Secundaria, último año, finales de cursada. Ese día me preguntaste: "¿por qué no te enoja?". Entonces y ahora pienso que la respuesta que te di no está completa y, a día de hoy, sigue circulando por mi cabeza; lo que quiero decir es que me gustaría responder, pero más que a vos, quisiera responderme a mí.
Tal vez no soy alguien muy diferente al resto, es decir, soy una persona humana con gustos, problemas y necesidades, pero si hay algo que me diferencia sutilmente del resto es mi carencia de interés por básicamente todo. Soy una persona que le pone mucha atención y le tiene mucho cariño a lo que le importa porque sé que no suelen haber muchas cosas que pueda ver de esa forma, a veces llegando a puntos poco saludables debo admitir. ¿No es una bella contradicción? Sin embargo, no solo por el hecho de serlo sin más, de hecho, porque es un buen y muy estable sistema: el desinterés me permite no solo distinguir qué es importante para mí y qué no, también me permite poner mis prioridades en orden. Sabemos bien que la naturaleza de las cosas es cambiar, prioridades incluidas, por lo que las mías no siempre son las mismas, es una pequeña desventaja: llega un punto con las cosas que aprecio en el que, simplemente, desaparecen de mi mente debido a que la sobrecargan, esta los elimina de golpe, dándole lugar a nuevas potenciales a aparecer. La forma en la que funciona mi cabeza es un misterio incluso para mí, pero si hay algo que sé gracias a este mecanismo es distinguir por qué vale la pena preocuparme, angustiarme o siquiera sentir algo, a veces hasta determina las reacciones que tengo.Podemos entender a mi cabeza como un CPU con su propio sistema de refrigeración. Ojo, no controlar, esas son dos cosas que no siempre van de la mano.
La clave..., no, mi clave para que se lleven bien mi sistema arraigado a mi indiferencia y mi capacidad de control racional es totalmente aleatoria. Te lo creíste por un momento... no te preocupes, yo también. Las prioridades de las que hablaba antes, las que cambian, son las que me da más o menos control sobre cómo me siento respecto de algo. Volviendo a la pregunta, ¿por qué no me enojé y no me enoja ahora? La respuesta es simple, ya me había encargado de eso antes: cuando la ventana de oportunidad estaba abierta, salté a través de ella y pensé por un momento; lo que yo quería, lo que me importaba entonces, no era satisfacción ni un perdón, era una respuesta, la cual determinaba mi siguiente movimiento. En otras palabras, me anticipé y pensé en mí, en qué quiero, antes de lo que me hizo mal, me puse por encima de la adversidad. Esa respuesta fue lo que confirmó lo que sentía hacia ese problema, el resto fue tarea de mi uso de razón. Lo que estoy diciendo es que me aproveché de mí en un momento de vulnerabilidad para consolarme y hacerme entender fácilmente de lo que yo ya sabía por lógica, me hice sentir la respuesta que había conseguido. Es difícil ser consciente constantemente de lo que te hace daño junto al peso que tu vida soporta y cargarlo a la vez, lo sé bien, en mi caso, fue cuestión de entenderlo e ir por todo y, finalmente, darme prioridad porque, si bien no tengo mucho afecto por mí, soy lo que más me importa, soy la mayor prioridad que tengo, y no porque no tenga de otra, sino que, bueno, al final, además de encariñarme conmigo no me caigo tan mal. Lo que voy a decir parecerá tonto, pero no lo es; es sorprendente a veces todo lo que uno tiene en común con sí mismo. Queda en vos cómo interpretar eso.
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Una respuesta algo tardía
RandomDespués de un tiempo largo (no solo por lo que tarde en volver a publicar), tengo en mente lo que quería decirte y, aunque ya es algo tarde y no creo que vaya a ser muy útil lo que diga, voy a decirlo de todos modos.
