«Tal vez, nunca veas en ti lo que yo veo, las pequeñas cosas que haces que me vuelven loco. No estoy loco, eres perfectamente perfecta.»
— Perfectly perfect, Simple Plan.
Gwen apretó las manos ante su nerviosismo, la risa que antes había soltado era solo un tic nervioso que agarraba cuando la situación la sobrepasaba, pudo ver a su hermano arquear las cejas para ella y sonrió, su madre estaba dando vueltas de un lado a otro mientras ajustaba los detalles, estaba nerviosa porque hoy se casaba, el vestido blanco, tenía pequeños hilos dorados, y unos cuantos cristales en la parte del busto que realzaban su tez.
— Te ves hermosa, Gwendolyn. — Tristan se había acercado a ella y dado un beso en la frente, era de esas pocas veces en las cuales su hermano se permitía ser cariñoso con ella, no es que no lo fuese, es solo que Tristan era diferente, pocas veces parecía estar de buen humor pero, considerando todo, era su hermano favorito, por no decir que era su único hermano.
— Gracias Tristan, tú también te ves muy guapo. — dijo sonriéndole y apretando su mano, el se alejó y le dio una última mirada antes de salir por la puerta de su habitación, el ramo de flores estaba en la mesita del tocador y sus damas también se movían de un lado a otro, esto era real, ella estaba casándose, no era un sueño. No había nada más, había dado el paso, ella había escogido.
Su madre habló y Gwen asintió dándose media vuelta, alzó los brazos tal y como se le indicó, sonrió tal como le dijeron y dejo que le pusieran la corona de diamantes en su tocado.
— Eres la novia más hermosa del mundo, mi princesa. No lo olvides, tú eres mi mundo. — Gwen parpadeó para contener las lágrimas que picaron sus ojos.
— Mamá, arruinarás el maquillaje. — bromeó ganándose una mirada de reproche, lamió su labio inferior y se preparó cuando el ramo fue puesto en sus manos. Asintió y dejó que su madre la llevara escaleras abajo.
Su padre, estaba de pie esperándola y junto a él Tristan, ambos con su traje negro y camisa blanca, se veían Perfectos, Tristan era unos centímetros más altos que su padre, pero ambos tenían la misma constitución, la misma sonrisa y los mismos ojos, ella, bueno, ella siempre había sido más como su madre, delicada, delgada, y con unos ojos azules demasiado grandes para su rostro, le llamaban la muñeca de porcelana, con su cabello rubio y su rostro fino, era la viva imagen de una princesa de cuentos de hadas.
Su padre avanzó y le extendió la mano ayudándola a bajar el último tramo de la escalera.
— Luces perfecta hija, el es un hombre con suerte al tenerte. — dijo con voz suave y dulce, casi arrulladora, dándole fuerzas, lo abrazó sin importarle que su vestido se arrugara e ignoró el regaño de su madre y el bufido de su hermano.
— Te amo, papá. — besó sus mejillas y se separó mirando los ojos llorosos de su padre, le sonrió y dejó que él colocara el velo sobre su rostro.
La boda a petición de sus padres se realizaba en la iglesia perteneciente al castillo, y todos habían sido invitados, desde los más altos nobles, los famosos, los políticos y ella había decidido invitar a la gente del pueblo, de su pueblo, su orgullo. Quería la vieran como su reina y quería mostrarles que ella los quería tanto como ellos a ella.
— Estoy lista.
Las puertas se abrieron de par en par y el piano resonó en toda la catedral.
Tragó saliva y agradeció tener el velo para que no se viera su nerviosismo.
Su padre apretó su mano y ella devolvió el apretón.
Ahí, delante estaban sus damas, ahí estaba el, su futuro esposo.
Un par de orbes mirándola.
Él estaba esperando por ella.
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The Royal: A Princess Story.
RomanceUna princesa. Un reino. Dos príncipes. Gwendolyn St. Austell Tremblay, princesa de Wessex tenía que tomar una decisión, el deber o el amor. El deber de casarse, no era fácil, ella amaba a su reino y respetaba a su padre, después de una adolescencia...
