de mí. No entendía que había de malo en mí, nunca me habían detectado ninguna enfermedad ni problema psicológico Había preguntado al respeto varias veces, pero la única respuesta era el silencio.

Hoy era el ultimo día que pasaría en esta habitación. Por lo visto, habían decidido que me mudaría al piso de arriba.

La puerta de la habitación se abrió y entró un hombre bajo, de piel morena y ojos azules. Llevaba puesto unas gafas de sol, un traje militar y unas botas negras que le llegaban hasta las rodillas. Su forma de andar marcaba poder y seguridad.

-Levántate y pon las manos en tu espalda- ordenó el sargento con su voz grave y fuerte.Me puso las esposas – Muévete. Nos vamos al piso de arriba.

-¿Cuántos días llevo aquí? ¿Que hay en el piso de arriba? ¿Seguirán haciéndome pruebas? - Le pregunté.

- Cállate, nada de preguntas ni quejas. No sé nada. Yo solo recibo ordenes- Respondió cortante el hombre.

El edificio era todo blanco, como un hospital. El hombre me llevo por unas escaleras en forma de caracol, que nos llevaron hacia el segundo piso, a una pequeña sala. Volverion a hacerme las mismas pruebas de cada día, pero esta vez, cambiaron algo, me habían puesto algo dentro del cerebro. Me sentía como si un intruso hubiera hurgado dentro de mí, hasta sacar toda la información que necesitaba.

Me sentía enfadad y rabiosa. Pero no podía hacer nada, al principio de las pruebas me habían puesto un tranquilizante. Seguidamente me llevaron en una habitación nueva y me dijeron que me fuera a dormir. Eso hice, caí rendida a los brazos de Morfeo.

............

-Ey, despierta- Dijo una voz suave, mientras sentía que alguien me acariciaba la cara. Me desperté asustada. Y hice un brinco. Había un chico joven, de unos 18 años, mas o menos de mi edad. Extrañamente me transmitía confianza, pero igualmente decidí apartarme de él.

-Tranquila- me dijo- Mi nombre es Dídac Canalis, eres una de los nuestros. A mí también me han hecho todas esas pruebas. ¿Como te llamas?

-Mi nombre es Andrea Watson- Dije bajito

-No tengas miedo de mí, yo también he pasado por dónde estas tu- Su facilidad para transmitir confianza me pareció tranquilizante así que decidí que iba a confiar en él.

-¿Cuándo decías "eres una de los nuestros" a que te referías? - Pregunté levantando la ceja de modo inquisitivo.

-Nada, solo hablaba por hablar- Dijo Dídac- Por cierto, ahora ya puedes mover-te libremente por el edificio. Pasaste la prueba. Eres libre, pero antes creo que te debemos una explicación de todo esto.

- ¿Libre? Ahora, después de todo lo que me han hecho. De hecho, lo dices, como si me hicieran un favor. ¿Estás de su parte? - respondí bastante mosqueada.

-No Andrea, yo no estoy de parte de nadie- Y me sonrió. Me pareció la sonrisa más bonita que había visto nunca- Va acompáñame a la reunión.

¿Reunión? ¿Qué reunión? ¿Quién era ese chico y porque evitaba todas mis preguntas? ¿Libre? ¿De golpe? ¿Después de los meses dentro de esa pequeña habitación? Mi cabeza estaba llena de preguntas sin responder. Todo me precia extraño. Me mire las manos, no llevaba las esposas. ¿I si aprovechaba este momento para escapar? I eso hice, empecé a correr hacia la primera puerta. Pero de golpe me dio un calambre en la pierna izquierda. Hacia tanto tiempo que no hacía ejercicio.

Escuche una risa. Era la risa de Dídac, me gire.

-Estaba esperando que lo hicieras, todos lo hacen la primera vez que salen, es costumbre- sonrió- de hecho, eres un de las que ha llegado mas lejos- Me ayudo a levantarme mientras yo le sostenía una mirada asesina.

Decidí que mi huida la realizaría cundo estuviera mas fuerte. Así que seguí a Dídac quien me llevo a una sala llena de gente vestida igual que el sargento de la mañana.

-Aquí os llevo la discípula watson- Dijo Dídac a un joven con una cicatriz en medio de la mejilla. ¿discípulo? ¿Qué era eso?

-Gràcias sargento Canalis- dijo el joven de la cicatriz. Espera. ¿SARGENTO?-Acompáñeme señora Watson. Por cierto, mi nombre es David Peláez. Mejor llámame sargento Peláez- Dijo con aires de suficiencia .

-Sargento Peláez-le dije con un tono de burla- ¿Qué hago aquí?

-De hecho, estas aquí para ayudar a los humanos- Dijo mientras me abría una puerta enseñándome un universo lleno de estrellas. Estábamos volando en medio del espacio, de lejos se veía la tierra.

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