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Antes de juzgarme, ya era hora de mostrarle a estas perras quién era la nueva consentida de Park Jimin, era yo y nadie cambiaría mis planes.

Quién lo diría, yo terminaría en manos de un maniático del sexo, sadomasoquista y controlador, no es lo que pensé que estaría haciendo a los veinte, pero algo es algo.

En aquél tiempo cuando aún no nos conocíamos, yo era la novia de otro imbécil, ¿qué pasó con él? Nada, él falleció en dudosas circunstancias, fue una pena, la tenía grande.

Mis amistades decían que debía tomar las riendas de mi vida, amarlo por siempre terminaría con matarme, y aquí estoy, frente al espejo decorado con pequeñas flores que asemejaban vaginas, en mi habitación, pinté mis labios con delicadeza, amarré mi cabello como si a punto de un blowjob estuviese, y salí, el sonido de mis tacones resonaba en el largo y amplio pasillo, infestado de anticuados cuadros con alegorías sexuales y polvorientos muebles mostradores rococó con penes disecados de diferentes animales, respiré profundo, estaba preparada.

– Buenos días, mi querida, ¿qué tal dormiste anoche? – preguntó Jimin, con un tono suave, mientras cogía el diario y lo revisaba.

– Mal, cariño, no pude dormir en toda la noche, mi cabeza estaba a punto de explotar... – mentí, hice un pequeño puchero y me senté a su lado.

Jimin había preparado unos asquerosos y cutres waffles, si tan sólo la empleada anterior no se hubiese suicidado después de saber que Jimin había hecho jabones artesanales con el cuerpo de su madre...

– ¿Te gusta, cielo? – me sirvió un trozo de waffle en la boca, sonreí y disimulé el asco, mastiqué con dificultad, para luego responderle asintiendo con la cabeza.

– No pasaste la noche acá, ¿dónde estabas? – balbuceó, tomó mi mentón con fuerza y me dirigió hacia él.

– ¿D-de qué estás hablando, mi amor? – estaba nerviosa, pero no indefensa, siempre cargaba el cortaplumas de mi padre conmigo.

– ¿Con quién estabas? – comenzó apretar mi mentón cada vez más fuerte, estaba mirándome directamente a los ojos y analizando cada movimiento que hacía.

– ¿Con quién más podría estar, amor? Pasé la noche en casa. – sonreí tranquilamente y reí.

Mientes, querida. Ni el mentiroso más experimentado puede controlar de manera indefinida sus microexpresiones faciales.– respiró y continuó – Estos gestos involuntarios, que duran una vigésima de segundo, que pueden revelar el estado anímico que queremos ocultar, son reacciones que no pasan desapercibidas para un ojo bien entrenado, pero que para el común de los mortales son casi imperceptibles. – sonrió.

¿Qué podría ser mejor?, la clase de "mírenme, soy un maníaco intelectual y inmortal" había empezado temprano.

A este punto las marcas quedaron en mi mentón, me soltó bruscamente, y continuó riéndose, me molesté y decidí irme, pobre imbécil, no se atrevería a ponerme otro dedo encima.

Entré en mi habitación, revisé mi teléfono, cinco llamadas perdidas de "BFF mastodonta culona love you 💋".

¿Qué? La creatividad no es mi fuerte. Devolví la llamada de inmediato.

– ¿Qué putas haces llamándome a esta hora? No pienso darte ni un maldito dólar, ya hablamos t/n, joder... – fue lo primero que escuché.

– Escúchame bien, cerdo demacrado. ¿Acaso no conoces la diferencia de horario? Vamos, ¿que caso no te conté? Estoy en Roma, con el imbécil...

– ¿Cuál? ¿El de los deditos de adorno?

– Ugh sí, el mismo – suspiré.

– Uh, puta madre. ¿Cuándo piensas venir a verme? Hasta tienes tiempo para irte de vacas con tu novio el dedos... Extraño ese coochie, nena. – recitó.

– Dios, eres insoportable.

