Único

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Era normal que en la familia mexicana existiese un día para poder juntarse todos en un lugar determinado, siendo un convivio "de traje" para todos. Y era casi una obligación por como los tres padres, Norte, Centro y Sur, obligaban a sus chamacos a ir aún si no quisieran.

Ese día, sábado, en tierras del Pipope, todos se organizaron para convivir como la supuesta familia que eran, entre miles de comidas de sus tierras y diferentes licores de por medio. Los mariachis fueron Querétaro, Guerrero, Guanajuato, Campeche y Yucatán, tomando y cantando ahora mismo en la velada a plenas 4 de la mañana. El convivio se convirtió en una peda sin problemas, donde incluso algunas cosas fueron a parar en alguna habitación del poblano e incluso en el baño; canto, risas, sistemas ebrios y otros calenturientos, bailes de por medio y anécdotas divertidas que casi algunos no recordaran al día siguiente.

Una fiesta como cualquier otra al más puro estilo mexicano.

El problema era que cualquier cosa podía salir de la boca de aquellos aún con el corazón roto, con las canciones tristes que entonaban Guerrero y Querétaro, recordando tiempos pasados tanto dolorosos como alegres.

Veracruz era uno de los tantos casos entre sus hermanos, tomando de su quién-sabe-cuantas-botellas de Caguama, a su lado varias copas y vasos de shots entre tequila, ron, whisky y otro tanto de mezcal. Combinaciones mortíferas que ya habían llevado al límite a todos, y sin embargo seguían ahí (Al menos unos cuantos, por que la mayoría sucumbieron a su calentura mucho más rápido, otros ya se encontraban durmiendo).

El jarocho solo veía a sus hermanos que conformaban el mariachi improvisado, y luego otros que estaban bailando; San Luis Potosí estaba disfutando bailar con Nayait, Puebla con Nuevo León, Chihuahua no tardó en agarrar a Jaslico, y así se iban entre otros que era imposible verificar con su mala vista.

Lo único que podían enfocar sus ojos grises era la silueta de un tabasqueño, sentado y tomando al lado de Chiapas. Solo podía estar concentrado en aquella leve risa que provenía de su vecino, ese sonrojo debido a los licores tomados y su actitud tan animada por lo mismo. Ya no podía enfocar otra cosa que no fuese él, sintiéndose mal al instante.

Mierda.

-A ver, pinches jotos.

Hablo Querétaro entre suspiros y un ligero mareo luego de haber acabado otra canción, pero seguía al cien para seguir con la fiesta, o al menos lo que quedaba de esta.

-Quiero que todos se paren a bailar, sino, no los cogemos entre todos.

Risas provenientes de algunos, demasiado ebrios como para siquiera pensar en que decían o que pasaban.

-¡Esta va para el amor de mi vida! ¡Chiapas! ¡Te amo, mi amor!

El chiapaneco rió a carcajadas, lanzándole un beso al queretano, incapaz de siquiera pensar en que estaba saliendo con alguien más en estos momentos y que el amor de Querétaro, no era correspondido.

Las trompetas comenzaron junto con un tambor de Campeche, Querétaro no tardó en comenzar a cantar una vez haya agarrado la entonada

Perfume de gardenias
tiene tu boca,
bellisimos destellos
de luz en tu mirar.

Veracruz se terminó de un solo trago su caguama, sus largos cabellos desacomodados le valían poco, al igual que su camisa ligeramente desabrochada al enseñar su tórax. Simplemente, con el valor que le dieron los diferentes licores que tomó, se levantó de su silla para encaminarse a aquel que le había robado la atención desde hace mucho, aquel que le había brindado bendiciones y suspiros, ese estado que le robó el sueño y le hizo volar entre las nubes con el cariño y apoyo que siempre le ha dado.

Perfume de Gardenias [Editando]Stories to obsess over. Discover now