Cincuenta cuadras y un pucho

48 4 0
                                        

Pleno jueves, mañana salgo de gira y se acabó esta mala racha, pensaba. !No seas pelotudo! Gritó, alguien por algún lado de mi cabeza. Cazo los auris, el celu y salgo a comprar cigarros sin tener la más mínima idea de la hora. Llego a la cuadra del súper chino, y pum las puertas cerradas junto a una nota que dice "cerrado por duelo", miro la hora, tres y cuarto de la tarde, no puede ser tiene que haber un kiosco abierto, 25 cuadras caminé, encontré el maldito y a la vez bendito almacén que me salvó de la abstinencia.

Toco timbre, y se abre la puerta, cuando alzó la mirada me encuentro con una sonrisa hermosa, dientes blancos, algo separados, pero era tan hegemónica su cara que hasta el más mínimo detalle era genial.

Me quedé helado, y con el poco aire que me quedaba, tembloroso como un nene nervioso me salió decirle ho hola hola.                                                                                                                                           Esa secuencia en mi cabeza duró tres días y medio, ella me preguntó si iba a pasar y como idiota pase sin sacarle la mirada de la sonrisa, llegué al mostrador, compre mi caja de puchos y me volví a mi casa, esas 25 cuadras pasaron en una milésima de segundo, volví pensando en ella como idiota y no sabía ni su nombre.

Llegó el viernes, 12 del mediodía y recién me levantaba, todavía me quedaban puchos, pero quería verla, pensé toda la noche en esa sonrisa. Volví al almacén, a la misma hora, a comprar la misma caja de puchos, pero esta vez decidido a hablarle, ella estaba reponiendo la góndola. Expectante mirando los paquetes de harina, haciendo una pésima actuación me asomo a agarrar un paquete de algo:

-¿Como va?-me llamo Adrián, un gusto, ¿trabajas hace mucho acá?

- Hola, soy Xiomara, nono ya estoy hace unos meses trabajando, ¿Vos sos de por acá?

- Si si, vivo a dos cuadras, nunca te vi por aca que raro

- Ah seguramente sea por que trabajo de una a cinco. - Claro, bueno, me voy a pagar, nos estamos viendo

Toque el cielo por un minuto, la vuelta a casa volvió a ser rápida, como si fuesen dos cuadras, pero en realidad son 25. La noche del viernes pasó volando, salí de gira y en lo único que pensaba era en que se haga sábado las 2 de la tarde para ir a verla, paso tal cual.

Sábado a las dos de la tarde casi corriendo, sin celu sin auris y sin plata, solo un papel con mi numero escrito pensando en que es estúpido ir a comprar a ese lugar algo, estaba casi putrefacto, el dueño parece un lin(y)era y hay una baranda a pucho infernal, pero esa mina era motivo suficiente para agarrarme una intoxicación de otro mundo por comer cosas vencidas. Llegue, mire las heladeras, mire la góndola, mire la caja, la mire, mismo protocolo, acercarme a tomar cualquier cosa que esté cerca de ella.

- ¿Como va el laburo? ... ¿Xiomara, no? - bien bien contestó rápido levantándose y caminando para el galpón.

- ¡Disculpa! se te cayó esto del pantalón - le dije dándole el bollo de papel, lo tomó y siguió su camino...

Volví a casa pensando en que quizá me llame. y así pasó el sábado, pasó el domingo, lunes, martes, y pasó casi una semana. No quería parecer pesado, pero tenía que ir.

Ya no me importaba caminar cincuenta cuadras para comprar un paquete de arroz y verla, así que arranqué para el almacén. Llegue y pum estaba cerrado. Volviendo a casa decepcionado y pensando... En algún momento me tiene que llamar dije.

Pasó el tiempo y la curiosidad me mataba, el almacén sigue sin abrir la puta madre, volví y golpee en una de las casas de la cuadra, preguntando el motivo del cierre, me dijeron que al dueño lo metieron en cana, tenía una mina la trabajando en negro y encima era tranza. Mis ilusiones de volver a ver a esa flaca se disolvieron como una pastilla vitamínica en agua, volví a casa y esta vez el viaje duró un mes, eran veinticinco cuadras pero parecían mil.

Pasaron 3 meses, y me olvide de todo, quedó atrás la historia y esas cuadras, volví a ir al chino, sin ganas, comencé a fumar el doble con ganas

Pero el teléfono sonó

- Hola, perdón la hora, tenía este número en el bolsillo de mi pantalón, me llamo Xiomara, ¿Con quien me comunico?

FIN.

Cincuenta cuadras y un puchoStories to obsess over. Discover now