– Bien, bien, ¿y qué te trae a mí hoy? No creo que estés llamando porque no  te la han comido hace meses, ¿o sí?

– ¿Puedes ser serio por una puta vez, Chan? Bien, verás, lo sabe y no está contento, para nada contento. – hablé más bajo.

– Mierda... ¿¡PERO QUÉ HICISTE!? Estoy acabado, es mi fin. Dios, t/n. ¿¡QUÉ PUTAS HAGO AHORA, EH!? ¿¡REZARLE AL MALDITO PAPA!?– estaba realmente alterado.

Mientras escuchaba sus quejas, oí a Jimin acercarse, aunque estaba volteada pude notar la sombra de su cuerpo, estaba observando por la puerta. Un escalofrío recorrió mi cuerpo y continúe.

– Verás, querida, no tenía pensado venir, terminé totalmente agotada. – fingí, esperé que Chan me continuara el juego.

– ¿Está ahí cierto? Oh no... Bien, escúchame, miéntele y lurgo vienes hacia mí, estoy donde siempre.

– Claro, me parece perfecto, buenos días, ¡Besos! – colgué, acto seguido Jimin agarra mi muñeca y se dirige hacía mí.

– ¿Quién era? – apretó mi muñeca.

Era Jennie, amor, quiere que nos veamos. – mentí, gracias a su explicación latosa sobre las mentiras, sabía que lo estaba haciendo bien esta vez.

– ¿Jennie aquí? ¡Vaya coincidencia espléndida!, deberías traerla luego, podríamos tomar un té juntos, ¿no, cielo? – soltó mi muñeca y procedió a besarme, el muy desgraciado arruinó mi labial.

– ¡Sí, sí! Maravillosa idea, nos vemos luego, ¡Bye, besitos, te veo luego cielo! – arranqué disimuladamente.

Nos reuniríamos esta tarde con Chan, retoqué mi maquillaje mientras bajaba las grandes escaleras marmoleadas de la entrada, abrí suavemente la puerta de mi Mercedes y subí, pero no decidí partir rumbo sin antes prender la radio, pero ¡Vaya! sólo había horrorosa música local.

Llegué al oscuro bar clandestino donde habían quedado por última vez, en el barrio bajo, el local era un modesto (más bien, cayéndose a pedazos) lugar, poblado de una esplendorosa cantidad de drogadictos y un cuanto menos agradable y penetrante olor a orina seca.

El guardia, si es que así se le podía llamar al vejestorio de la entrada, pronunció un par de palabras en un acento cargado y para nada melódico.

Perdona cariño, no hablo peperonni. Continúe a abrir la puerta, dejando así sentir un fuerte olor desde dentro.

Buon pomeriggio mia principessaChan me abrazó por detrás, dejando que su pistola se incrustaa suavemente en mi culo. Mafiosos, no lo entenderías.

– ¿Qué...? Bien, no vengo a jugar, Chan, dame el dinero. ¡Y no quiero volverte a ver jamás! ¿Me oíste? – el lugar era silencioso y sentía que las paredes podían oírnos.

– Vamos, no vienes sólo por un dinero hoy ¿Cierto?, hay habitaciones en la parte de atrás, traje unos con sabor, vamos. – me agarró del brazo.

¿Qué se creía este cerdo? Increíble, lo llamé después de 2 años y cree que necesito su nabo, lo cuál, para NADA es asi.

– Sabes que no puedo, este pequeñín... No puede. – sobé mi barriga.

– Toma y vete de acá, a tomar por culo, que dedos de papi te ve por aquí no estaría feliz – me abrazó y puso discretamente el dinero en mi bolso, Chanel por cierto.

Él trató de besarme, pero aún me respeto lo suficiente para ni aceptarlo, mientras me alejaba, me detuve en seco

– ¿Dedos de papi? ¿Así es como me llamas, eh? Vaya, debo reconocerlo, es un nombre bastante original, amigo mío. – una voz conocida se acercaba.

Oh no. Era Jimin.




















dark paradiseWhere stories live. Discover now